En una tribuna en el periódico referencia del conservadurismo francés, un abogado reconvertido en periodista de economía en el mismo medio y posteriormente en historiador, advirtió la semana pasada de que el ejemplo siciliano vendría a demostrar que, «cuanto más se acercan los centros decisorios al territorio, más se se incrementa el poder de los grupos que lo controlan», por lo que, con el fin de evitar «la aceleración de la proliferación mafiosa» en Corsica, habría que frenar en seco el proyecto autonómico previsto en la isla que la monarquía borbónica compró hace un par de siglos y medio a los genoveses sin preguntarles ni la hora a sus habitantes. Es curioso que ese tipo de librepensadores se preocupen tanto por los problemas de corrupción local y apenas dediquen unas líneas a estos modernos Estados del unto, del cohecho y de la prevaricación que son esta quinta República heredera del imperio colonial, esta otra Monarquía Constitucional hija adoptiva de la dictadura franquista o cualquier otro sistema de gobierno de los alrededores, plegados todos a una red antigua de intereses económicos que se ha modernizado con trapos democráticos y que sigue impasible con sus negocios mientras ocurre un genocidio a una hora y media de avión. No hay mafia mayor. Ni más impune. Y se diría que paga bien a sus sicarios.