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Cuidado, que las armas las carga… Trump

Desde que comenzó el levantamiento antirracista en EEUU, el presidente de EEUU no deja pasar un día sin responder con provocaciones a la ira por la muerte por asfixia del negro George Floyd a manos de la policía blanca.

El mismo día que comenzaron las protestas, recordó –amenazó– a los manifestantes que « cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos..». El mensaje, publicado en Twitter, provocó una amonestación por parte de la red social por glorificar la violencia.

Desde entonces, y lejos de arredrarse, el magnate ha pisado su acelerador provocativo, amenazando a las concentraciones ante la Casa Blanca con «lanzarles a los perros», presentándose, Biblia en mano, como el «defensor de la ley el orden», llamando al Ejército a tomar las calles…

Con sus amenazas y provocaciones, el antiguo showman de televisión no ha conseguido sino aumentar la ira y las protestas, abonando la tesis que le presenta como un inepto irresponsable.

Irresponsable lo es, sin duda, pero de inepto tiene poco. Porque es eso lo que precisamente busca Trump. Que la ira popular se desborde o que, al menos, sea identificada con los saqueos y ataques de rabia que, aunque minoritarios, se están dando en algunas ciudades del país.

Con una gestión desastrosa del coronavirus que le ha convertido en epicentro mundial de la pandemia (106.181 muertos, 1,83 millones de personas contagiadas y 20.000 nuevos casos diarios), y con más de 40 millones de parados,  el presidente de EEUU ha decidido agarrarse al clavo ardiendo de las protestas antirracistas para mantener prietas las filas de su electorado fiel (un tercio de los votantes) y avivar el miedo y la premisa por la seguridad –aunque sea racista y totalmente asimétrica, como ha vuelto a quedar de manifiesto– del electorado de centro e «independiente».

Esa puede ser su única y última oportunidad para revalidar en 2020 su sorprendente pero ajustadísima victoria de 2016.

No pocos han comparado el actual levantamiento con el Mayo del 68 estadounidense, el movimiento por los derechos civiles, las protestas contra la Guerra de Vietnam…

Puede que tengan razón pero olvidan que, en las elecciones de noviembre del 68 el que ganó fue el republicano y belicista Richard Nixon. Y algunos analistas aseguran que su inesperada victoria se cimentó en un corrimiento de entre un 2 y un 8% a favor de su candidatura por el vértigo de parte del electorado ante el levantamiento social.

Cuidado, pues, que las armas las carga aquí Trump. Un diablo, sí, pero sin un pelo de tonto.

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