Vengo de pasar una fiesta gloriosa por la Terra Alta de Tarragona, bailando como brujas con el mismo cierzo nocturno que ventila también nuestro Sur, entre el desierto y el Ebro. Al tercer día de la boda marica que nos ocupaba, por papeles y por amor, fuimos a unas pozas. Paradisíacas para cualquiera; y de nexus, más. Quedábamos cuatro, pero cundíamos como cuatrocientas. Imaginamos ser tribu paleolítica, pueblo no contactado, pero con neverita para la tortilla y el vermú. Entonces, se aproximó otra tribu. Nosotras desnudas, dichosas y queers; ellos, textiles, rígidos, patriarcales. El choque fue inevitable y vencimos. Los expulsamos. Rebobino. Nos habíamos apartado a la sombra terrestre, para comer. Cuando regresamos al agua, ya se habían desplegado. Había dos niñas en bañador recostadas sobre las rocas, tres chavales en masculino saltando a gritos desde lo alto al agua, y dos maromos adultos vigilantes. Reproducción binaria de roles patriarcales en tiempo libre: los identificamos como tribu «paletolítica». Al vernos aproximarnos nos reprocharon nuestra desnudez, por respeto a la infancia presente, como no. Ya se sabe que no hay nada que violente más a las criaturas humanas que la visión de pollas y coños y culos y tetas humanas: tiene todo el puto sentido. Recomiendo el fanzine de la prodigiosa Layla Martínez, “Infancia y control social”. El discurso de los abusos como método de disciplinamiento. Mi bisabuela decía, yo con «castillanas» no hablo. Nosotras dijimos, con idiotas no hablamos. Y empezamos a cantarles el «larari larará» de La Tigresa del Oriente berreando Indigente. Advierto que nunca os la podréis sacar de la cabeza. Al poco rato, se marcharon. Creo que lo que más perturbó a los machos dominantes fue la visión de las pedazo vergas mariconas de nuestra tribu. Al rato llegó otro grupo, textil y familiar pero amoroso: compartimos la dicha estival sin problema. Iván me dijo, que por su acento, eran del Iparralde català. Que cante ahora su alegría Estrella Morente, Coquinas. «Yo le di un duro al barquero, por pasar el Ebro a verte...».