«La música ya no es una forma principal de entretenimiento para la gente»
Después de más de 20 años componiendo y produciendo música ambient, Rafael Anton Irisarri ha recorrido el mundo de concierto en concierto. Acaba de lanzar su nuevo álbum, ‘Points of Inaccessibility’.
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Rafael Anton Irisarri es un compositor y productor de música ambiente electrónica. Aunque nació en Puerto Rico y reside en Nueva York, su familia paterna es de origen euskaldun y emigró a Cuba hace varias décadas, motivo por el que ha decidido hacer una breve visita a Iruñea y empezar a aprender euskara. Recuperar la conexión emocional es uno de sus principales objetivos y eso mismo es lo que pretende con su nuevo álbum, ‘Points of Inaccessibility’, lanzado este 6 de febrero.
¿Cree que esta visita le puede servir de inspiración para crear nueva música?
Definitivamente. Estoy grabando todo el tiempo. Grabo sonidos mientras camino por la calle, por ejemplo, de los campanarios de la iglesia, cuando están sonando, que suenan muy frecuentemente, y luego también de la gente. Anoche estaba caminando a la una y media de la mañana, había mucha gente en la calle y se escuchaba mucha actividad. En Estados Unidos es muy raro que haya lugares donde comer o tomar algo tan tarde.
¿Suele aprovechar sus viajes para grabar audios de los lugares que visita?
Sí, todo el tiempo. Yo por el tipo de trabajo que hago, viajo mucho, y siempre que estoy en una ciudad, estoy grabando. Por ejemplo, la semana pasada estaba en Budapest, en Hungría, estaba caminando y escuché una misa en húngaro. Entonces, como me dio curiosidad, me senté a escuchar y la grabé por cómo resonaba en las paredes de la iglesia. También grabé en el tren subterráneo, que tiene un sonido muy particular.
Debe tener un archivo completamente repleto de diferentes sonidos.
Sí, sí, sí, definitivamente. Muchas veces, por ejemplo, en el directo comienzo a utilizar ciertos sonidos que he grabado en el lugar donde estoy y más o menos la gente siente que hay una familiaridad, pero al mismo tiempo no sabe por qué. Es como un juego, ¿no?

Hablando de música, ¿cómo descubrió que quería dedicarse a ello?
Nunca pensé que me iba a dedicar a ello, realmente es más como algo que me he encontrado. Cuando era joven tocaba la guitarra y el bajo, hasta que descubrí la música electrónica y que podía hacerla yo sin tener que depender de ninguna otra persona. Mi interés siempre fue más en la parte del sonido. Si fuera por mí, yo estaría muy feliz tirado en el suelo, escuchando un ‘drone’ por 40 horas.
¿Cómo fue que decidió empezar a crear la música que hace actualmente? ¿Qué le llevó a decidir pasar de la guitarra a la mesa de mezclas?
Comencé a trabajar con los ordenadores, los instrumentos electrónicos, los ‘synths’, ese tipo de cosas, y luego comencé a quitar cosas, a restar. Más que sumar, restar. Luego fui yendo a un proceso más minimalista, reduciendo la cantidad de sonidos, la cantidad de melodía, la cantidad de lo que fuera, y poco a poco vas quitando y quitando, hasta que dejas la esencia de lo que es y lo destilas hasta llegar ahí.
«Me interesaba crear algo, no tanto como una solución, sino más bien para crear un espacio donde el oyente pueda desconectarse por media hora, 40 minutos, y escuchar de una manera enfocada»
¿Cuál era su objetivo cuando empezó a dedicarse a la música electrónica?
Hoy en día vivimos muy acelerados. No solo la música, sino la vida es completamente hiperactiva, tenemos un importante déficit de atención. En el móvil cambias de una cosa a otra cada 5, 6, 7 segundos. Me interesaba crear algo, no tanto como una solución, sino más bien para crear un espacio donde el oyente pueda desconectarse por media hora, 40 minutos, y escuchar de una manera enfocada.
¿Cree que los hábitos de consumo musical han cambiado en los últimos años?
