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Preparándonos para Euskaraldia: escuelas de empoderamiento para vivir mejor en euskara

El deseo de las escuelas de empoderamiento de las y los euskaldunes, que están en marcha en el seno de Euskaraldia en Getxo y Errenteria, es ofrecer además de pedir, así como disfrutar del camino. Se trata de hacer la misma pregunta –«¿por qué no puedes?»–, pero de manera más suave, sin juzgar.

La escuela de empoderamiento para las y los vascoparlantes de Getxo. (Aritz LOIOLA | FOKU)

L a base para estas escuelas de empoderamiento de las y los euskaldunes la puso Imanol Artola Arretxe ‘Felix’ con una investigación para ayudar a las personas que padecen estrés lingüístico. Tal y como expresa el amezketarra en el podcast Zapla!, creado por Euskaraldia para EiTB, el fin de estas experiencias es «vivir mejor».

El participante de la asociación de euskara de Tolosaldea Galtzaundi compara las pruebas piloto realizadas en la anterior edición de Euskaraldia en Tolosa y Anoeta con «grupos de terapia», ya que el mayor esfuerzo lo realizaron en compartir vivencias entre personas que tenían inquietudes similares. Como dinamizador, él también aprendió y se sigue sorprendiendo de lo mucho que se enriquece escuchando a los demás. Está convencido de que si nos tocan la tecla correspondiente lograremos cambiar los hábitos lingüísticos. ¿Dónde está esa tecla? Cada persona la tiene en un lugar diferente.

Artola explica en el podcast Zapla! que hay solo una fina línea entre la empatía y la sumisión. Hay muchos oídos que pueden ser “belarriprest” y aboga por mantener conversaciones bilingües. «Con una sonrisa, pero hablemos en euskara», anima a las y los “ahobizi”.

En estas escuelas, a la perspectiva sociolingüística se le une la psicolingüística, que trajeron desde Valencia a Euskal Herria Gemma Sanginés y Ferran Suay allá en 2006 con los talleres TELP (Taller d'espai lingüístic personal) y trabajos como el exitoso libro “Sortir De L'Armari Lingüístic: Una guia de conducta per a viure en català (2010)”, que fue traducido y adaptado al euskara en la publicación “Irten hizkuntzaren armairutik - Euskaraz bizitzeko portaera gida”, editada por la cooperativa Emun en 2015.

Aritz Landeta es el dinamizador de la escuela que está en marcha estas semanas en Getxo. Aunque sigue la senda de la investigación de Artola, que tomó a su vez como referencia las escuelas de empoderamiento de las bertsolaris feministas, esta escuela, la primera de Bizkaia, tiene sus particularidades.

Getxo

Landeta recuerda que responde a una preocupación que viene de muy atrás y que se puede comparar en algunos aspectos con el empoderamiento que se trabaja en el feminismo. «En general no aporta nada nuevo, pero aúna muchos elementos de una manera digerible», indica en entrevista con GARA.

De la misma manera que en los talleres TELP, la base es que cada participante comparta lo suyo con el grupo y que sea comprendida. Eso te da la opción de comparar tus vivencias con las de la persona que tienes a tu lado y de entender que todas las realidades son distintas. Tolosaldea y Uribe Kosta son diferentes. Dentro del grupo también hay diversidad.

«Somos tres hombres y tres mujeres, tres son más mayores y tres más jóvenes. Somos getxotarras que nos conocíamos al menos de vista. Queremos ser ‘ahobizi’ pero tenemos dificultades para ello».

 

Clics y flash backs
«Está siendo una experiencia muy bonita», expresa Aritz Landeta, de Getxo. El grupo está satisfecho y tiene la sensación de que está aprendiendo de los contenidos y sobre todo de las y los compañeros. En el día a día están teniendo, además, pequeños clicks y flash backs de la escuela.

 

Al igual que en otros pueblos, desde la asociación de euskara de Getxo ofrecieron esta escuela a la ciudadanía, en especial a la gente que ha militado por el euskara y que tiene una actitud activa respecto a esta lengua. «Es un cursillo de nueve sesiones. Ya hemos realizado cinco. Nos juntamos cada semana, los miércoles por la tarde, durante una hora y media que luego siempre se alarga porque tenemos mucho que compartir. Terminaremos el 14 de diciembre».

Landeta utiliza la guía de dinamización que crearon en las experiencias piloto. En esa guía están recogidos el diseño de las sesiones y los contenidos para cada una de ellas. «Además de plantear ejercicios y textos, participo, para mí también es nuevo». Escucharse entre ellos les está ayudando a identificar ciertas actitudes personales. «A veces no somos conscientes de lo que hacemos hasta que lo escuchamos en boca de otra persona. Las y los compañeros realizan el juego del espejo».

«Ponemos encima de la mesa algunas herramientas, y el proceso de aumentar la utilización del euskara lo hace cada uno a su ritmo. Explicamos contenidos teóricos y compartimos cómo podemos aplicarlos a la vida real».

