Olga Santisteban Otegui

Monumento a la hipocresía

Ya van concluyendo, estos «fastos» que llamamos Navidad (queda por ahí, «recordar» a unos magos, que dicen que venían de Oriente) No deja de ser «curioso», que «celebremos» el nacimiento de alguien humilde (en un portal o pesebre) con un gasto desmedido, en inmensa mayoría. Así mismo, «establecemos» una especie de «tregua» temporal, una efímera bondad navideña, el perdón y la generosidad, parecen «confinarse» a un calendario específico, mientras el resto del año, prevalecen más bien las indiferencias a las miserias y sufrimientos que nos rodean.

¿Tenemos que mostrarnos, optimistas y renovados o renovadas? Compartimos, cenas y comidas y, no es que estemos «obligados» a una especie de dictadura de la «alegría»…, porque quizás lo contrario, estaría mal visto. Hay una especie de ritual, donde, «establecemos» propósitos de año nuevo (confesaré que yo misma los asumo) que muchas veces no llegamos a cumplir. Quien ahora mismo me esté leyendo, podrá estar de acuerdo con esta «crítica» o bien pensará que, por unos días, la humanidad necesitará de un recordatorio, por unos ideales más altos. Sea como fuere, estas festividades, fastos y todo lo que se les ocurra, de un diciembre larguísimo… queda como un «monumento a la hipocresía».

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