Seis títulos y tres subcampeonatos, los 15 años en los que Saski Baskonia dominó la Copa
Entre 1994 y 2009, el club gasteiztarra sublimó en la Copa su explosión con hitos como el primer título en 1995 en Granada con Pablo Laso de MVP, la canasta de Bennett para ganar en Gasteiz en 2002, los triunfos ante Joventut y Valencia en 2004 y 2006 y el tapón de Mickeal a Berni Rodríguez en 2009.
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'Cuando fuimos los mejores
Las camareras nos mostraban
La mejor de sus sonrisas
En copas llenas de arrogancia...'
Loquillo y Los Trogloditas
Fueron 15 años de explosión y de expansión hasta que se hizo el silencio y empezó a contraerse el Universo. ¡Pero qué 15 años, señoras y señores! Cada vez que Saski Baskonia se presenta para la Copa hay que mirar atrás y ver que esos 15 años entre 1994 y 2009 fueron de verdad, una realidad en la que la Copa llevaba sello gasteiztarra.
Quizás en aquella Copa de 2010, con la afición baskonista botando durante ¡una hora! en las gradas del Bizkaia Arena de Barakaldo, al grito de «¡Campeones! ¡Campeones!», minutos después de haber caído por un sonrojante 50-78 ante un Real Madrid repleto de exbaskonistas como Prigioni, Hansen Vidal o Garbajosa, se escenificó el final de una era. No en vano el Baskonia era el vigente campeón copero y aquella eliminación cerca de casa era el indicativo más claro de que aquel ya no iba a ser su torneo.
Lo empezó a ser antes de la final de 1994 en Sevilla. Ya en 1993 un joven Joe Arlauckas, procedente del Caja de Ronda de Málaga, logró en las filas del Taugrés el MVP de la Copa pese a caer en semifinales ante el Real Madrid por un claro 89-70. ¡No digan que como coincidencia, no es curiosa!
Un año después, el premio al Jugador Más Valioso fue para Velimir Perasovic, en una Copa accidentada en la que Marcelo Nicola por poco se rompe la crisma por culpa de una mala caída –traumatismo craneoencefálico, cervical y lumbar– tras un mate a la contra en las semifinales ante Estudiantes, donde lo que se recuerdan no son los seis triples del escolta croata, sino al alero argentino convulsionando en la pista, y una final accidentada que se llevaría el Barça por 86-75 en la que Tony Massenburg fue expulsado por darle un puñetazo a Ramón Rivas después de ¡un minuto en la cancha! y el propio Rivas fue eliminado por faltas en siete minutos; Ken ‘Animal’ Bannister veía el camino del vestuario por agredir a Quique Andreu, en mismo Andreu que le dio tal codazo en la boca a Santi Abad que al ala-pívot baskonista le tuvieron que dar siete puntos de sutura.
El dominio del juego interior del Baskonia –con tantos condicionantes– fue total, pero ya se había llegado a una final, lo que suponía la primera pica en Flandes. Una primera pica se vería refrendada un año después, en Granada, después de superar por 88-80 al Amway Zaragoza de los hermanos Arcega y Angulo –Lucio jugaría en Gasteiz años más tarde, luciendo melena al viento–, Iñaki Zubizarreta, Andre «el pequeño general» Turner y el propio Ken «Animal» Bannister. Previamente, el Joventut de Zeljko Obradovic y el Real Madrid de Sabonis –campeón de la Euroliga aquel año– habían caído en el camino de los gasteiztarras.
«A veces con ganar un título un club no puede quedarse ahí. A lo largo de la historia ha habido equipos que han ganado un título y desaparecen, pero el gran mérito de Baskonia fue que todo el trabajo que nos supuso lograr aquella Copa nos sirviera de poso para que el proyecto siguiera creciendo a lo largo de los años», declararía Pablo Laso echando la vista atrás.
Ramón Rivas se acordaba del llorado Manel Comas como uno de los responsables de aquel primer gran título. «Manel nos transmitía su pasión por el baloncesto y no tener miedo a nadie, además de exigir a todos los jugadores por igual. Ese año comenzamos a recoger los frutos que habíamos sembrado años atrás», explicaba.
Valencia, tierra de promisión
Ya que la Copa de 2026 –y los dos próximos años– se disputa en Valencia, hay que recordar que en las dos últimas ocasiones en las que la Copa ha llegado a la capital del Turia, 1999 y 2003, Saski Baskonia ha estado en la final.
En 1999, con Sergio Scariolo en el banquillo, ganando la finalísima ante el Caja San Fernando de Andre Turner, después de dejar nuevamente en la cuneta a Joventut y Real Madrid. El 70-61 final para los gasteiztarras, con 19 puntos de Miroslav Beric y grandes minutos del pívot Stefano Rusconi, tuvo como su jugada más destacada el «mate terrorífico» –cita del periodista hernaniarra Ramón Trecet– del Elmer Bennett, MVP de aquella final, en las narices de todo un saltarín experto en tapones como Mike Smith. «Esto es Dallas, ciudad sin ley. Y solo manda el que desenfunda más rápido», diría Trecet.
En 2003 no se llegó a ganar el título, pero no pudo haber derrota más dulce. Aquel Baskonia diezmado tras la espantada de Pat Burke en pretemporada, el corte de Raja Bell –destacado más tarde en Utah y Phoenix– para traer a Jerome Allen en sustitución de un Elmer Bennet lesionado del tendón de Aquiles y el corte de todo un ex de la NBA como el finés Hanno Mottola cuya indolencia defensiva hartó a Dusko Ivanovic.
