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Rubalcaba se reunió con HB, ¿por qué Sánchez no lo hace con EH Bildu?

Se pone estupendo Pedro Sánchez y deja claro que con EH Bildu no se reúne ni para decirle que no necesita sus dos votos para nada. En Madrid, donde la política se desarrolla a golpe de grito, titular,  media verdad y amnesia completa no sorprende que el tipo que aspira a presidir el Estado haga bandera del diálogo y, al mismo tiempo, se quite de en medio a los que no piensan como él. Es más, no solo no escandaliza, sino que en determinados ambientes (en realidad en la mayoría) lo censurable sería lo contrario: que el aspirante a presidente español prometiese conversar y encima tuviese la osadía de hablar con absolutamente todo el arco parlamentario. Ante el gesto de cara a la galería, poco importa recordar que Alfredo Pérez Rubalcaba se reunió con Herri Batasuna, o que Patxi López, actual presidente del Congreso, hizo lo propio con Batasuna cuando esta era ilegal. No es problema para Sánchez, que viene a enrocarse en la dialéctica de la estigmatización con una coalición que ha recibido el apoyo de más de 200.000 ciudadanos vascos. 

Obviamente cada uno se reúne con quien quiere, faltaría más. Pero sería deseable que no se juegue al engaño. En tiempos diferentes parecería razonable actuar de modo distinto. Sobre todo porque no hace falta irse hasta la prehistoria política para encontrar evidencias de que hasta en las épocas más duras, con ETA activa y las cloacas del Estado funcionando,  el PSOE y la izquierda soberanista vasca han mantenido encuentros. En los 80, en los 90 y en la década pasada. Diría más. En los últimos años no solo se han visto las caras para contrastar sus desacuerdos sino que han pactado políticas concretas y hasta presupuestos como los de la diputación de Gipuzkoa. Así que no parece comprensible que si han pactado las cuentas de un herrialde con un partido uno no tenga ahora media hora para echarse un café con sus representantes, por mucha manía que les tengas. 

Supongo que nadie se ha sorprendido de la falta de eco que ha tenido el veto a EH Bildu. Era previsible que no tampoco se escucharían muchas voces solidarias. En política, y especialmente en la corte madrileña, la mano que se acerca a tu espalda suele ser para apuñalar y no para dar una palmada. Tampoco es nuevo comprobar que la adhesión al posible rival en las urnas empieza y termina, por muy colegota que seas, cuando tu propia agenda se cruza. Digo esto porque me ha gustado la respuesta de Marian Beitialarrangoitia: dejando atrás tradicionales victimismos pueriles y en clave propositiva, poniendo el valor la legitimidad de las miles de personas que votaron izquierda independentista.

Tener razón no es suficiente cuando el otro domina la narrativa y eso lo tiene claro Sánchez, que se pone estupendo cerrando la puerta a EH Bildu sabiendo que sus compañeros se han encontrado con ellos sin problemas. Por mucho cordón sanitario que se invente ahora sabe que, tarde o temprano, acabará reuniéndose con la izquierda abertzale.

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