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«¿Qué quedará de nuestras vidas?»: la guerra sobre Líbano

Lo que desde hace meses eran temores para muchos libaneses se han hecho en realidad en los últimos días. Tras el lanzamiento simbólico de cohetes por parte de Hizbullah tras la muerte de Ali Jamenei, Israel ha abierto un nuevo frente de guerra en Líbano.

El humo se eleva desde el lugar donde se produjo un ataque aéreo israelí en los suburbios del sur de Beirut el 6 de marzo de 2026. (Ibrahim AMRO | AFP)

El anuncio cayó como un mazazo. Después de las órdenes de evacuación israelíes que afectaban a todo el sur del Líbano, ocurrió lo impensable: el miércoles a las 15.00 horas, toda la Dahieh –la periferia sur de Beirut– fue objeto de un aviso israelí. El portavoz arabófono del ejército llevó el cinismo al extremo al difundir un mapa con las rutas de evacuación obligatorias, precisando además que desplazarse hacia el sur de Beirut pondría en peligro a los habitantes.

Las escenas de desolación se sucedieron rápidamente. Las carreteras que conectan Dahieh con el norte de la capital quedaron colapsadas por un intenso tráfico. En los márgenes de las vías, familias enteras caminaban sin un destino claro, buscando un parque o una plaza donde refugiarse. «Tuvimos que irnos después de la muerte de Sayyed Nasrallah [en septiembre de 2024], pero fue una decisión, para no vivir bajo las bombas. Todo es distinto hoy: el enemigo nos obliga a hacerlo. No sabemos cuándo volveremos ni qué quedará de nuestras vidas», cuenta Ahmad, de unos cincuenta años. Junto con sus familiares, ha encontrado un refugio temporal en el paseo marítimo de Beirut y afirma «no tener adónde ir».

A pocos metros de allí, una familia de siete personas y procedente de Nabatiyeh, en el sur del Líbano, se ha instalado junto al mar con la esperanza de encontrar un refugio provisional. Al borde de las lágrimas, Joumana, de 38 años, explica que abandonó su ciudad con el corazón roto: «Los israelíes han dicho que permanecerán en el sur del Líbano. Tengo miedo de que estemos viviendo una Nakba».

Estrategia difusa

En este contexto, la decisión de abrir un frente desde Líbano -esta vez en apoyo a Irán- suscita numerosas preguntas. En ocasiones provoca incluso una rabia apenas disimulada. También entre algunos simpatizantes del Partido de Dios. «Siempre hemos estado del lado de la Resistencia, pero no entendemos la estrategia actual», dice Ali, de 35 años.

El lanzamiento de unos pocos cohetes desde el sur del Líbano parecía, en efecto, carecer de un verdadero alcance estratégico. A consecuencia de esto, Hizbullah -cuya cuestión del desarme agita la escena política libanesa desde el alto el fuego de noviembre de 2024- se encuentra en el centro de numerosas especulaciones. «Para mí está muy claro: Hizbullah ha precipitado al Líbano a la guerra para demostrar a todo el mundo que el Estado es incapaz de defendernos. Y, por tanto, que es necesario que sigan existiendo», analiza Inas, una beirutí de 41 años.

Por su parte, Hizbullah afirmó el martes, poco después de medianoche, que su ataque contra Israel constituía un «acto defensivo», argumentando que «desde hace quince meses la agresión israelí contra el Líbano continúa mediante asesinatos, destrucción y todo tipo de actos criminales». Sin embargo, el comunicado no mencionaba el reciente asesinato del líder supremo iraní, a diferencia de un mensaje anterior. «Claro que estoy enfadado con Hizbullah», explica Jalil, un militante de izquierdas opuesto al partido chií. «Pero ese no es el tema hoy. No son ellos quienes prometen ocupar indefinidamente el sur del Líbano. El agresor es quien lanza toneladas de bombas, quien ha violado más de 10.000 veces el alto el fuego. Una injusticia ante la que el mundo ha permanecido en silencio… y sigue estándolo».

«El problema es que hoy, en el debate libanés, parece que hay que elegir», añade Inas. «Si criticas la política de Hizbullah, te acusan inmediatamente de estar a favor de Israel. Yo estoy en contra de la política de Hizbullah, pero ¿crees que me alegra ver a los israelíes ocupar mi territorio, expulsar a las familias del sur, destruirlo todo y matar a mi gente?». Y concluye: «Lo peor es que juegan perfectamente con las divisiones. Los únicos pueblos que siguen habitados en el sur son cristianos. Y al final es toda la comunidad la que acaba siendo vista como traidora». Aun así, una realidad se impone en Líbano: el ejército libanés, no está en condiciones de frenar el avance israelí. Mientras muchos libaneses consideran que el debilitamiento del ejército es consecuencia directa de los bloqueos impuestos por el Partido de Dios, otros sostienen que sus combatientes constituyen el único muro de contención frente a la transformación del país del Cedro en un Estado vasallo de Israel.

Una profunda línea de fractura que divide al Líbano en dos campos irreconciliables y que solo coinciden en una cosa: la incertidumbre sobre los días que están por venir.