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La «bukelización» de una América Latina que se escora a la ultraderecha

Desde Chile a Costa Rica pasando por Bolivia, Perú, Ecuador y Honduras, América Latina se está escorando a la ultraderecha con mandatarios populistas que prometen acabar con el crimen y la inseguridad. Está calando el deseo de imitar el modelo de mano dura que Nayib Bukele aplica en El Salvador.

(PRESIDENCIA DE EL SALVADOR)

La primera llamada de felicitación que recibió la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, tras arrasar en las elecciones del 1 de febrero, fue la del presidente salvadoreño, Nayib Bukele. La llamada Suiza de Centroamérica, que no cuenta con ejército, pretende imitar la política de mano dura del mandatario salvadoreño. Bukele mantiene desde marzo de 2022 un régimen de excepción perpetuo que se ha traducido en la militarización de las calles y la detención de cerca de 91.000 personas acusadas de pertenecer a las pandillas o de colaborar con ellas, aunque 8.000 han sido liberadas por falta de pruebas.

A la espera de que el 8 de mayo asuma la Presidencia de Costa Rica, Fernández, que era la candidata oficialista, ha prometido que continuará con las políticas represivas impulsadas por el actual mandatario, Rodrigo Chaves, para luchar contra la violencia y el crimen organizado. Su partido logró además 31 de los 57 diputados del Parlamento, por lo que podrá impulsar leyes sin ningún tipo de contrapeso.

Una de las medidas que pretende copiar Chaves de El Salvador, y que la presidenta electa apoya, es la construcción de una megacárcel, similar al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) con el que Bukele alardea ante el mundo de tener encerrados a 15.000 pandilleros, aunque tiene capacidad para 40.000. Bukele viajó en enero a Costa Rica para poner la primera piedra de la futura prisión. El objetivo es encerrar a más de 5.000 integrantes de los grupos vinculados al narcotráfico ante la escalada de la violencia.

Chaves quiere ir más allá e imitar también a Bukele en su «limpieza» del Poder Judicial para poner jueces y fiscales ad hoc que respalden su política de mano dura al considerar que los actuales han propiciado la impunidad de los criminales. Hasta ahora, no ha podido hacerlo al contar con minoría en el Congreso, pero esa situación ha cambiado tras los comicios del domingo.

El contagio del «bukelismo»

Otro país que ha girado a la ultraderecha es Chile con la victoria de José Antonio Kast en las elecciones del 14 de diciembre. A finales de enero, el mandatario electo viajó a El Salvador, donde visitó el Cecot antes de reunirse con Bukele. Al igual que en la mayoría de países de Latinoamérica, la seguridad es la principal preocupación de la ciudadanía chilena, que valora positivamente al presidente salvadoreño por su «guerra contra las pandillas». El propio Kast llegó a decir en campaña electoral que todos los chilenos elegirían a Bukele si estuviera en la papeleta. Antes de asumir el poder el 11 de marzo, ha pedido al líder salvadoreño colaboración para mejorar el sistema penitenciario chileno.

Bukele ya ha anunciado su intención de visitar Chile para profundizar la cooperación bilateral en materia de seguridad. El presidente salvadoreño se jacta de haber convertido su país en el más seguro de América Latina y advierte a Chile, que hoy se enfrenta a un problema similar al que se vivía en El Salvador cuando el 80% del territorio estaba dominado por pandillas. Kast ha tomado buena nota porque, según reconoce, Chile «necesita importar buenas ideas para combatir el terrorismo y el narcotráfico».

Ambos obvian denuncias como la de Socorro Jurídico Humanitario que en su último informe, publicado el 28 de enero, revela que 482 personas detenidas durante el régimen de excepción fallecieron en las cárceles de El Salvador bajo custodia de las autoridades.

La política de seguridad de Bukele también ha sido emulada por el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, quien enfrenta una crisis de seguridad por el narcotráfico. En noviembre del pasado año inauguró su nueva prisión de máxima seguridad, con capacidad para 736 presos e inspirada en el modelo de El Salvador para aislar a los líderes de las bandas criminales.

Este populismo punitivo se ha extendido a Honduras, donde el nuevo mandatario, el ultraderechista Nasry Asfura, que asumió el poder el 27 de enero, ha prometido «mano dura» contra el crimen.

Perú y Colombia también afrontan elecciones este año con candidatos que quieren calcar a Bukele para lograr la victoria. Más de la mitad de los peruanos quieren un nuevo presidente con un perfil similar al del mandatario salvadoreño, según un sondeo. En Bolivia, su presidente, Rodrigo Paz, nada más ganar la segunda vuelta electoral pidió a Bukele ayuda con las cárceles.

Todo esto refleja que América Latina se ha contagiado de una política represiva con líderes conservadores que cuentan, además, con el respaldo de Donald Trump a cambio de una sumisión total a Estados Unidos.