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En el filo de la navaja en Siria, Erdogan amenaza con arrastrar al abismo a la UE

El bombardeo que ha matado a una treintena de soldados turcos -algunos sostienen que la cifra se quedaría corta- en un puesto de observación militar en Idleb se interpreta, más allá de la bandera bajo la que volaban los cazas, como un golpe encima de la mesa de Rusia, y una advertencia de Putin a su 'amigo' Erdogan de que se ha acabado el juego en el que Moscú ha escenificado un intento de contemporizar su plan para reasentar sus reales en Oriente Medio con las veleidades neotomanas de Ankara. 

La contraofensiva en la que los rebeldes sirios hoy a sueldo de Turquía recuperaban horas antes el control de la estratégica ciudad de Saraqueb, cortando otra vez la autovía M5 que comunica Damasco con Alepo, habría sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia del Kremlin, que decidía levantar el pie con el que hasta ahora había frenado al Ejército Regular Sirio en sus escaramuzas, mortales pero escaramuzas, contra el Ejército turco.

Putin envía un demoledor mensaje a Erdogan recordándole, por si hacía falta hacerlo, quién es su aliado, o mejor dicho su protectorado, en la región: la Siria de Bashar al-Assad.

Sabedor, además, de que Turquía podría reaccionar cerrándole el paso por el estrecho del Bósforo y los Dardanelos, Rusia ya se ha adelantado enviando otras dos fragatas a la zona. 

Putin pone a Erdogan ante una difícil tesitura. La de declarar oficialmente la guerra a Siria (y a Rusia), lo que haria saltar en pedazos los acuerdos con Moscú que le permiten controlar cientos de kilómetros de frontera y cortar, geográfica y políticamente, la Rojava kurda.

Entre la espada y la pared, y abandonado a su suerte por su hasta ahora socio y homólogo ruso, el presidente turco necesita aliados y lleva semanas apelando a sus aliados de la OTAN, léase a EEUU, urgiéndole a que le permita desplegar su sistema antimisiles Patriot en la frontera.  

Pero en Washington no olvidan los desplantes de Erdogan y su insistente tozudez en comprar el sistema antimisiles ruso S-400. Además de eso, no es fácil imaginar que Trump esté dispuesto a enfangarse en otro conflicto, siquiera por delegación y además contra Putin, en pleno año electoral y cuando ultima un repliegue de Afganistán.

En esta tesitura. el líder turco ha decidido redirigir el puñetazo que le ha propinado Putin hacia el vórtice más débil del panorama internacional: a Europa. 

Así, ha decidido trasladar a cientos de refugiados sirios a la Tracia turca y poner a Bruselas ante el aterrador escenario de una repetición de la avalancha de 2015. Aderezada esta vez con el pavor a la pandemia del coronavirus. Una bomba.

Erdogan, que tiene a otro millón de desplazados sirios huyendo de los bombardeos y hacinados en la frontera de Idleb, repite su manido e inhumano chantaje. 'Si me dejáis solo cargaréis con las consecuencias'.

 Pronto sabremos si estamos ante su última bravuconada. 

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