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De Reino a cromo


En Madrid juegan al Risk para formar acuerdos de Gobierno. El tablero parece abierto en todo el Estado y Nafarroa es una pieza más. Visto el interés que despiertan las cábalas sobre el futuro Gobierno foral, habría que ser generoso para otorgarle rango de alfil. Lo de la «cuestión de Estado», no lo veo por ninguna parte. Los vientos de la política soplan revueltos y toca desaprender mantras.

Antes a la gente le soliviantaba ver su futuro inmediato o decisiones trascendentales –como quién ha de gestionar el sistema de salud en caso de que se le detecte un cáncer, por poner una– en manos de dos políticos que pugnan por el poder desde la más absoluta lejanía y que no tienen en cuenta conceptos tan elementales. Las trayectorias políticas locales carecen de importancia, son hormigas frente a titanes. Los medios de comunicación españoles (que son los que han ganado las pasadas elecciones en Nafarroa) han normalizado el maquiavelismo político a una velocidad endiablada. Tan aprisa han ido que cuesta echar el freno y conceder el tiempo de reflexión que merece este cambio trascendente.

¿Dónde queda el autogobierno si Nafarroa es un cromo que se puede cambiar, por ejemplo, por la Alcaldía de Zaragoza? La asunción acrítica de un marco español para la decisión sobre quién ha de gobernar la Diputación o Iruñea es, a día de hoy, un hecho indiscutible. A la sociedad navarra, de forma muy mayoritaria, le da igual y le parece totalmente legítimo que hagan trueques con ella, con sus ideas, principios y con su futuro. En muy poco tiempo, la gente ha pasado de echarse a la calle contra Alfredo Pérez Rubalcaba por pararle los pies a Roberto Jiménez en su intento de moción de censura a Yolanda Barcina a seguir desde el sofá cómo Pedro Sánchez y Albert Rivera juegan con sus vidas buscando el beneficio de su propio partido y nada más que eso.

Lidiar con esa realidad, despertar al ciudadano de su fatalismo conformista, aflora como siguiente gran reto. Al tajo.