DEC. 06 2013 TXOKOTIK La Cruz de Hierro Aritz Intxusta Periodista Una sociedad donde destacan los futbolistas por encima de todos los demás es, sin duda, una sociedad imbécil. Una sociedad que tolera que sus líderes le roben, porque «todos son iguales» es una sociedad podrida. Esto es algo que sabemos todos. Sin embargo, aun cuando las sociedades sean imbéciles o estén podridas, suelen esconder su fascinación por los futbolistas o su tolerancia hacia los corruptos. Son cosas que se confiesan en un bar, pero nadie se atrevería a expresarlo con rotundidad en un discurso político. Admito que denunciar en un artículo de oponión la evidente mediocridad de las sociedad en la que vivimos aporta más bien poco. Pero es que yo creo que ayer todo se nos fue de las manos. En los últimos días hemos visto que una institución pública, como según nos dicen es la Ertzaintza, valoraba como méritos para ascender lo que en cualquier otro punto del mundo son méritos para retirar la placa, cuando no para encerrar a alquien. Cuando he visto la vinculación del mando del «caso Cabacas» con la carga contra el entierro de Lasa y Zabala he sido incapaz de indignarme. Solo he sentido una pena honda. Quizá sea una asociación demasiado fácil, pero me ha venido a la mente que los criterios para ascender en la Ertzaintza y para obtener la Cruz de Hierro son practicamente los mismos. Puede que la única salvedad es que para recibir la Cruz de Hierro se premiaba la valentía y la ausencia de conciencia. En la Ertzaintza, sin embargo, se asciende con impunidad y con actos cobardes. Digo que todo se nos fue de las manos ayer, por el trato de favor a los torturadores franquistas. Al final, ha sido el Estado quien ha intercedido para que los torturadores no tuvieran que sufrir la pena del paseíllo, les permitió entrar antes de tiempo para evitar a los periodistas. También les proporcionó un modo de escaparse sin dejar testigos. La impunidad en el Estado español parece ser ilimitada. No importa cuántos años pasen, ni cuántas ostias diste, ni cuánto daño causaste. Nada importa. Si uno sirve al Estado, el Estado le premia y puede descansar hasta que se muera de viejo. El lunes murió el general Armada sin confesar nunca quién fue el elefante blanco.