Las ciudades, ese laberinto por el que nos guía Maria Helena Vieira

Date

16.10.25 - 22.02.26

Lieu

Bizkaia - Bilbo

La retrospectiva recupera la obra de un pintora con una forma muy personal de pintar.
La retrospectiva recupera la obra de un pintora con una forma muy personal de pintar. (Oskar MATXIN | FOKU)

«¿Qué significa ser una persona en una ciudad?», se preguntaba la franco-portuguesa Maria Helena Vieira da Silva (1908–1992), la protagonista de la exposición titulada ‘Anatomía del espacio’ con la que el museo Guggenheim de Bilbo reivindica su figura. Las ciudades son un espacio donde conviven la viveza más trepidante y la soledad más profunda, la luz y las sombras, el brillo y la alienación.

No hay más que fijar la mirada en los cuadros laberínticos de esta artista, reconocida en los años 50 y posteriormente casi olvidada, para dejarse llevar por esa especie de pintura a manera de tejido hipnótico, formando líneas y colores. El laberinto debe de tener una salida, parece decirnos.

‘Anatomía del espacio’ es el título de la exposición que el Museo Guggenheim bilbaino inaugura este jueves, 16 de octubre, y permanecerá abierta hasta el 22 de febrero del año próximo. Comisariada por Flavia Frigeri, quien acaba de ser nombrada Directora de Colecciones de la National Portrait Gallery de Londres, llega procedente de Venecia, donde estuvo expuesta en el Guggenheim de la ciudad de los canales. La carrera de Vieira da Silva tuvo mucho que ver con estos ricos mecenas, sobre todo con Peggy Guggenheim. 

Amor, guerra y ajedrez

Maria Helena Vieira da Silva nos recibe, en forma de dos fotografías, en esta retrospectiva, que ha sido colocada en una de las salas de la planta baja del museo. Posiblemente, pensamos, a ella le hubiera gustado este espacio, como recogido, frente a la amplitud del museo. Porque ambas cosas –el estudio, hacia adentro, donde posa pintando o con la mirada fijada en nosotros; y la arquitectura, el exterior que tanto estudió– marcaron el universo creativo de esta mujer.  

Una mujer con un lenguaje tan personal –nunca fue figurativa; exploró caminos como el cubismo, pero siempre desde su propia mirada– y una mujer tan moderna que «si viviría hoy en día sería una artista disciplinar», en palabras de la comisaria de la exposición, debido a que le interesaba, la anatomía, la arquitectura, la escultura... Su objetivo, que las nuevas generaciones volvieran a descubrir a una pintora que, fue famosa y reconocida en su momento, pero que en los últimos años había perdido presencia. 

Nacida en una familia lisboeta ‘de posibles’, Maria Helena Vieira da Silva se formó en París, donde, en 1928, empezó a cursar estudios de arte en la Académie de la Grande Chaumière. Allí conoció al pintor húngaro Arpad Szenes y dos años más tarde, se casaron. Una entra en la exposición y lo primero que se encuentra es la primera obra que la pintora vendió (‘La Chambre à carreaux’, 1935) y, al lado, los retratos que la pareja se hizo. La vemos pintando –en el cuadro se puede ver cómo trabajaba; meticulosamente, a partir de una retículo que va rellenando–, a él posando... La comisaria de la exposición ha destacado que la relación que tenía esta pareja de artistas era nada habitual, ya que uno –generalmente él– suele terminar opacando a la otra. Szenes, no; respetaba la total devoción de Vieira da Silva por la pintura. Siempre la apoyó y, de hecho, ella fue más famosa que su marido.  

Lo suyo por París también era amor –«eligió París como artista y como mujer adulta», su comisaria–, pero vivieron tiempos convulsos. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, la huída a un Portugal que no recibía bien a los judíos húngaros       –Vieira da Silva perdió su nacionalidad al casarse–, el duro exilio a Brasil y el regreso, por fin, a un París liberado se despliegan a lo largo de ocho secciones temáticas, y abarcan un viaje que va desde 1930 hasta finales de 1980.

Un viaje en el que trabaja el espacio y, de pronto, aparecen bailarines y jugadores de ajedrez, en ‘Danse’ (Danza, 1938), jugadores de cartas y de ajedrez (‘Échiquier rouge ou Joueurs d'échecs’, 1946)... porque el ajedrez, pensaba, es una metáfora de la existencia, un juego de acción y reacción. Tú juegas tus piezas, pero, enfrente, siempre está el otro.

Aparece también la tragedia de la guerra y la emigración, en su periodo brasileño     –son cuadros muy actuales– y la alegría del fin de la guerra y el regreso a Europa. Y llegan las ciudades, como concepto de estudio visual, porque son paisajes urbanos, reales o imaginarios, de ciudades que conoce y de otras que se imagina. Si una sabe lo que mira, es sorprendente lo que un cuadro de esta mujer puede llegar a sugerir.

Desde finales de los años cuarenta hasta bien entrados los cincuenta, Vieira da Silva se dedicó a retratar interiores y exteriores: solares en obras, estaciones de ferrocarril e iglesias... al final de su vida llegó el blanco. En una sala, propuesta a modo casi de una exposición dentro de la otro, están obras de diversas fases de la carrera de la artista que ponen de manifiesto el especial papel que desempeña el color blanco en sus investigaciones pictóricas. Unidas por el blanco, estas obras retratan diversos momentos del viaje artístico de Vieira da Silva a través de la abstracción: barricadas, ciudades... 


Reflexiones compartidas - Conceptos clave (12 noviembre): Luz Maguregui Urquiza, Coordinadora de Educación, compartirá con el público ideas clave ante las obras.

Visitas musicadas: 30 octubre, 6, 13, 20 y 27 noviembre, desde una perspectiva musical de la mano de la musicóloga Patricia Sojo, explorando aspectos como la inspiración de la artista en la música de Strauss o su amistad con el compositor Pierre Boulez, la música que ella solía escuchar y tocaba al piano o las referencias musicales a París y Portugal.

Recorrido con... (14 noviembre):  Esta visita permite recorrer y apreciar la exposición desde una perspectiva diferente, la de la psicóloga y divulgadora de los beneficios psicológicos del ajedrez en la vida cotidiana María Rodrigo Yanguas.

Sesión creativa: Vidrieras (22 enero): Este taller impartido por Paula Ruibal propone una aproximación práctica a una de las facetas menos conocidas de Viera da Silva: su trabajo con vidrieras. A partir del encargo que recibe en 1966 para crear una serie de vitrales para la iglesia de Saint-Jacques en Reims , los participantes se familiarizarán con el proceso creativo y técnico de las vidrieras y la visión de Vieira da Silva de la luz como elemento transformador del espacio. 

Proyección VIERARPAD  (30 y 31 enero): Las cartas entre Maria Helena Vieira da Silva y su marido Arpad Szenes sirven como pretexto para este viaje visual íntimo. Una producción de Zulfilmes estrenada en 2022 y dirigida por João Mário Grilo que constituye un reflejo social, intelectual y político con reveladoras imágenes de archivo.

Performance Olatz de Andrés -Lokke- (7 febrero): La práctica del ajedrez fue relevante para Vieira da Silva como un procedimiento de análisis racional que podía extenderse a otras prácticas creativas como la danza. En esta performance interactiva titulada ‘Doppel-Chess’, dos cuerpos se fusionan con el juego del ajedrez en relación con la arquitectura del Atrio del Museo.

 

Emplacement

Museo Guggenheim

Bilbo. Bizkaia