En junio pasado hizo ocho años que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa. Hasta hace no tanto era una idea extendida que dos legislaturas son suficientes para que un presidente saque adelante su proyecto político y, por tanto, es también hora de dejar paso a otro. Sin entrar en si debe marcharse, es tiempo idóneo para hacer balance. No haré una evaluación general, pero llama la atención el tamaño del agujero que aún no ha resuelto en Catalunya. El procés está muerto y enterrado. La aritmética electoral catalana no da ni de lejos para volver a reivindicar la independencia, menos aún tras la irrupción de Aliança, que desarticula cualquier posible suma. Esto permite a los socialistas catalanes gobernar con la tranquilidad de no tener alternativa a la vista. También Sánchez puede estar tranquilo en ese flanco: los votos catalanes irán sobre todo a su saco. Pero los problemas de encaje constitucional de Catalunya están lejos de resolverse. La sociedad catalana sigue sin haber podido consensuar un modelo básico de autogobierno, teniendo en cuenta que sigue vigente el Estatut recortado por el Constitucional y no votado por nadie. En los últimos 20 años, ni siquiera se ha ampliado un milímetro el techo competencial de la Generalitat. Eso es un problema de base, persistente y que puede volver a saltar en cualquier momento. No en forma de nuevo procés, pero sí como malestar sordo, una desafección contagiosa. Quién sabe si fértil para los ultras. Sánchez ha sido muy hábil desactivando el independentismo a base de desandar el camino de la represión judicial. Pero no ha sido capaz de dar un paso más. En 2026 la preocupación por el retroceso del catalán continúa. Las aspiraciones de mayor autogobierno siguen intactas. La sensación de que la mano del Estado es mucho más generosa con otros –especialmente con la mimada capital del Estado– que con Catalunya no se ha alterado. Ocho años no han sido suficientes para resolver ninguno de los temas troncales que llevaron a una parte de los catalanes a rebelarse. Y lo que no se ha barrido, solo se puede pudrir.