«No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás». A los Reyes Magos, los habían vestido más de magos que de reyes, a juicio de la marquesa y la visión de Melchor y Gaspar sin oropeles ni armiño, con ropas propias de siervos de la gleba, traumatizó a su hija, marquesita y condesita al alimón, que rompió en llanto aristocrático (comedidos sollozos con episodio de hipo incontrolado). El menor atisbo de igualdad, aún en el vestir, desagrada sobremanera a las crías de aristócrata. Una ausencia de referencias religiosas navideñas en la cabalgata crispó a la moderada Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, XV marquesa de Casa Fuerte y ex-consorte del Conde Güell. Era hace una década. Ahora la aristócrata, número dos del PP, vuelve a exhalar improperios contra el gobierno socialista, aprovechando el accidente de trenes de Toledo, para responsabilizarle de las muertes. Aún sin enterrar los cuerpos se busca rédito electoral y si entre los fallecidos se encuentra algún correligionario, mejor que mejor. Así, Fátima Bañez, la Ministra de Empleo que se encomendaba a la Virgen del Rocío para salir de la crisis, al tiempo que establecía una reforma laboral contestada por los sindicatos con una huelga general, fue la que estableció que las pensiones subieran el 0,25% anual. Aún recuerdo la cara airada de mi madre con una pensión de algo más de 400 euros. Sus palabras: «hijo, me suben un euro con diez céntimos; la carta en la que me lo anuncia una tal Fátima cuesta más. Si la vida ha subido el 2%, nos están robando el 1,75%. Nos toman por lelos y pretenden que nos alegremos. ¡Sinvergüenzas!». Tuitea Cayetana que Fátima era «la exacta antítesis de Óscar Puente»: «frente al matonismo, la soberbia, la incompetencia, la frivolidad y sectarismo» de este, «la bondad, la humildad, la gestión, el rigor y el acuerdo» de aquella. Y vaticina, «Fátima es el símbolo de la España que volverá». Así que ya sabéis lo que viene para la plebe si ganan los marqueses: rezos, mentiras y resignación cristiana, que viene a ser lo mismo o parecido.