Estados Unidos hace tronar sus tambores de guerra al enviar más tropas al Golfo

Puede parecer una guerra de nervios, un juego de riesgo calculado, un uso –y abuso– de una retórica del abismo por parte de unos y otros en la que todas las partes todavía esperan ser capaces de frenar una confrontación militar directa. Pero siempre puede haber alguien que pierde los nervios, que calcula mal los riesgos y puede precipitarse en el abismo de la guerra.

Mikel Zubimendi|21/09/2019
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El comandante en jefe del cuerpo de élite de los Guardianes de la Revolución Islámica, el general Hossein Salami, durante su intervención. (Atta KENARE/AFP)

En la peligrosa escalada de las últimas semanas entre EEUU e Irán, donde día sí y día también saltan nuevas chispas, cualquiera de ellas podría desencadenar un gran y devastador incendio en el Golfo Pérsico. Y es que son días de tamborrada en aquella región, de tambores de guerra, de un estruendo cada vez más atronador.

Tras el ataque con drones y misiles balísticos contra instalaciones vitales de Aramco, –compañía petrolera saudí, la más rentable del mundo– reivindicado por los rebeldes huthíes de Yemen y atribuido por EEUU directamente a Irán, los acontecimientos se han acelerado en una espiral muy peligrosa. A principios de semana, Trump dio nuevos pasos en su política de «máxima presión» contra Teherán, anunciando nuevas sanciones económicas contra el banco central del país persa y sus fondos soberanos, una acción que Irán, y Moscú y Pekín, consideró como «inaceptable y peligrosa».

Anteayer, el secretario de Defensa de EEUU, Mark Esper, anunció un aumento del número de tropas de su país destinadas en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. También informó que se incrementarán y diversificarán los sistemas de misiles allí instalados. Paralelamente, la agencia Associated Press adelantó que el Departamento de Defensa habría presentado al presidente Trump «un abanico de opciones militares» para responder al ataque contra la compañía saudí Aramco, incluyendo «una lista de objetivos militares potenciales» para ser bombardeados por la fuerza aérea estadounidense.

El tono y el fondo

Y como ocurre en este peligroso juego del riesgo calculado, todas estas decisiones serían «de naturaleza defensiva», porque EEUU «no quiere la guerra». Según Trump, «las sanciones funcionan» porque son las «más fuertes y estrictas nunca aplicadas sobre ningún país».

Un tono quizá no tan guerrero pero que sigue una política implacable de «máxima presión». Una estrategia que no parece intimidar a Irán, que ni en el tono ni en el fondo se está quedando callada o paralizada.

Irán advierte

Casi como si se tratara de un intercambio de golpes coregrafiado, horas después del anuncio del envío de más tropas al Golfo Pérsico del secretario de Defensa de EEUU, Mark Esper, el comandante en jefe del cuerpo de élite de los Guardianes de la Revolución Islámica, el general Hossein Salami, ha tomado la palabra y le ha respondido con palabras amenazantes y desafiantes.

En una ceremonia donde se han mostrado los restos del dron espía de EEUU, RQ-4 Global Hawk, derribado por las fuerzas iraníes de los Guardianes de la Revolución el pasado mes de junio en el Estrecho de Ormuz –según Teherán por haber violado su espacio aéreo, acusación que Washington negó–, Salami ha lanzado una discurso incendiario, lleno de amenazas directas. «No dejaremos que la guerra se instalé en nuestro territorio, cualquiera que cruce nuestras fronteras será golpeado y responderemos hasta la total destrucción del agresor», ha advertido el líder militar de Irán. Y, en un tono desafiante, «ha invitado» a quienes puedan tener esa idea en la cabeza a dar un paso adelante y a «atreverse» a intentarlo: «Cualquiera que quiera ver a su territorio convertido en el principal campo de batalla, adelante, que lo haga».

A pesar del tono de sus palabras, Salami no ha hecho sino reiterar la conocida posición oficial de Irán: cualquier ataque tendrá respuesta inmediata de Teherán y desencadenará una guerra total.

 

 

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