Nerea Melgosa Vega
Consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico

Apoyar a quien cuida hoy es garantizar un mañana con una vida más digna, humana e igualitaria

Cuidar a una persona que lo necesita es una de las expresiones más profundas de responsabilidad colectiva. Detrás de cada gesto cotidiano, como ayudar a levantarse, preparar una comida, acompañar a una consulta o sostener una mano, hay tiempo, atención y compromiso. Son tareas que permiten a muchas personas vivir con mayor dignidad, seguridad y autonomía. Sin embargo, su valor permanece con demasiada frecuencia oculto tras la rutina diaria. Reconocer los cuidados significa hacer visible aquello que sostiene la vida.

Tengo claro que las personas cuidadoras merecen un reconocimiento social sincero. Su labor exige organización, paciencia y capacidad para responder a situaciones cambiantes, pero también una enorme disponibilidad emocional, ya que muchas veces anticipan necesidades, concilian horarios imposibles y renuncian a parte de su descanso o de sus proyectos personales. No debemos idealizar ese esfuerzo ni darlo por supuesto. Agradecer es importante, pero no basta: el reconocimiento ha de traducirse en derechos, recursos, descanso y oportunidades para mantener un proyecto de vida propio. 

El cuidado suele nacer del amor y del cariño y esas personas cuidadoras saben mucho de eso. Quien cuida conoce miradas, silencios, preferencias y pequeñas rutinas que aportan confianza. Esa cercanía convierte una ayuda práctica en una relación humana que protege la identidad y los deseos de quien recibe apoyo. Pero el afecto no puede utilizarse como excusa para dejar a la persona cuidadora sola. Amar no elimina el cansancio, ni sustituye la formación, la atención profesional o el relevo. Precisamente porque el vínculo importa, debemos procurar que pueda vivirse sin agotamiento, culpa ni sobrecarga. 

Los apoyos públicos y comunitarios son, por ello, imprescindibles. La ayuda a domicilio, la teleasistencia, los centros de día, los servicios de respiro, la orientación social y psicológica o la formación para cuidar mejor pueden marcar una diferencia decisiva. También son necesarias medidas laborales que faciliten la conciliación y prestaciones que compensen el impacto económico del cuidado. Estos recursos deben ser accesibles, cercanos y flexibles, porque ninguna familia ni ninguna situación de dependencia es idéntica a otra. 

Apoyar a quien cuida también implica preguntarle cómo está. A veces, toda la atención se concentra en la persona que requiere ayuda y se olvida de que la cuidadora puede necesitar descanso, escucha, compañía o asesoramiento. Detectar a tiempo la sobrecarga protege a ambas partes y mejora la calidad del cuidado. Pedir ayuda no es fracasar ni querer menos; es reconocer los límites humanos. Una sociedad madura ofrece redes de apoyo antes de que aparezca el agotamiento y convierte el descanso en una parte legítima del cuidado. Cuidar a quien cuida es también cuidar de toda la sociedad. 

Iñigo, teleoperador del servicio betiON, que cuenta con más de 90.000 personas usuarias en Euskadi, conversa semanalmente con Conchi, usuaria del servicio, y durante esta época le ayuda a pedir cita para vacunarse contra la gripe. Por su parte, Mikel recibe consejos a través de Zaindoo sobre cómo cuidar mejor a su aita y cómo cuidarse a sí mismo. A su vez, Elene, madre soltera, ha solicitado la ayuda para contratar a una persona cuidadora que atienda a sus dos hijos menores. 

Los programas que emanan de la Estrategia Vasca con las Personas Mayores 2026-2029 o del V Plan de Familias, Infancia y Adolescencia del Gobierno Vasco tienen protagonistas con nombre y apellidos, porque hablar de poner a las personas en el centro es describir las prioridades tal como son. Y no se trata de mirar solo de puertas hacia dentro: también nos fijamos en buenas prácticas internacionales y compartimos un mensaje común. Por ello, el Gobierno Vasco se ha unido a la red Global Alliance for Care. 

Toda esta reflexión sobre los cuidados está inseparablemente unida a la igualdad. Históricamente, las mujeres han asumido la mayor parte de los cuidados, tanto dentro de las familias como en empleos esenciales y a menudo poco reconocidos. Esa distribución desigual ha limitado su tiempo, su independencia económica, su carrera profesional y su bienestar. No es justo que el funcionamiento de hogares y comunidades descanse de manera desproporcionada sobre ellas. 

Los cuidados son una responsabilidad social, no un destino femenino ni una obligación vinculada al género. 

Redistribuir exige que los hombres participen plenamente, no como colaboradores ocasionales, sino como cuidadores corresponsables. Significa compartir la planificación, las noches difíciles, las citas, las tareas domésticas y, sobre todo, la carga mental de estar siempre pendiente. También exige educar desde la infancia en la empatía y la autonomía, y que empresas e instituciones faciliten que mujeres y hombres ejerzan por igual sus derechos de conciliación. La corresponsabilidad transforma los hogares, pero también mejora el empleo, la convivencia y la calidad democrática. 

Además, debemos avanzar hacia un modelo que combine el apoyo familiar, los servicios profesionales y la fortaleza de la comunidad. Cuidar bien requiere coordinación entre los sistemas sociales y sanitarios, continuidad en la atención y respeto a las decisiones de cada persona. Requiere, asimismo, dignificar el trabajo profesional de cuidados, con formación, estabilidad y condiciones laborales adecuadas. Si el cuidado genera bienestar para toda la sociedad, su coste y su responsabilidad también deben asumirse de forma compartida. 

Hoy, Día Internacional de los Cuidados y los Apoyos, quiero decir a las personas cuidadoras que su tiempo cuenta, que su salud importa y que no están solas. Quiero agradecer el amor con el que acompañan, sin convertir ese amor en una exigencia ilimitada. Y quiero expresar mi compromiso con una organización más justa de los cuidados, en la que administraciones, servicios, empresas, familias, hombres y mujeres, aportemos nuestra parte. 

Todas las personas necesitaremos cuidados en algún momento de la vida. Construir hoy una sociedad que apoya a quien cuida es garantizar un mañana con una vida más digna y una comunidad más humana e igualitaria. 

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