Me lo han contado amigas putas, que cada cierto tiempo les vienen con algún programa para sacarlas de la mala vida. Es muy fácil, deben acudir a unos cursos donde les explicarán que se puede dejar atrás el puterío si una quiere. Tienen que comprometerse, como si fuera una dieta milagro. Y para motivarlas les ofrecerán un dinerillo, eso sí, no pueden faltar a clase y les harán firmar un papel en el que juren por lo más sagrado que mientras dure el cursito, no van a putear. Por supuesto, si mis amigas deciden completar estos cursos es por la pasta, y putearán esos días si necesitan putear. Estas oenegés salvadoras también lo hacen por la pasta: reciben cantidades ingentes de dinero público. Y porque infantilizar y humillar a las mujeres malas siempre ha sido primordial empeño del orden patriarcal.Hay algo muy pernicioso en la negativa frontal a considerar la prostitución como un trabajo, y no solo para quienes se ganan la vida puteando, mayoritariamente mujeres precarizadas. Cuando se argumenta que cobrar por sexo no puede ser un trabajo, siempre se hace en oposición al resto de actividades remuneradas, como si formaran un bloque idealizado, que sí son trabajos. Para que la prostitución sea tan aberrante como para prohibirla y perseguirla, necesariamente se dará por hecho que el resto de trabajos son aceptables. Y hay muchos empleos que conllevan actualmente condiciones de explotación y vulnerabilidad terribles. La absoluta excepcionalidad desde la que abordamos la prostitución es mil veces problemática, y reveladora. Por cierto, las alternativas laborales decentes que estos cursitos milagro revelan a las putas se reducen a los trabajos más explotados y feminizados. Meter mil horas limpiando y cuidando en los horarios más fragmentados por un sueldo mísero para subcontratas que burlan los convenios. Este mes dicen que el Ministerio de Igualdad propondrá su proyecto de abolición de la prostitución, veremos cómo se les ocurre que se van a ganar la vida las más de 100.000 mujeres que se dedican a ella en el Estado español.