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PETA ofrece 1,42 euros por cada iruindarra para eliminar los encierros para siempre

El colectivo animalista PETA ha ofrecido al alcalde de Iruñea 298.000 euros por cancelar definitivamente «los crueles encierros de toros». Sale a 1,42 euros por persona empadronada.

Los toros subiendo por la cuesta de Santo Domingo en un encierro de San Fermín, en una imagen de archivo. (FOKU)

El colectivo animalista PETA se ha dirigido por carta al alcalde de Iruñea, Enrique Maya, para ofrecerle la cantidad de 298.000 euros por «cancelar definitivamente los crueles encierros de toros» en San Fermín. Si se divide esa cantidad por las 209.672 personas empadronadas en la capital navarra a 2 de enero de 2020 sale que tocan a cada una 1,42 euros.

Eso suponiendo que sea para repartir, puesto que PETA se dirige exclusivamente al alcalde con la oferta pecuniaria. Aunque de no repartirlo o destinarlo a un uso comunal podría interpretarse como una oferta de soborno, lo que habría que descartar.

El año pasado PETA ya se dirigió a Maya ofreciendo 250.000 euros si acababa permanentemente con los encierros y las posteriores corridas. El incremento de 48.000 euros no se debe al IPC sino a que simboliza a los 48 toros que este año «no serán sometidos a la aterradora estampida y horrible muerte».

El destino de estos toros sería ubicarlos «en un santuario» como sus filiales hacen en India.

Todo ello, en un escenario en el que es más que probable que, por segundo año consecutivo, la pandemia obligue a suspender las fiestas de San Fermín y, por tanto, los encierros y las corridas. Aunque Maya ha lanzado también la poco realizable idea de que aunque se suspendan las fiestas se celebren corridas al menos el 7 de julio.

El colectivo PETA se ha convertido en uno de los protagonistas de los días previos a los sanfermines (cuando se celebraban), ya que convoca el 5 de julio convoca un acto anualmente para denunciar la celebración de los encierros y corridas. En sus primeros años, se desnudaban en esta protesta, pero las prohibiciones policiales les han obligado a reconvertir el acto en una performance en la que arrojan sangre simulada.