Marcha
Tenía justo que ser la víspera del 8 de marzo el día elegido por la organización de Miss Francia para presentar su gala Miss Pays Basque en Senpere, una edición en cuyo cartel destaca una ikurriña flotando al viento, signo evidente de que soplan otros aires y no precisamente sanos a pesar de que ya hemos rebasado el primer cuarto de este siglo XXI que se presumía más abierto y más igualitario y que sin embargo nos arrastra cien años atrás al patria, familia y trabajo.
Desde que en 1920 se organizó la primera ceremonia de Miss France, se han replicado formatos similares en todo el mundo, con la imagen de la mujer como objeto en un universo esencialmente masculino y especialmente en el ámbito económico.
A pocos kilómetros de donde nueve chicas de sonrisas ensayadas intentaban convencer al público y al jurado no se sabe bien de qué, la asociación Andere Nahia, que trabaja acompañando a mujeres emprendedoras en medio rural, constata con un rictus mucho más serio que sólo una de cada cinco nuevas empresas es creada por una mujer, entre otros motivos porque aún hay «frenos culturales, estructurales e interiorizados que nos llevan a no sentirnos legítimas». Por ello y por más, ayer volvió a reivindicarse que hay que cambiar de marcha.
