Marianito GORRI

El padre de Caravinagre: santos, pelucas, un pato y un melón gigante

El artífice de Caravinagre fue un escultor valenciano que da nombre a una calle de poca entidad en Valencia. Los biógrafos de Vicente Rodilla pasan por alto que quizás su obra más destacada sea uno de los dos kilikis que envió a Iruñea hace 85 años por 1.225,40 pesetas.

Caravinagre, saliendo a repartir leña este martes, día de San Fermín.
Caravinagre, saliendo a repartir leña este martes, día de San Fermín. (Idoia ZABALETA | FOKU)

Los dos miembros más jóvenes de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos son el Verrugas y Caravinagre, que estos sanfermines cumplen 85 años. Es bastante conocido que la pareja de kilikis se construyó en el taller Porta-Coeli, en Valencia, y que llegaron a la ciudad en el año 1941. Así que decidimos celebrar el cumple buscando aquel taller, a ver si queda algo de rastro de él. 

Arrancó mal la cosa. Al historiador del Gremio de Artistas Falleros no les sonaba de nada el taller Porta-Coeli. No era uno de los grandes o famosos allá.

El nombre del lugar donde nació Caravinagre, en un primer momento, no ayudaba mucho. Porta-Coeli no es ningún topónimo en catalán, sino sencillamente «Puerta del Cielo» en latín.

El latinajo arraigó en esa zona, pues existe en las cercanías el Monasterio Cartujo de Santa María de Porta-Coeli, ubicado en Sierra Calderona, que es del siglo XIII. 

Unai Lako, experto en gigantes, proporcionó otro dato que solucionó el entuerto. El artista que regentaba aquel taller desaparecido, el padre de Caravinagre y el Verrugas, se llamaba Vicente Rodilla. 

Su nombre aparece en el intercambio de facturas con el Ayuntamiento pamplonés, entre otras cosas, porque la idea original era que los dos kilikis llevaran peluca, pero a los de Iruñea no acabó de convencerles aquello, de modo que el artista se las acabó descontando. La cosa quedó, al final, en 1.225,40 pesetas por los dos «cabezotas».

Ocho décadas y media después, la opción municipal no solo se revela como la más económica, sino también la más higiénica.

El nombre de Rodilla lo cambia todo, pues fue un escultor de fama. Seguirle la pista resulta una aventura fascinante que comienza tras el golpe de Estado de 1936, cuando perdió su primer taller.

No hemos conseguido saber si ardió a causa de los bombardeos nazis e italianos sobre la ciudad o porque fueron a por él los republicanos. Resulta más sencillo inclinarse por lo segundo. Rodilla sí que tuvo que esconderse de los rojos, porque de su taller salían santos y vírgenes, además de cabezudos, y tenía un hermano que era un religioso relevante, Antonio, que era amigo personal y confidente de José María Escrivá de Balaguer. 

Rodilla hizo fortuna reponiendo imágenes que desaparecieron en zona republicana y gracias a encargos del obispo Marcelino Olaechea.

Con la victoria del bando fascista, la suerte cambió notablemente para el artífice. Los republicanos habían prendido fuego a santos y vírgenes. Alguien debía reponerlos.

De modo que Rodilla recompuso su taller y comenzó a recibir un sinfín de encargos de carácter religioso, de ahí lo de Porta-Coeli. Estudios de la Diócesis de Valencia le atribuyen a Rodilla 115 de estas figuras. Buena parte de ellas, por cierto, las encargó el obispo Marcelino Olaechea, que se trasladó del Arzobispado de Iruñea al de Valencia en 1946.

El nacimiento

El historiador del Gremio de Falleros explica que el arte sacro y la fabricación de figuras de cartón piedra más populares siempre tuvieron una ligazón estrecha, porque la técnica es la misma. 

«Como las fallas de esa época y la imaginería popular –vuestros kilikis y Caravinagre– primeramente se hacía una escultura en barro de la pieza, armazonada con madera para evitar su desplome. De esta se sacaba un molde de escayola; y este molde en dos piezas, normalmente, donde quedaba la copia en negativo de la pieza, se rellenaba con trocitos de papel y cartón con colas y aglutinantes», explica. 

