GARA Euskal Herriko egunkaria
HEMEROTEKA

Minería: esplendor y miseria


(...) Dejando de lado las torpezas y el autoritarismo de Erdogan, un rápido repaso a la minería mundial permite constatar que la desprotección laboral, la explotación de menores en los socavones, la devastación ambiental y la voracidad de las empresas no son, por supuesto, exclusivas de Turquía. Los accidentes y los conflictos sociales relacionados con la explotación de yacimientos minerales son asunto cotidiano en Europa, Asia, África y América, y es raro que pase un mes sin que se informe de alguna tragedia en las extracciones, de la lucha de una comunidad por defender su territorio de la devastación minera o de un conflicto laboral importante en este sector.

(...) Al mismo tiempo, las condiciones de explotación imperantes en los yacimientos han generado luchas sociales históricas, como las de los mineros de la cuenca de Asturias, los trabajadores de los filones de estaño en Bolivia y de cobre en Chile, los buscadores de diamantes de Sudáfrica y otros países africanos, y los obreros de Cananea en México. Son tristemente célebres, por lo demás, los estragos ambientales causados por la ambición minera en regiones enteras, debido, entre otras cosas, a la devastación ecológica que producen los filones a cielo abierto o al uso de sustancias como arsénico y mercurio en los procesos de obtención de metales preciosos.

No hay contradicción ni paradoja entre esplendor económico y explotación, entre lujo y miseria, entre prosperidad y devastación: en realidad, son precisamente las condiciones depredadoras en que opera la minería las que hacen posible la alta rentabilidad del sector.

Lo cierto es que, hasta ahora, ni gobiernos ni organismos internacionales han sido capaces de obligar a las corporaciones extractivas a realizar su tarea en condiciones laborales y ambientales aceptables y decorosas. En cambio, es conocido el poder de cabildeo de esas empresas en parlamentos y gobiernos de todos los continentes.