Javier Miranda, el presidente de Osasuna que se enfrentó a la Policía y se bañó en La Concha
En apenas cuatro años al frente de Osasuna, el hoy fallecido Javier Miranda dejó un éxito deportivo (ascenso a Primera en 2000) y algunos momentos memorables, como sus enfrentamientos con la Policía en defensa de los socios o el baño en La Concha para celebrar la salvación rojilla en 2001.
You have run out of clicks
Mirada en perspectiva histórica, aquel presidente de Osasuna del cambio de siglo puede interpretarse como un anticipo del cambio sociopolítico (en una época en que el Régimen controlaba todos los resortes de poder) y también como un adelanto del populismo ahora tan en boga (desde luego Miranda encajaba más en el perfil de un Jesús Gil que en el ascético de Fermín Ezcurra).
Este hostelero nacido en Gasteiz y afincado en Iruñea llegó al cargo en 1998 tras unas elecciones en las que doblegó al candidato de la derecha, Pedro Pegenaute. Mientras este último recibía después la encomienda de Miguel Sanz para poner coto al desarrollo del euskara desde la Dirección General de Política Lingüística del Gobierno navarro, Miranda no dudó en poner El Sadar en las Navidades de 1998 a disposición de la campaña Bai Euskarari, para disgusto del navarrismo oficial.
Más sonadas fueron sus trifulcas con la Policía española al personarse varias veces en Graderío Sur, la zona que ocupan los Indar Gorri, para defender a los socios de requisas de material y detenciones. La Policía española acudió a su casa de madrugada tras la apertura de unas diligencias que acabaron en juicio. Miranda fue condenado a una multa de 1.800 euros por un partido entre Osasuna y la Real Sociedad, aunque la Fiscalía pidió inicialmente contra él ocho meses de cárcel por desobediencia y resistencia.
Partidario de la colaboración entre los clubes vascos, firmó un convenio con el Athletic cuestionado en Iruñea pero que dio oxígeno económico a un club cuyas riendas había cogido en Segunda y que había estado a punto de irse a Segunda B en 1997 (lo impidió el primer «milagro de Martín»). Nada apuntaba a recuperar la elite tras cinco años de penurias, pero el fichaje de Miguel Angel Lotina en 1999 y la aparición de una hornada notable en Tajonar (Krutxaga, Mateo, Tiko, Orbaiz, Palacios, López Vallejo, Puñal...) obró el ascenso en 2000.
Ello realzó aún más la popularidad de Javier Miranda entre la afición rojilla, aumentada por su carácter dicharachero. Lo reflejó la anécdota de junio de 2001, cuando prometió bañarse en La Concha si Osasuna lograba la salvación en el último partido liguero, en Anoeta. Lo ocurrido es bien sabido: la Real no puso mucho esfuerzo por impedir el 0-1 y la apuesta de Miranda por la colaboración vasca se confirmó acertada también a nivel práctico.
Osasuna se mantendría en Primera otras trece temporadas consecutivas. Luego llegó Javier Izco para cambiar la tendencia, en lo político y en lo económico, y sumir al club en una crisis que casi se lo llevó a la tumba, pero esa es otra historia.
Tras dejar la presidencia en 2002, Miranda se centró en la cafetería que regentaba en la calle Estella de Iruñea. Esta noche ha fallecido como consecuencia de una enfermedad. Curiosamente, un año después de que muriera también Ezcurra, el presidente osasunista más longevo y admirado. Ezcurra tenía 95 años, Miranda solo 65.