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Variaciones grotescas en un plano onírico-real

[Crítica: ‘Lursaguak-Escenas de vida’]

Koldo Landaluze

Tomando como referencia las palabras de la intelectual feminista Hélène Cixous «vivimos en un tiempo en el que millones de topillos de una especie desconocida están minando la base conceptual de una cultura milenaria». La creadora azkoitiarra Izibene Oñederra desarrolla en su cortometraje ‘Lursaguak-Escenas de vida’ una ruta vital amparada en la experimentación.

Mediante un tratamiento de colores, formas y sonidos que nunca inspiran calma ni placided, este cortometraje nos invita a viajar a través de una trastienda social habitada por rostros grotescos y un desarrollo surreal que otorgan al conjunto una sensación de sueño poco reparador pero abierto a todo tipo de especulaciones.

Intensa e interesante, la propuesta de Oñederra capta sutiles variantes cotidianas y las subvierte en un plano onírico y plástico escenificado en un entorno actual, opresivo e inquietante muy bien acentuado por los bloques sonoros compuestos por Javier Ucar, ‘Amsia’.