Liderados por Sudáfrica, siete países del Continente Negro recalan hoy en Kiev y llegan mañana a Moscú en un intento de mediar en una guerra, de la que, al margen de la propia Ucrania y de Rusia vía sanciones, África es económicamente la mayor damnificada por la crisis alimentaria mundial agravada por el conflicto.La iniciativa se suma a las que, desde el Brasil de Lula y el Vaticano, intentan sentar en una mesa a ambos contendientes. La mediación africana llega avalada por una pátina de neutralidad que no es del agrado de Kiev pero que puede abrir, no sin algunos problemas, las puertas de un diálogo con el Kremlin.Y no solo por las estrechas e históricas relaciones de Sudáfrica con Rusia, ambos miembros de los BRICS.África ha sido el continente más renuente a la hora de sumarse a las exigencias occidentales de condena a Rusia. Al punto de que la mitad de los países africanos se han sacudido esa presión absteniéndose o ausentándose de las votaciones de la Asamblea General de la ONU (solo Eritrea se posicionó a favor de Moscú). Tampoco la Unión Africana, cuyo presidente de turno forma parte de la delegación, ha debatido hasta ahora una posición común Es indudable que la creciente presencia militar-diplomática de Rusia en Oriente Medio y en África, aprovechando el repliegue occidental (EEUU), presencia que toma forma en el Sahel y en República Centroafricana con el desembarco del grupo de mercenarios Wagner, puede hacer de freno para secundar desafíos internacionales a Moscú.Pero, por mucho que les pese a las noqueadas potencias occidentales, eso no agota la explicación. Cuando estas exigen un posicionamiento sin ambages contra la irrupción en las fronteras de otro país por parte de Rusia, los apelados recuerdan la invasión de Irak, los bombardeos sin mandato de la OTAN contra Serbia y, sobre todo, la intervención militar en Libia que acabó con el linchamiento de Gadafi y abrió la Caja de Pandora. El agravio por el pasado colonial está ahí, vivo, así como el recuerdo del apoyo que la URSS brindó a los países que lucharon para desasirse de aquel yugo.Los africanos contrastan asimismo el distinto trato que Europa da a los refugiados ucranianos y a los que mueren ahogados en el Mediterráneo u olvidados en centros de retención y campamentos inhumanos. Tampoco podemos olvidar que, con excepciones, la mayoría de los líderes políticos del continente no son precisamente respetuosos con sus respectivas poblaciones. Como para que les importe lo que pase con los ucranianos. Pero el elemento más significativo es que África reivindica su papel en un mundo cada vez más multipolar, y su derecho a la geometría variable en las nuevas relaciones internacionales. Una oportunidad y una apuesta arriesgada, ya que puede suponer una diversificación de sus dependencias. Como ejemplo, Rusia puede utilizar el acuerdo del grano y su suspensión como palanca de presión y ya ha advertido a Sudáfrica, signataria de una Corte Penal Internacional que ha ordenado el arresto de Putin, contra eventuales problemas a su asistencia en Pretoria a la cumbre de los BRICS.