Al Norte del Futuro y al Sur de la Esperanza, la calamidad copera de Saski Baskonia desde 2010
Los gasteiztarras regresan a la Copa después de perderse cuatro de las seis últimas ediciones, donde la única presencia baskonista es la afición en la grada o los triunfos de Ibon Navarro. La última vez que Saski Baskonia disputó una semifinal fue en 2021, sin público en las gradas ni continuidad.
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Memoria de jóvenes airados
vive al Norte del Futuro
y al Sur de la Esperanza
cautivos en reinos conquistados
donde habitan los silencios,
donde ya no queda nada
Loquillo
Saski Baskonia regresa a la Copa y además como cabeza de serie. ¿Cómo no se va a celebrar, si desde 2023 que los gasteiztarras no pisan el «Torneo del KO»? Y es que lo que entre 1994 y 2009 fue el torneo que más y mejor identificó a los gasteiztarras hace ya años que solo queda en la memoria colectiva, pero no en la realidad presente.
No ha sido nada raro ver a los aficionados de Saski Baskonia en las Copas en los que su club no se ha clasificado. En parte, porque la fiesta entre las distintas aficiones es uno de los principales éxitos de esta «Final a Ocho», en parte, porque los seguidores baskonistas esperan que regresen los tiempos en los que su equipo no llegaba a la Copa a darle color a las gradas, sino a competir hasta el final, con opciones reales de conquistar el título y sin pedir permiso a nadie. Pero esa ha sido la única presencia baskonista, aparte de los éxitos de Ibon Navarro con Unicaja, logrando los títulos de 2023 y 2025.

Pero a falta de que se demuestre lo contrario, no parecen estos los años en los que la balconada de San Miguel espere la irrupción de la plantilla baskonista, con la plaza de la Virgen Blanca llena a rebosar y un anecdotario completo de partidos, canciones y momentos icónicos. Cierto es que Paolo Galbiati ha declarado claramente que la idea del Baskonia es ir a ganar el título y no acudir a Valencia a verlas venir, cierto que en estos últimos tiempos de tanta convulsión los gasteiztarras han arrancado de sus manos los títulos de Liga ACB de 2010 y 2020 al Barcelona, siendo este último título tan extraño, que se jugó como si de una Copa se tratase y que precisamente se disputó en Valencia –y jugando el primer partido frente al Tenerife de Txus Vidorreta–, pero con los pies plantados sobre la realidad y no sobre los deseos, estos últimos 15 años entre 2010 y 2025 muestran una innegable decadencia de Saski Baskonia en lo que fue su torneo fetiche.
Al menos entre 2010 y 2013 se jugaron las semifinales, ganando los derbis de cuartos de final ante Bilbao Basket –2010 y 2011–, y Gipuzkoa Basket –2012–, amén de superar al CAI Zaragoza en Gasteiz 2013. El Real Madrid en 2010 y en Barça en el resto de ediciones, le cerraron el paso cada vez. Dentro de lo que cabe, no dejan de ser eliminaciones lógicas o esperables ante rivales de mayor presupuesto y con la obligación de ganarlo todo siempre.
La primera gran decepción llegó en 2014, al caer ante Valencia Basket en cuartos de final. Por más que la escuadra taronja partía como favorita y que los entrenados por Sergio Scariolo casi siempre fueron por delante hasta que Rafa Martínez –otro de los «villanos preferidos» de la afición gasteiztarra– le sacó a San Emeterio una falta más que discutible –segundos después de que Nocioni fuese objeto de una posible falta que no se pitó– para establecer el 74-73 final, siendo esta la primera derrota baskonista en cuartos de final desde 2001.
Ausencias, oasis y derrotas
Pero definitivamente, la decadencia baskonista en la Copa devino en recesión en 2015. Marco Crespi llegó para sustituir a Sergio Scariolo en el banquillo para «recuperar la pasión y el compromiso» y dejar atrás «las excusas, falta de compromiso y desidia» que según palabras de Josean Kerejeta, protagonizaron la temporada 2013/14.
Pero da la casualidad que los «idus de noviembre» se llevaron al técnico de Siena por delante y fue Ibon Navarro el encargado de arreglar a un Saski Baskonia que se tuvo que jugar el pase a la fase final de la Copa de 2015 en la cancha del Real Madrid, pese a que la plantilla gasteiztarra ya presentaba a nombres propios del nivel de Mike James, Darius Adams, Tornike Shengelia, Davis Bertans o Fabien Causeur, sin olvidar a los San Emeterio o Kim Tillie, los pupilos de Ibon Navarro llegaban a este choque en tierras madrileñas sin haber ganado un solo partido fuera de casa en toda la primera vuelta de la Liga ACB.
