El desalojo del Centro Sociale Leoncavallo, situado en una fábrica abandonada a las afueras de Milán, ha cubierto la primera página de todos medios italianos y también de algunos europeos. Fundado hace 50 años, ha sido un referente indiscutible de lucha social y autogestión en Italia y en el movimiento popular de otros países.En 2016, el colectivo Abriendo Fronteras organizó la primera caravana a Grecia, cuando el Mar Egeo era una de las rutas más peligrosas para la migración de Siria o Afganistán. Antes de tomar el ferry en Ancona hacia Salónica, pasamos la noche en Milán, en una fábrica ocupada por los trabajadores «tras el cierre y abandono de la empresa original Maflow». Como el Centro Sociale Leoncavallo, RiMaflow se encuentra a las afueras de Milán y es, también, una de las experiencias de autogestión y resistencia social y cultural más importantes de Italia. Los dos pertenecen a esos lugares donde la frase que tanto repetía Periko Solabarria, «si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir», se ha puesto en práctica durante décadas y por distintas generaciones. Aquel viaje reunió, en decenas de autobuses, a militantes y activistas de diferentes procedencias y lugares y, durante nueve años, aquella movilización se ha repetido a otros lugares de la Europa fortificada que convierte el mar y las fronteras en lugares de muerte. En julio, Gaza los volvió a unir en una marcha hasta Rafah para «apoyar al pueblo palestino y enfrentarse así a la política genocida Netanyahu». Y, a pesar de la indiferencia con que los medios trataron la acción represiva de Egipto hacia los miles de participantes, esta semana Barcelona y Gasteiz continuarán con las movilizaciones y el activismo que «no deja dormir» al sistema. En Barcelona, el 31 de agosto, para despedir a la flotilla que partirá hacia Gaza. En Gasteiz, del 25 al 29, en un encierro-ayuno para seguir hablando de Palestina. Leoncavallo, RiMaflow, Grecia, Rafah, Barcelona, Gasteiz…, la cuestión es que existan y sigan estando.