Una vez seco, «se desmoldaba, se montaba la pieza y se procedía a corregir defectos con pasta de cola y serrín. Se le daba un lavado con carbonato cálcico con cola, y a pintar siguiendo la técnica de la imaginería religiosa: una chamberga de aguarrás y aceite de linaza al baño maría que se aplicaba a toda la pieza para que al pasar el pincel con la pintura al óleo, esta se fundiera y fuese más rápido el proceso».

Así nacieron Caravinagre y su hermano el Verrugas. 

Verrugas, el hermano de Caravinagre que no alcanzó su misma popularidad. (Iñigo URIZ | FOKU)

El escultor le pegó a todos los palos en las dos décadas siguientes: cabezudos y santos por doquier. Y también a las fallas, claro, como no podía ser de otra forma. 

Presidió el Gremio de Falleros entre 1952 y 1954. Su mandato fue breve y con pocas aportaciones. Principalmente, se le conoce por un fiasco. Construyó una «magna carroza» con el nombre de “El món per un forat” que tenía forma de un melón de proporciones gigantescas que incluía en su interior diversas escenas satíricas.

La traducción del título sería “El mundo por un agujero”, pero es una frase hecha. 

Alguien que no ha visto el mundo por un agujero es alguien sin experiencia o un ingenuo, como lo fue el propio Rodilla pensando que su melón gigante iba a funcionar. 

Tras dejar mal recuerdo entre los falleros, Rodilla se centró en la imaginería religiosa: vírgenes, santos, cristos…

La bonanza en este negocio le duró hasta mediados de la década de los 60, cuando el Concilio Vaticano II promovió la sobriedad en el culto y aparcó lo de las figuritas, alegando que poco tienen que ver con la Biblia. 

Estatua de Rodilla en homenaje a Walt Disney. (Ayuntamiento de VALENCIA)

Para entonces, Rodilla había alcanzado notoriedad internacional. Su obra es brillante en ocasiones, y en otras, no tanto. Tiene una estatua dedicada al Walt Disney en forma de Pato Donald fea como pocas, a la que han arrancado la mano varias veces y que en la ciudad dicen que está haciendo autoestop. Se la encargó el Ayuntamiento de Valencia cuando el Vaticano le cerró el grifo.  Firmó también obras bien siniestras, como un relieve conmemorativo dedicado al golpista José Sanjurjo. 

La patente de los mosaicos Lo interesante del pato es que los colores de la misma se consiguen con losetas de mosaico. Y es que Rodilla patentó una fórmula para generar mosaicos con figuras religiosas en relieve. Hay mosaicos suyos de este tipo en Jacksonville, EEUU, y estuvo a punto de colar algunos en el santuario de Arantzazu, pero al final no cuajó. Sí lo hizo, por contra, en Urnieta. 

Cerramos el viaje con un regreso inesperado a Iruñea, pues varios de estos mosaicos en relieve se encontraban en la portada del antiguo colegio de los Salesianos, derribado en 2020 para la construcción de varias torres de pisos. 

Estas figuras que coronaban la puerta principal llevaban camino de la escombrera, pero fueron salvadas en el último minuto por un arrebato nostálgico de antiguos alumnos.

El padre de Caravinagre trabajando en uno de sus mosaicos en relieve, en una imagen restaurada con IA. (Asociación Antiguos Alumnos de Salesianos)

Y es que las distintas promociones de Salesianos se sacaban la foto final en la escalinata de acceso al centro, por lo que en todas esas fotos aparecían al fondo los mosaicos de Rodilla.

En Iruñea, nadie sabe que aquellos relieves de Salesianos, Caravinagre y Verrugas salieron de las manos de la misma persona. Fuera de Iruñea, tampoco.

El kiliki más popular no fue sino un encargo menor en un momento de máxima producción de su taller. Los estudiosos de su obra se han centrado en lo religioso, por lo que lo han pasado sistemáticamente por alto. 

Y eso que este kiliki es la figura que más devotos tiene de todas cuantas hizo. Eso seguro. 

Una última anécdota. En su momento, hubo comentarios de que Rodilla se parecía bastante a Caravinagre, que parecía una caricatura de sí mismo. «No es difícil notar cierto parecido­–decía Mari Ganuza, eterno presidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos– sobre todo en el mentón».