Concejala de EH Bildu en el Ayuntamiento de Donostia
Donostia, ¿ciudad de acogida?

Nos encontramos ante un goteo permanente de personas que llegan a las grandes ciudades de Euskal Herria cada día y que requieren una respuesta institucional integral.

18/07/2018

Ibu espera sentado en la estación de autobuses de Donostia al siguiente autocar con destino a Biarritz. Su viaje empezó hace 6 años, en Saint Louis, en la costa noroeste de Senegal. Desde joven fue consciente de que no podría ganarse la vida como pescador, a diferencia de su padre y abuelos. Hace tiempo que los barcos de pesca europeos y asiáticos desplazaron a la pesca tradicional local que daba sustento a centenares de familias en la zona.

Tras vender las tierras de su familia para poder costearse el viaje y pagar a las mafias que le han acercado hasta Europa, sueña con llegar, por fin, a Francia y poder empezar a trabajar para ayudar a la familia que dejó atrás y que, desde hace años, le espera.

20 euros, un teléfono y una foto de su madre en los bolsillos. Junto a él otros siete compañeros de viaje aguardan al autobús que les han aconsejado coger para continuar su camino.

Para la diputada de Acción Social, Maite Peña, y el gobierno donostiarra la de Ibu y la de muchos otros son historias de vida que pueden resumirse en tres palabras: personas en tránsito. Es decir, personas que están recorriendo un camino, como aquel que decide hacer el camino de Santiago, y parar en Donostia una o dos noches, para descansar y coger fuerzas.

El Gobierno de la Diputación Foral, Gobierno Vasco y el Ayuntamiento donostiarra, todos ellos gobernados por el PNV y el Partido Socialista, quieren hacer ver a la ciudadanía que hablamos de personas libres que llegan por circunstancias de su recorrido a nuestras ciudades y que no hay que hacer nada extraordinario para acogerlas.

Solo hace falta pararse dos segundos a escuchar a estas personas, para ser conscientes de que ni hablamos de personas libres –si fueran libres no se jugarían la vida en recorridos que duran años para cruzar las fronteras en una patera y bastaría, como hacemos los europeos, con compra un billete de avión– ni hablamos de personas que, en su totalidad, llegan a nuestras ciudades con la idea de pasar de largo.

Y es que muchas de estas personas llegan a Donostia sin ni siquiera saber donde están y sin ser conscientes de que al intentar pasar la frontera de Francia pueden ser detenidas, retenidas en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Hendaia (centro que, por cierto, ha sido denunciado por numerosas organizaciones por las condiciones de insalubridad y hacinamiento) e, incluso, deportadas.

No son conscientes de que al llegar a sus destinos no podrán trabajar, a la espera de un permiso de residencia y de trabajo que puede llegar a tardar años en ser obtenido, ni de que tampoco serán considerados ciudadanos con derechos, siendo tratados, como se suele decir coloquialmente, como inmigrantes sin papeles.

Por eso, resulta vergonzoso leer titulares como los de los últimos días, en los que se da a entender que todo lo que podemos hacer en Donostia o en Gipuzkoa es habilitar un espacio con 25 hamacas –gestionado por la Cruz Roja, con financiación de las instituciones– para las personas que desean descansar un par de noches. Y más bochornoso resulta todavía que el Ayuntamiento haya proclamado el 20 de junio (Día Internacional de las Personas Refugiadas) a Donostia «como ciudad de acogida» con el voto a favor de los partidos que lo gobiernan, mientras que organizaciones que trabajan con las personas migrantes (CEAR, SOS Racismo, Ongi Etorri Errefuxiatuak...) denuncian la falta de plazas y recursos que hay en la ciudad y en el territorio, obligando a muchas de las personas que llegan a quedarse en situación de calle.

Un dato importante y que traslada la dejadez de los gobiernos actuales en materia de acogida es el hecho de que el Tribunal Supremo haya condenado al Estado español por incumplir la orden de acogida de solicitantes de asilo dictada en 2015 por la UE. Frente a las 19.449 solicitudes de asilo que debíamos gestionar en dos años, solamente se han ofertado 2.500 plazas, lo que supone un 12,85% de cumplimiento y un déficit acumulado de 17.000 plazas.

Pese a la imagen de oleada puntual que se quiere trasladar a la ciudadanía vasca y, en nuestro caso, donostiarra, nos encontramos ante un goteo permanente de personas que llegan –y seguirán llegando– a las grandes ciudades de Euskal Herria cada día (en las últimas semanas han sido más de 600) y que requieren una respuesta institucional integral, coordinada y digna, que deje de cosificar a estas historias de vida como «flujos migratorios en tránsito».

De hecho, desde el famoso autobús con 46 subsaharianos que llegó a la ciudad el 18 de junio, al menos otros tres grupos han llegado en las mismas circunstancias el 29 de junio, 3 de julio y 12 de julio. En algunos casos estas personas han podido pasar una par de noches en centros de acogida, pero la saturación que a día de hoy sufren estos centros ha generado tener que improvisar (colocando colchones en sitios ya completos, etc.).

A esta situación, se le suma que el gobierno municipal ha decidido, por cuarto año consecutivo, cerrar uno de los centros de acogida con los que cuenta la ciudad el mes de agosto (el Gaueko). Recordemos, que este centro en su origen se llamaba Hotzaldi y se abría los 3 meses de invierno para acoger a personas sin hogar. En la legislatura anterior se amplió su apertura de 3 a 11 meses, mejorando notablemente los servicios. Es incomprensible que con la situación de saturación actual de recursos y a sabiendas que las llegadas de personas con necesidades de acogida a nuestra ciudad serán continuas, se cierre este recurso dificultando todavía más la acogida.

Para los escépticos que opinan que no hay recursos económicos suficientes en la ciudad para hacer frente a las necesidades de acogida de las personas migrantes o refugiadas, diré que esta misma semana se ha publicado un estudio (en la revista científica "Science Advances") basado en datos de Eurostat y el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. El estudio analiza el proceso de llegada de personas migrantes a los largo de 30 años en 15 países europeos y confirma la idea de que la inmigración tiene efectos positivos en variables como el PIB del país de acogida desde el primer año de las llegada de estas personas. 

Sabemos que la donostiarra es una sociedad comprometida, solidaria, acogedora... y así lo ha demostrado en numerosas ocasiones. Veremos si sus gobernantes están a la altura. Desde EH Bildu seguiremos presionando y trabajando para ello.

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