Dice la escritora y activista Arundhati Roy que por primera vez en años, siente que es maravilloso ser india, esperanzada en las movilizaciones de las cucarachas. Fue nada menos que el presidente del Tribunal Supremo quien llamó a la inmensa juventud desempleada y empobrecida por un sistema económico injustísimo «cucarachas» y «parásitos de la sociedad». Llevaban semanas protestando desde que se supo que, de nuevo, las pruebas de acceso a la universidad se habían filtrado entre las familias más privilegiadas. Son precisamente millones de estudiantes de origen más humilde quienes salieron perdiendo, mientras sus progenitores se endeudaban de por vida tratando de darles un futuro que ya estaba amañado en su contra. Así que cuando desde el poder les llamaron cucarachas proclamaron: cucarachas seremos. Marabunta de cucarachas. Me vuelve a maravillar la reapropiación del insulto como estrategia revolucionaria. En México hay 158.000 aspirantes a la universidad que no saben si sus pruebas de acceso van a ser dadas por válidas por culpa de la IA, de las sospechas de que parte de los resultados pudieron ser obtenidos de manera fraudulenta por el uso de la IA. Exámenes online, claro. La IA me tiene hasta el mismísimo, y voy a citar a una personaja de una serie grandiosa, ‘‘Hacks’’, porque lo que dice lo escribió un equipo de gente, de guionistas de carne y hueso. Ava le espeta a un tecnobro: «y en gran parte por eso la odio, por su forzada inevitabilidad. La gente como tú siempre está con que pasará nos guste o no, pero sois los que estáis haciendo que pase. Y sé que podríais parar si la gente pudiera decir que no la quiere, pero no queréis darle la opción». Hannah Einbinder, la actriz y humorista que le da vida es grandiosa: judía queer pro Palestina. Y venga, amigas, seguid usando esa IA que derrocha cantidades ingentes de agua para cualquier chorrada, total, es inevitable que gane el capital y se queme el planeta. Menos mal que hay cucarachas agitando la esperanza.