Estudiantes y Pamesa Valencia fueron las víctimas de una Copa conocida como «la de Gadou», con el ala-pívot francés Thierry Gadou –e incluso Luis Scola– ejerciendo de base para sacar al gigante Roberto Dueñas de la zona en la finalísima, perdida por 78-84 en la prórroga ante un Barça que aquel año ganaría ACB, Copa y Euroliga y tenía a Jasikevicius, Navarro, Bodiroga, Fucka y al mejor Dueñas que se recuerda en su plantel.
Aquella final de 2003 fue la «revancha» de la de Gasteiz 2002, vencida por el Baskonia con un tablerazo de Elmer Bennett para el 85-83 final, aunque el MVP fuese para el pívot Dejan Tomasevic, con quien Ivanovic jalonó una relación amor-odio por su manía de desenchufarse de los partidos que el jugador juzgaba menos importantes.
La del Buesa Arena fue, de paso, la última victoria de un anfitrión en el «Torneo del KO». Y gracias, porque el 74-72 en cuartos frente al Joventut precisó de una canasta sobre la bocina de Luis Scola, aunque el 83-72 frente a Unicaja fue más holgado. En la final, los 28 puntos de Jasikevicius se toparon con Bennett, el MVP Tomasevic y hasta con Dusko Ivanovic, metido un metro dentro de la pista cuando el base lituano trataba de forzar la prórroga.
Cuando fuimos los mejores
¿Cuál Baskonia ha sido el mejor de la historia del club? ¿El del doblete de 2002? ¿El que se llevó la Copa de 2004? ¿El que ganó la Liga ACB de 2008?
El de 2004 quizá sea uno de los planteles más icónicos del Baskonia, aunque el MVP fuese para un imberbe Rudy Fernández, quien ya daba muestras de convertirse en uno de los «villanos preferidos» de la hinchada baskonista.
Aquella final ganada en Sevilla ante la Penya por 81-77, después de superar a Estudiantes y Caja San Fernando respectivamente, tuvo mucho de gozoso. Por el equipo que tenían los gasteiztarras sobre todo, con Prigioni, Calderón, Macijauskas, Sergi Vidal y sus rastas, Scola –posible MVP–, Nocioni …posible MVP–, Kornel David, un jovencísimo Tiago Splitter y Andy Betts, pero también por un rival con Zan Tabak, Alain Digbeu, Carles Marco y un Rudy Fernández que dejó la jugada de la final, al burlar a Prigioni por la línea de fondo y machacar un alley oop tirado por su compañero del «bressol» Josep Guzmán, un base que nunca cuajó en la ACB pero que fue el detonador de aquella icónica jugada.
Cuatro años más tarde, en Gasteiz, el joven Rudy Fernández tuvo en un aún más joven Ricky Rubio su escudero para llevarse la Copa de 2008. Era el famoso ‘R&R’ del Joventut, con Aíto García Reneses y Sito Alonso en el banquillo, y un equipo formado por jugadores tan buenos como Lubos Barton Demond Mallet o abracadabrantes como Eduardo Hernández-Sonseca –en su mejor año– y Jerome Moïso –antes de recalar en Bilbao Basket–. Pero los 32 puntos de Rudy Fernández y la determinación de Ricky Rubio –comiéndose con patatas a nada menos que Pablo Prigioni y Zoran Planinic– quebraron la idea aquel Baskonia de Neven Spahija, Pete Mickeal o Tiago Splitter forzaron el 80-82 final, después de superar a Unicaja y a un Bilbao Basket que dejó en la cuneta al Barça –y forzaron el despido de Dusko Ivanovic– en cuartos.

Pablo Prigioni tuvo su momento de gloria dos años antes, ya que fue el MVP de la final copera de 2006, con Velimir Perasovic en el banquillo baskonista, el 85-80 de la final dejó a Prigioni autor de solo tres (3) puntos, pero 15 asistencias y 6 robos, en una final que empezó de maravilla para los gasteiztarras, 29-8, pero que acabaría pidiendo la hora y dando gracias del 3 de 15 en triples de los taronja, pese a los 26 tantos del griego Dimos Dikoudis.
Prigioni dio los pases, pero fueron Scola, el escolta turco Serkan Erdogan y el alero Casey Jacobsen –otro de los mormones del club, junto con Travis Hansen– los encargados de meter los puntos, con todo un Predrag Drobnjak viendo la vida pasar en el banquillo baskonista.
El último baile de cuando fuimos los mejores fue también el más emotivo. No por ganarle a Unicaja en la prórroga por 100-98 con canasta ganadora y tapón providencial a Berni Rodríguez de Pete Mickeal, por más que el MVP fuese Mirza Teletovic. Tampoco por eliminar a Pamesa Valencia en cuartos y al Barça en semifinales.

Nadie habla más claro que Cassio Splitter, de visita sorpresa junto a su esposa al vestuario de aquel Baskonia campeón. «El Baskonia significa para mí un concepto de familia que está desapareciendo en el mundo. Tengo la certeza de que Tiago cayó en el lugar correcto». Cassio Splitter no paraba de llorar en el vestuario baskonista junto a su esposa y su hijo. Recibían el consuelo de Sergi Vidal, el capitán; no hacía ni tres semanas que Michelle, la hermana de Tiago, había fallecido tras años luchando contra la leucemia.
«Es algo muy bonito poderle dedicar esta victoria a mi familia, porque hemos pasado unos días muy malos. Sobre todo, dedicárselo a mi hermana, que en paz descanse. Poder darle una alegría a mis padres es muy bueno», decía Tiago.
«Queda la música», se consuela Luis Eduardo Aute cuando contempla el inexorable paso del tiempo de una foto fija. Ya son 17 años desde que aquellos 15 años mágicos nos dejaron atrás. Ya viene siendo hora de dejar de festejar las derrotas como en el Bizkaia Arena y volver a la gloria copera.