Profesora de autodefensa feminista
25N, el violador eres tú

Las violaciones colectivas, han vuelto a poner el foco social sobre otras violencias sexistas que nos atraviesan

06/12/2019

Tras las movilizaciones del 25N a nivel mundial, seguimos en las calles porque tenemos motivos para la rabia y la rebeldía feminista. El momento actual no es fácil. En muchos países la ultraderecha cabalga, como siempre, dejando cadáveres a su paso porque cada política que pongan en marcha se cebará sobre realidades encarnadas en los cuerpos de siempre, en las vidas que consideran menos valiosas, subalternas y/o prescindibles, las vidas de las mujeres.

Son incuestionables los avances que hemos generado en las últimas décadas. La capacidad de movilización de las organizaciones feministas no tiene techo, sin embargo, es necesario no perder de vista que unida a la movilización tiene que llegar la propuesta política. Una propuesta que tiene que focalizar hacia dónde queremos ir pero también saber leer el momento actual, señalando, críticamente, aquello que queda por hacer y también lo que nos parece erróneo en el planteamiento. No voy a entrar con las campañas concretas de alguna diputación, que queriendo incidir en los sujetos potenciales agresores, se olvida de que los agresores machistas son hijos buenos del patriarcado. Que recuerdan a cuando se dice que las políticas de igualdad dependen de que el político sea «majo/a».

Si voy a incidir, por su repercusión, en la Ley Integral de VG, una ley necesaria, pero también lo es que tanto su formulación, al dejar fuera todas las violencias sexistas que no se den dentro una relación afectiva entre víctima y agresor, ha creado fragmentación de la violencia sexista, generando confusión. Eso es parte del problema, existe una alta sensibilización frente a la violencia pero no se concreta en un ejercicio efectivo, en una práctica para una vida libre de violencia. No se entiende qué es la VG. Porque se legisló solo sobre aquella violencia que se da en el marco de la familia nuclear. ¿Será casualidad? De ahí se deriva que uno de los primeros ejercicios de negacionismo sea el señalar; «yo conozco a mujeres que también maltratan». Por cierto, mujeres a secas, mientras que siempre hemos definido al brazo armado del patriarcado, los agresores, como hombres machistas. Se relaciona el hecho de que una mujer –lo que una realiza define al conjunto– pueda maltratar, como la negación misma de la violencia estructural que sufrimos el conjunto de las mujeres. Esto, responde a la realidad del patriarcado que niega su propia violencia y que es hábil tanto en la inversión de la realidad como en el enfrentamiento de un derecho sobre otro, el de una libertad sobre otra, como si no estuvieran interrelacionadas. Sería como decir que «el hecho de que Obama haya sido presidente de USA es la demostración de la ausencia del racismo en el mundo».

El 25N es el «Día Internacional para la erradicación de todas las formas de Violencia contra las Mujeres». Se lo debemos al feminismo de América Latina y Caribe y en especial a las hermanas Mirabal, asesinadas por su activismo político durante la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Pues bien, en el Estado español las hermanas Miralba no serían consideradas «víctimas de género», ni tantas otras: Marta Calvo, Maureen Ada Otuya, Nagore Laffage, Diana Quer y así un largo y doloroso listado de vidas segadas por el machismo. Entonces, cuál es la percepción sobre lo qué es VG y, más allá, sobre qué legisla nuestra ley y más aún, ¿cómo vamos a cambiar imaginario y estructura patriarcal?

En los últimos años, después de más de casi 2 décadas de mayor visibilidad del maltrato habitual, las violaciones colectivas, han vuelto a poner el foco social sobre otras violencias sexistas que nos atraviesan a las mujeres. Detrás de esta violencia histórica, está un sistema que necesita del ejercicio violento para mantenerse. Así que la violencia no solo es consecuencia de la desigualdad estructural sino que es causa para mantener la desigualdad. Por eso necesitamos abordar la complejidad de esta violencia política desde el sistema patriarcal para entender la estructura social que la ha legitimado, porque la necesita.

El rearme patriarcal se está ejerciendo sobre realidades, sobre cuerpos concretos y por eso tenemos que seguir tejiendo ese hilo conductor de la historia de las mujeres, marcada por la violencia pero también por la resistencia, donde las propias mujeres están trabajando por una reparación que muchas veces no encuentran en los juzgados pero sí en la movilización social, que pone la vergüenza en el lado patriarcal y que nos ayuda a construir el relato del «yo sí te creo», el relato de vidas atravesadas no por el mismo agresor pero sí por el mismo patriarcado.

Las chilenas del grupo Las Tesis han conseguido que miles de mujeres en el mundo nos identificáramos con su cantico «y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eres tú». Nos han movilizado con un cántico que ha recorrido decenas de ciudades: Santiago de Chile, París, Managua, D.F., Bilbao, por señalar algunas de ellas. Nos han demostrado que pese a nuestra diversidad, el feminismo tiene ejes comunes que nos vertebran aunque la propuesta de incidencia política pueda diferenciarse, aunque en este caso, focalizar sobre el conjunto patriarcal, nos haya vuelto a unir.

Mientras el feminismo siga ganando autoridad y legitimidad podremos construir un relato que no solo confronte sino que construya la propia historia destructora del patriarcado. En la medida que quede en evidencia y no pueda aludir como Plácido Domingo a que se le juzga con los códigos actuales, del no es no, en lugar de con su querido e internalizado código patriarcal.

Hoy que el fascismo se encarna en políticos concretos, sin ficción ni careta, hoy se hace más necesario que el feminismo consiga encarnarse en sujetos políticos que señalen al patriarcado y a sus hijos sanos como los violadores que son y les gustaría seguir siendo. Hoy es más necesario que encarnemos esos sujetos políticos que rompan con la vergüenza de ser víctima y que con su voz (su denuncia) nos apelen a seguir luchando para erradicar la violencia sexista de nuestras vidas. ¿De cuáles vidas? De las de todas.

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