Un círculo de mujeres mirándose el coño con espejos es ya imagen icónica del despertar feminista de los 70, pero siempre se puede llegar más al fondo de todo. Pasé entregada a tales encantadores menesteres el infame 12 de octubre, en una aldea queer llamada Zazpe. Mi amiguísima Diana J. Torres aka Pornoterrorista impartía su Taller práctico experimental de próstata y eyaculación para personas con vulva. ¡Leed su "Coño potens. Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos", publicado hace diez años en Txalaparta! Así me convertí en iluminadora de coños. Yo iba proyectando la linterna del móvil sobre los pliegues abiertos de las entrepiernas, en busca de los conductos prostáticos de cada una. O uno: se apuntó al taller también un precioso chico trans. Diana grababa en vídeo y los primerísimos planos genitales aparecían en pantalla grande. Obvio que alrededor y encima de todas las uretras fueron desplegándose esos dichosos agujeritos por los que tenemos la capacidad de eyacular a chorros, sobre todo con la calentura. Yo ya sabía que cada chichi es distinto, pero tan de cerca, son todavía más distintos. La medicina occidental ha sido, y todavía sigue siendo, negacionista de nuestra próstata, de que los cuerpos con coño tienen también próstata. Negar desde la ciencia la existencia de un órgano carnal que la mitad de la población posee solo puede venir de una élite profundamente patriarcal, binaria, misógina y sexófoba. Negar la evidencia física y constatable. Nosotras no tenemos próstata y la Tierra es plana. Porque, de hecho, los tejidos de la próstata de alguien identificado como hombre y de alguien identificada como mujer no se distinguen bajo el microscopio. Y a menudo, el cáncer se origina en ese órgano que dicen no tenemos y, por tanto, no se revisa, y para cuando llega al útero y los ovarios ya está avanzado. Nos sacrifican en nombre del sacrosanto binarismo de género, porque claro, lo más abominable es aceptar que ni la biología puede sustentar la diferencia entre hombres y mujeres, y por tanto, la desigualdad.