La música ya no es una forma principal de entretenimiento para la gente. Es más bien algo que está de fondo con otra actividad, queda en un plano secundario. Cuando yo crecí, en los años 80, la música era la forma principal para entretenerse. Podías ir con tus colegas y sentarte a escuchar un disco de principio a fin, hablar de él, de cómo te hacía sentir y comentarlo. Era como una actividad comunitaria. Hoy en día la música se escucha en playlist, en uno de esos servicios de streaming que no voy a mencionar, pero que todos conocemos. El modelo económico y estructural no está diseñado para los artistas. Tampoco está diseñado para el consumidor, porque el producto no es la música, es la ‘data’ del consumidor.
«La música ya no es la forma principal de entretenimiento para la gente. Es más bien algo que está de fondo con otra actividad, queda en un plano secundario»
Es cierto que es muy habitual saltar de una canción a otra sin seguir una continuidad. A veces, incluso se cambia a otra canción sin haber terminado la primera.
En otro tipo de arte eso no sucede. Por ejemplo, una peli la ves de principio a fin, no ves cuatro escenas de una peli y luego saltas a otra. Cuando yo veo a la gente haciendo eso con música, pienso, ‘joder, no lo vas a hacer con una peli, o con un libro, o con otro tipo de arte, ¿no?’. Pero con la música, pues, lamentablemente es como la gente consume, y se pierde mucho. No me puedo imaginar a alguien escuchando un disco clásico, como un ‘Dark Side of the Moon’ de Pink Floyd, y escucharlo en trozos. Se perdería todo el sentido de la obra.
¿En qué género se podría clasificar su música?
Podríamos decir que es ambientrónico, electrónico, clásico. Tengo algunas cosas que están más como influenciadas por compositores minimalistas, pero también tengo influencias de cosas que no tienen nada que ver con la música. Cosas de pintura, de movimientos de arte, arte minimalista.
El nombre de su nuevo álbum es ‘Points of Inaccessibility’. ¿De dónde viene el título? ¿Qué quiere decir? ¿A qué hace referencia?
El concepto de este nuevo disco lo he basado en los polos de la inaccesibilidad, que son los puntos en la Tierra que están más alejados. Me parecía una buena metáfora para referirme a cómo vivimos hoy en día. Para mí los puntos de inaccesibilidad representan como estamos virtualmente, hiperconectados, pero al mismo tiempo, más y más desconectados los unos de los otros. Creamos cúpulas digitales o virtuales.
«Para mí los puntos de inaccesibilidad representan como estamos virtualmente, hiperconectados, pero al mismo tiempo, más y más desconectados los unos de los otros. Creamos cúpulas digitales o virtuales».
¿Dónde se puede escuchar este álbum?
Pues está en todas las plataformas de streaming. Está en Bandcamp. También hemos hecho una versión en biovinilo, con materiales que son parte de la economía reciclable. Entonces, no están hechos con petróleo, son hechos con cosas recicladas. Es un poco más ecológico.
¿Durante cuánto tiempo ha estado trabajando en el disco?
Lo hice en primavera. El año pasado estuve en una residencia artística en Utrecht, en Países Bajos. Estuvimos en un estudio, que antiguamente fue una prisión psiquiátrica. Trabajar en ese lugar me cambió un poco el chip. Fui con una idea y al llegar allí ya me cambió todo lo que tenía en mente. Estuve grabando una semana en este estudio, improvisando con la guitarra y mis cacharros electrónicos. Creo que finalmente grabé 160 minutos de audio. Son más de dos horas y media de música. Intenté dejar este proyecto lo más crudo posible, sin embellecerlo.
¿Cómo describiría este último disco que va a sacar?
Este disco está dividido en cuatro movimientos, como dividirías, por ejemplo, un disco de música clásica. Tiene un arco que se repite más o menos cuando vas de movimiento a movimiento y está todo interconectado. Entonces si, por ejemplo, sacas uno solo para escucharlo, pues está bien, pero es mejor cuando lo puedes escuchar todo de principio a fin, porque los 40 minutos enteros hacen que todo tenga sentido.
¿Tiene algún proyecto por delante después de este?
Bueno, tengo más proyectos para seguir con ese proyecto. Luego tengo un proyecto en colaboración con otro músico, con un músico italiano, y luego tenemos un concierto la semana que viene en Atenas.