Estuvo a punto de romperse esa mala dinámica, hasta que Sergi Llull, con 72-74 en el marcador, se coló por piernas ante las narices del gigante esloveno Mirza Begic, quien además en su intento de taponar el tiro del menorquín, lo paró en falta: 75-74 al canto y Rudy Fernández, por si faltaba alguien en el cóctel, le cerrase la puerta de la Copa en las narices al Baskonia con un típico robo de los suyos, adelantándose a la recepción de balón de Bertans, el elegido por el técnico baskonista para buscar el tiro ganador.
Fuera de la Copa con todas las de la ley, por primera vez desde 1989 y de la manera más cruel, porque con Ibon Navarro Saski Baskonia fue remontando poco a poco, pero sacó lo mejor de su juego en el Buesa Arena, pero sin la misma continuidad ni energía lejos de Zurbano. «Es hora de dar un paso adelante también fuera de casa, pero no solo con palabras, sino con hechos», se desesperó el técnico gasteiztarra, pero fue como clamar en el desierto.
Se fue Navarro, llegó Perasovic y con él asomaron el hocico Adam Hanga y sobre todo Ioannis Bourousis, para dar al Baskonia una temporada 2015/16 que podía suponer darle la vuelta a la decadencia baskonista. Se volvió a la Copa como cabeza de serie y se llegó a semifinales, don de se compitió hasta que el Real Madrid, a la postre campeón del torneo, superase a los gasteiztarras.
Fueron dos años de oasis en el desierto. Dos, sí, porque en 2017, con Sito Alonso en el banquillo y con jugadores como Shane Larkin, Rodrigue Beaubois, Johannes Voigtmann e incluso Andrea Bargnani en la cancha, los gasteiztarras volvieron a semifinales de la Copa y un Real Madrid que no debía estar ahí –el famoso «era campo atrás» de Llull que los árbitros no vieron hubiera supuesto la eliminación merengue en cuartos de final ante el Morabanc Andorra que dirigía Joan Peñarroya– forzó la prórroga –Sergi Llull una vez más– para imponerse en el tiempo extra por 99-103.
Fue un duro golpe para el Baskonia en el que había sido su torneo. Tanto, que tuvo que llegar 2021 hasta ver a los gasteiztarras por última vez en unas semifinales de Copa. En 2018 fue un ajustado 94-90 ante el Barça lo que echó a la calle a los baskonistas, un golpe menos doloroso que el 89-98 de 2019 ante el Joventut, con un ex del Baskonia como Nico Laprovittola ejerciendo de doloroso verdugo con sus ¡36 puntos! y sus ¡50 de valoración!, superando con creces a Marcelinho Huertas o un Luca Vildoza que acabaría el partido hecho un mar de lágrimas y pidiendo perdón por la derrota y su propia actuación.
Al calor del vestuario, pero desde la perspectiva del ganador, el técnico Carles Durán le daba el sello de autenticidad a aquel rejón de muerte para los gasteiztarras. «Lo primero, felicidades por el trabajo. Incredible game... ¡Y TOMAAAAAA!», estallaba el futuro entrenador de Bilbao Basket después de aquella sorpresa que dejó congelados a los aficionados baskonistas ante la perspectiva de volver a hacer una buena labor en el «Torneo del KO» después de sumar tantas y tantas decepciones.
Pero las decepciones no tardarían en regresar. La temporada 2019/20 se recuerda por el título liguero en la «burbuja» de Valencia, con aquella canasta final de Vildoza y la carrera de Achille Polonara en las gradas vacías de La Fonteta. Fue un fin de fiesta surrealista a una campaña frenada por la covid 19 y puesta de nuevo en marcha a trancas y barrancas, sin público y bajo un formato imposible de repetir.
