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El corazón del territorio vascón late frente a las puertas del castillo de Irulegi

Un equipo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi trabaja en uno de los principales poblados fortificados de la cuenca de Iruñea, el «corazón del territorio vascón» de cuyas arterias se han sonsacado los restos de un bebé perinatal y la evidencia de que aquel pueblo prerromano situado al lado del castillo de Irulegi, construido más de mil años después, no estaba ni mucho menos atrasado.

Miembros del equipo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi excavando en el poblado fotificado prerromano. (Jagoba MANTEROLA/FOKU)

Tras rebelarse Sertorio contra la autoridad de Roma en el siglo I a.C, el militar Sila envió primero a Metelo y luego a Pompeyo para combatirlo. El político y general romano cruzó los Pirineos y en aquel contexto de guerras civiles, llamadas guerras sertorianas, nacería la ciudad de Pompaelo y ardería bajo las cenizas el poblado vascón de la Edad de Hierro, colindante al Castillo de Irulegi, en el Valle de Aranguren, donde un equipo de arqueología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi se encuentra trabajando durante estas dos primeras semanas de julio.

Los restos de fuego posiblemente intencionado es una de las piezas claves para entender tanto los procesos conflictivos como la inestabilidad que trajo consigo la llegada de la romanización, pues ha dejado, según el director de la excavación, Mattin Aiestaran, «las cosas donde estaban, in situ» para ofrecer «una fotografía congelada» de aquel poblado vascón del siglo VIII a.C. que nada que tiene que ver con el castillo de Irulegi construido más de mil años después.

Y es que las investigaciones realizadas hasta la fecha sobre los vascones plantean más incertidumbres que certezas. «Sabemos que era una etnia prerromana que los romanos datan desde el siglo II a.C hasta el siglo IV. Describen algunas ciudades y unos territorios pero en ese periodo cambia mucho, no sabemos exactamente dónde está la frontera de esta etnia, y la discusión principal gira en torno a dónde están los límites del territorio que rodea todo esto y por eso decimos que es el corazón del territorio vascón», explica Aiestaran.

Pese a que no hay evidencias científicas respecto al pensamiento, cultura, tradición y habla –los investigadores apuntan que hay tres grandes lenguas: celta, ibero y protovasco o aquitano– de aquel pueblo prerromano, las viviendas cuadrangulares con bases de piedra, paredes de adobe, techo de paja, vasijas de cerámica y molinos de piedra, así como su gran tamaño (10 hectáreas) o incluso los restos de los animales que se consumían en la época (S. VIII –I a.C.) arrojan algo de luz sobre los vascones del norte.

«Lo que se ha pensado hasta ahora es que en estos valles prepirenaicos, en el Pirineo y montaña navarra estaban más atrasados en cuestiones culturales y sociales y lo que esto pone de manifiesto es que no era así, que nos encontramos lo mismo que en el valle del Ebro», detalla el arqueólogo.

Restos humanos de un bebé

Un descubrimiento que ha llamado la atención de los directores del equipo de arqueología ha sido la aparición de los restos de un individuo perinatal (un niño o niña que falleció poco antes de nacer, de alrededor de 36 semanas de gestación).

Fue enterrado en el suelo del interior de una casa, según sus creencias se trataría de un lugar de protección, un lugar sagrado y a la vez privado, ya que no había alcanzado la edad de ser incinerado en una necrópolis como solían hacer con los demás miembros de la comunidad. Los restos óseos de este singular enterramiento están siendo analizados por el doctor Paco Etxeberria y Lourdes Herrasti, investigadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Todo ello pone de manifiesto que Irulegi es un yacimiento que engloba amplias fases cronológicas y por ello será referencial para conocer la evolución histórica de la cuenca de Iruñea. Asimismo, se han recogido muestras, para laboratorio, que permitirán el conocimiento del medioambiente cercano a este poblado de hace 2.700 años, los cambios en dicho entorno y la huella que dejaron sus habitantes.

Un modelo de investigar el pasado

Los arqueólogos señalan que «hay varias fases» en los 800 años de vida del poblamiento y no conocen si es la misma población o si es «gente que viene y va». Sí en cambio que los habitantes de estas viviendas con calles y planificación urbana tuvieron contacto con los romanos sin saber con certeza si lucharon en el bando de Pomeyo o el de Sertorio.

Mientras que en la Edad del Bronce los seres humanos que habitaban aquellas tierras lo hacían al lado del río, Aiestaran señala que en la Edad del Hierro buscaban vigilar el territorio y dificultar el acceso. En definitiva, ansiaban refugio y control en una época sometida a la inestabilidad y por ello tiraron hacia esta zona elevada cerca del pueblo de Lakurain.

Tras solamente una semana y media de excavación, tanto Aiestaran como su equipo, alrededor de una decena de estudiantes de Arquología o Historia e incluso jóvenes voluntarios del Valle de Aranguren, auguran que «esto solo es el principio» de las grandes sorpresas que puedan llegar durante los próximos años.

En ese marco de estudios predoctorales sobre la Edad del Hierro financiado por la UPV/EHU, en colaboración con la Universidad de Burgos y CENIEH, se pretende conocer detalles de la vida cotidiana y del poblamiento de esta época que ya vinieron estudiando los investigadores Amparo Castiella y Javier Martínez, pero también recuperar el patrimonio del Valle de Aranguren, cuyo Ayuntamiento ha realizado una labor continuada mediante una colaboracion técnica y económica. 

El Consistorio, con la colaboración del Gobierno de Nafarroa, ha promovido todas las actuaciones arqueológicas en esta zona desde el año 2007. Durante estos años se ha excavado y musealizado el Castillo de Irulegi (siglos XI-XV d.C.), de época medieval y donde se encontraba la principal zona del poblado prerromano de la que no quedan restos precisamente por la constucción del castillo.

En esta ocasión, este Ayuntamiento promueve los trabajos arqueológicos de este yacimiento de la prehistoria reciente. El alcalde, Manolo Romero, ha recordado que «Irulegi se ha convertido en un modelo de cómo investigar nuestro pasado y musealizarlo. Hoy en día al castillo son cientos las personas, sobre todo grupos familiares, que lo visitan los fines de semana. Ahora con estos importantes descubrimientos volvemos a situar el Valle de Aranguren como uno de los principales referentes del ocio verde y cultural de la cuenca de Pamplona».

Recuperar la historia requiere un perseverante trabajo y es por esto que tanto Romero como Aiestaran pidieron que se respete esta zona cerca de Lakurain en la que, según Aiestaran, continuarán trabajando hasta final de semana y también el futuro, «siempre dependiendo de lo que nos pida el yacimiento».