Salvador Illa se ha visto obligado a retirar esta semana el proyecto de presupuestos que había llevado al Parlament de Catalunya. Había puesto la directa sin pactarlo con ERC y los de Oriol Junqueras le han dicho que sin la cesión del IRPF a Catalunya que la ministra María Jesús Montero bloquea, no aprobarían las cuentas. El president, que no está para revolcadas, ha optado por dar marcha atrás. Es la primera vez que un Govern se retracta de unas cuentas pero, en realidad, Illa no tiene ni más ni menos problemas que todos sus antecesores, sino exactamente los mismos. Cosa que en su caso no es eximente sino agravante, porque él prometió que todo lo malo que le ocurría a Catalunya era culpa de los anteriores y que, por tanto, todo quedaría definitivamente desterrado con su llegada. La magia no ha funcionado y los consensos que en Catalunya forjan mayorías son sistemáticamente parados por no tener encaje en el tablero español. La caldera del conflicto catalán hace tiempo que está fría como un hielo, pero eso no significa que ya no tenga llama. El problema de fondo existe y, aunque hoy no tiene combustible, sigue teniendo potencial para quemar el futuro. Illa lo sabe, por eso preferiría resolverlo, es decir, sacar adelante los acuerdos de legislatura con ERC. Pero Sánchez y en general el sistema político de la capital ya lo han dado por amortizado, por eso no tienen previsto ofrecer nada más. Los nuevos viejos problemas de Illa ni siquiera son exclusivos del president catalán. Este viernes el Gobierno ha aprobado dos decretos con medidas anticrisis, uno centrado en la energía y el otro en la vivienda. El primero ya cuenta con el beneplácito de Junts pero, ¿y el segundo? Los catalanes están a la espera de ver si la Moncloa opta por la presión que ha fallado siempre o por la negociación que ha funcionado a veces. Recomponer la relación con Junts implicaría ceder, sí, pero también atesorar una mayoría que el Gobierno necesita. El escenario internacional no está como para seguir en la Moncloa perdiendo el tiempo a la esperada de la invasión de los bárbaros.