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Con las colonias, Trump se apuntala a sí mismo y apuntala a Netanyahu

Con su decisión de bendecir la colonización judía de los territorios ocupados, Trump mata dos pájaros de un tiro.

De un lado, lanza un guiño al electorado evangélico estadounidense, que abraza desde hace años el mito del sionismo americano (EEUU como la escenificación de la Nueva Sión). Y lo hace al arrancar una semana clave en las audiencias públicas en el Congreso en el marco del proceso de impeachment.

De otro, apuntala a un Benjamin Netanyahu debilitado tras sendas elecciones y que no solo afronta el riesgo de ser descabalgado del poder por una coalición liderada por el militar Benny Gantz, sino de, ya sin inmunidad, acabar en el banquillo de los acusados e incluso en la cárcel por los escándalos de corrupción en los que está enfangado. 

El primer ministro en funciones ya se ha encargado de torpedear la posibilidad de que el gupo parlamentario árabe (palestino) permita siquiera con su asbstención un ejecutivo liderado por Gantz con su reciente campaña de «asesinatos ¿selectivos?» contra la Yihad Islámica.

Ahora, con la ayuda de Trump, Netanyahu refuerza su ascendiente entre los colonos judíos y los partidos que los representan. Hoy mismo, ha anunciado su aprobación para seguir adelante con un proyecto de ley que aplicaría la soberanía israelí al valle del Jordán.

Más allá de intentar apuntalar a Netanyahu y a él mismo, la decisión de Trump es una nueva vuelta de tuerca prosionista tras el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y de su soberanía sobre los Altos del Golán ocupados a Siria.

Lo que no es poco, pero que tampoco supone un giro en la política estadounidense sobre las colonias judías. Al justificar el anuncio, el secretario de Estado, Mike Pompeo, rescató unas declaraciones del entonces flamante presidente de EEUU, Ronald Reagan, quien en 1981 afirmó que las colonias «no son ilegales».

Lo que Pompeo obvió fue que el propio Reagan las consideró una provocación y pidió que Israel congelara sus proyectos de anexión.

Esta última ha sido la posición, más o menos oficial y oficiosa, de las distintas administraciones que se han sucedido desde entonces y han precedido a la de Trump.

Pero, teniendo en cuenta que cuando el áctor que devino inquilino de la Casa Blanca había menos de 10.000 colonos en Cisjordania y que hoy, con el showman en el Despacho Oval rondan el medio millón, sostener que Trump ha forzado un cambio en la política de EEUU sobre el particular es no ya un exceso sino un insulto a la población palestina que es sistemáticamente expulsada de sus tierras, barrios y casas.

 

 

 

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