Disculpas por hablar en euskara

«Está siendo una experiencia muy bonita», expresa el euskaltzale. El grupo está satisfecho y tiene la sensación de que está aprendiendo de los contenidos y sobre todo de las y los compañeros. En el día a día están teniendo, además, pequeños clicks y flash backs de la escuela.

Hay una anécdota graciosa: una persona empezó a hablar en euskara en el banco y cuando la trabajadora le dijo que no sabía euskara, automáticamente le pidió perdón. Entonces comenzó a discutir consigo misma ya que se percató de que muchas veces nos disculpamos por hablar en nuestra lengua y que eso no debería de ser así. La cuestión es que esa conversación consigo misma la realizó sin darse cuenta en voz alta, ante la banquera.

Landeta es dinamizador también de Euskaraldia y comenta que las y los getxotarras se están animando poco a poco para el gigante ejercicio social que se llevará a cabo desde este viernes, 18 de noviembre, hasta el 2 de diciembre. «Hay bastantes ‘arigunes’ y las inscripciones individuales van a buen ritmo. Nuestro municipio es muy grande y diverso, somos casi 80.000 habitantes. No logramos vivir en euskara pero hay espacios para el ocio en esta lengua y lo bueno es que podemos encontrarlos fácilmente y beber de ellos. Por ejemplo, tenemos una escuela de bertsos muy potente, así como dos asociaciones de euskara muy fuertes».

 

La escuela de Errenteria (Andoni CANELLADA/FOKU)


Errenteria

En la escuela de empoderamiento de Errenteria empezaron un poco más tarde y terminarán en la misma fecha que en Getxo. Ya llevan tres sesiones. Garazi Otamendi, dinamizadora junto con Unai Oiarzabal, cuenta a GARA que son un grupo de diez personas, siete hombres y tres mujeres. Hay dos jóvenes, varias madres y padres y una persona mayor. «Somos euskaldunes ‘pata negras’ –define Otamendi con humor–. Es decir, llevamos el euskara en el corazón pero sentimos que necesitamos empoderarnos para hablarlo en el día a día».

La primera sesión sirvió para conocerse y empezar a compartir, y en la segunda hablaron sobre las bases psicológicas. El tercer día utilizaron la imagen del semáforo para mostrar en qué momentos sienten que pueden hablar en euskara, en qué situaciones les resulta más difícil, y en cuáles imposible. Compararon las expectativas y la realidad.

En las próximas sesiones hablarán sobre cómo responder a las agresiones sufridas o, al menos, cómo sentirse mejor, y poco a poco darán nuevos pasos.

«Estamos intentando situar las ideas de las ‘pata negra’, ya que nos hemos dado cuenta de que vivimos situaciones muy similares. Por ejemplo, cuando en el supermercado nos piden el DNI y en lugar de enseñar el documento decimos los números, cómo actuar si no nos entienden. Hablamos de cómo darles la vuelta a las pequeñas situaciones».

 

«Pata negras»
«Somos euskaldunes ‘pata negras’ –define Garazi Otamendi, dinamizadora de la escuela de Errenteria con humor–. Es decir, llevamos el euskara en el corazón pero sentimos que necesitamos empoderarnos para hablarlo en el día a día. Vivimos situaciones muy similares».

 

En la escuela aprenden a identificar las agresiones que, en palabras de Otamendi, tienen que ver con cómo nos sentimos: «Menospreciadas, como si nadie nos entendiera, raras. Tratamos de actuar con asertividad, buscando el punto intermedio entre nuestros derechos y los derechos de los demás».

«Estamos muy contentas. Al salir tomamos un pote y comentamos qué tal hemos estado y qué podemos mejorar. Hemos hecho equipo y nos sentimos cómodas, como en casa. Así podemos exponer nuestras ideas y sentimientos más a gusto, sin juicios. El grupo es muy participativo y eso ayuda mucho».

La dinamizadora comenta que el 60% de la ciudadanía de Errenteria es capaz de entender y hablar en euskara, pero les quedan muchos espacios en los que no se sienten cómodos. «A ver si en Euskaraldia conseguimos cambiar esta situación».

Continuidad

Estas escuelas de Getxo y Errenteria se han creado en el seno de Euskaraldia, una iniciativa alimentará a la otra, y la idea es, cuando finalicen los cursos, analizar qué jugo se les puede sacar. Tal vez se podrán crear otros espacios para dar estos talleres. Las y los participantes valorarán si son efectivos y qué utilidad se les puede dar y en qué contextos, en las asociaciones de euskara, colegios, o incluso en los lugares de trabajo.

Garazi Otamendi tiene claro que son experiencias que nos vendrían bien a todas las personas que queremos vivir en euskara, para hacer ese click en la cabeza. «La lengua minorizada es nuestra y debemos de tener en cuenta cuánto podemos influir desde ahí», ha subrayado.