Previamente, un mes antes de los confinamientos, los gasteiztarras llegaban de nuevo de capa caída. Se despidió a Perasovic en favor de Dusko Ivanovic y este llegó destacando que «la nostalgia y la esperanza son los más crueles asesinos, porque impiden vivir el momento». Un «momento» que se truncó precisamente en Málaga, sede de la Copa de aquel 2020, pocas semanas antes. Los gasteiztarras debían ganar para subirse al carro del Top 8 liguero, y el duelo entre el base baskonista Semaj Christon y Jaime Fernández fue de altura. Pero con 21 puntos y 10 asistencias, el base madrileño desarboló a un Baskonia que se tomaría la venganza meses después, en las «burbujas», con Fernández ausente por una lesión de en los tendones de Aquiles, una victoria que abría la puerta aquella Liga ACB increíble –«¡la vida es buena!», sollozaría Luca Vildoza–.
El último tortazo
Sin público, Saski Baskonia alcanzó las semifinales de la Copa de 2021, que fue casi como una profecía autocumplida. Le ganó a la Penya por 96-87 de igual manera de perdió ante el Barça por 77-68; es decir, sin que hubiera una opción real de perder el duelo de cuartos ni la de ganar el de semifinales. De pronto, la afición desde su casa se daba cuenta de que habían pasado más de 10 años del último título y que la etapa en la que Saski Baskonia competía mirándole a los ojos a cualquier adversario sin ningún condicionante previo era agua pasada.
Y, sin embargo, eran unas semifinales, un resultado aceptable al calor de lo que ha venido después. En el año 2022 la copa volvió a escurrirse de entre los dedos después de caer en Lugo ante el Breogán de Dzanan Musa por 89-83, con Neven Spahija sustituyendo a Dusko Ivanovic en el banquillo gasteiztarra, en un partido absolutamente enajenado en el que intentó 15 tiros de dos y ¡43 triples! Tan lejos quedaba la Copa que el UCAM Murcia se debía colar como outsider, eliminando a Valencia Basket en cuartos de final, de una edición tan anodina en la que la habitual final entre Barça y Real Madrid acabaría en favor de los blaugrana por un tristísimo 59-64.
2023 parecía otra cosa. Con Joan Peñarroya, Darius Thompson y un estelar Markus Howard Saski Baskonia retornaba a la Copa con todas las de la ley, y además con el aliciente de saber que en su parte del cuadro no había equipo alguno de Euroliga: derbi isleño entre Gran Canaria y La Laguna Tenerife por un lado y Baskonia contra el anfitrión Joventut en el otro encuentro de cuartos de final. Era el momento de aspirar a una final. «Si jugamos a nuestro nivel, me veo jugando la final de Copa», declararía Joan Peñarroya en la previa.
Pero no lo fue. Después de una primera mitad buena, a la que se llegó por delante en el marcador, 35-42, un parcial de 33-15 sirvió para que la Penya voltease el marcador y, con el viento de cola, se llevase el triunfo por un claro 94-81. Y en perspectiva, ahí se rompió el amor con Joan Peñarroya, que volvería a tropezar ante la Penya en los play-offs de la ACB, aunque casi que daba igual.

Daba igual porque en 2024 fue Peñarroya la víctima de los «idus de noviembre» y Dusko Ivanovic, en su cuarta etapa, pinchó en la competición doméstica –quedándose fuera de la Copa y de los play-offs de la ACB– lo que acertó en la Euroliga –para caer por 3-0 ante el Real Madrid en el cruce de cuartos–, entrando el conjunto gasteiztarra en un valle de sombras donde solo quedaba la memoria de la gloria pasada y la necesidad de alguien o algo que devolviese al presente el verbo «ganar» conjugado con el Baskonia.
Pero ese «alguien» o «algo» no fue Pablo Laso ni su fichaje. Eso sí, los jugadores baskonistas se lucieron en el torneo de pádel que organizó el club gasteiztarra durante el parón copero, no fueran a descuidarse. Las últimas opciones gasteiztarras se fundieron en Girona, en un partido en el que la cabeza de Pablo Laso pendió de un hilo, porque una cosa es perder y otra caer por 96-67 jugándote algo frente a un rival que solo piensa en el largo plazo de la permanencia y se permite el lujo de ganarte los cuatro cuartos. Era la cuarta ausencia del Baskonia en las seis últimas ediciones de la Copa.
Así pues, resta una pregunta para cuando en un par de días este Kosner Baskonia de Paolo Galbiati juegue frente a La Laguna Tenerife su duelo de cuartos de final. ¿Volveremos dentro de un año a hacer este mismo repaso de las calamidades del Baskonia en la Copa?