Peña Irrintzi: La «tribu» de Nabarreria cumple 75 años
Dos cuadrillas de gente de Alde Zaharra ligadas al mundo del deporte fueron el germen de una peña que las ha visto de todos los colores. Divisiones, cambios de sede, un incendio..., sucesos que no han hecho sino fortalecer la «tribu» de los blusas negras.

«Grupos de personas con intereses afines». Es una de las varias definiciones del término «tribu», vocablo con el que a Elena Marco, presidenta de la peña Irrintzi, le gusta englobar al colectivo de los 312 socios que pagan cuota, otros 44 honoríficos –jubilados y con más de tres décadas de permanencia– y 60 txikis, que contribuyen con una aportación sim-bólica al mantenimiento de esta asociación con claro espíritu sanferminero.
Y que está de enhorabuena en este 2026, pues se cumplen los 75 años de su existencia. Un origen que se remonta a 1951 y tiene un remarcado carácter deportivo, cualidad que mantiene hoy día. Dos décadas antes, en 1930, se forma el club de fútbol Irrintzi, cuya trayectoria se ve truncada por la Guerra del 36 y que retoma su funcionamiento en 1940.
La buena camaradería existente entre deportistas y aficionados de esta entidad con otro equipo de la época de parecidas características –el Iruña– hace que surja la idea de crear una peña sanferminera que ve la luz en septiembre de 1950, pero se estrena en los sanfermines de 1951, bajo la denominación de «Irrintzi de Iruña», para aglutinar a ambas cuadrillas de amigos.
«Eran gente de corte nacionalista, que quería juntarse para ir a los toros», explica Marco. Su uniforme identificativo es la blusa negra, un guiño a la vestimenta que utilizan los habitantes de la zona montañosa de Nafarroa, de donde procede el nombre euskaldun de la peña.
Paso por comisaría
A aquellos pioneros nos les faltaba cierto talante indómito y socarrón, algo que les trajo más de un problema, sometidos a la dictadura que les tocó vivir por aquellos años. Incluso el presidente de la época tuvo que pasar por comisaría y responder ante el juez a cuenta de una canción que rezaba “hay tres cosas en Pamplona que no las quiere ni dios: el alcalde, el obispo y el señor gobernador”. «Afortunadamente, toparon con un magistrado al que le hizo mucha gracia la tonadilla y la cosa no pasó a mayores», comenta la presidenta de Irrintzi.
Tras una breve estancia en el Palacio del Condestable, los socios deciden adquirir en 1953 un local en la calle San Agustín, número 32, enfrente del frontón Euskal Jai, momento en el que comienzan las primeras desavenencias, que derivan en la separación de ambos grupos. La peña, que conserva su sección de fútbol, pero cuya actividad se centra de manera más intensa en la montaña, pasa a denominarse de manera exclusiva como «Irrintzi».
No fue hasta 1964 cuando se materializa una nueva mudanza, esta vez a la calle Estafeta, número 23, aunque la tortuosa convivencia con el vecino de arriba –un militar retirado– obliga al definitivo traslado a Nabarreria, concretamente a la calle Carmen, número 8, local donde prosigue ubicada hasta nuestros días y sobre el que se llevó a cabo una importante reforma culminada en 1994.
Un espacio que sufrió un serio revés en enero de 2016, como consecuencia de un incendio que se originó en una vivienda particular situada en la parte superior. La sede de la peña sanferminera no resultó afectada por el fuego, pero sí acabó muy dañada por las labores para extinguirlo. «Fue un cataclismo del que nos costó recuperarnos año y pico, gracias a la enorme solidaridad del Bullicio, la Herriko y Arrano Elkartea, y el esfuerzo sobrehumano de los socios, especialmente económico, pues, aunque litigamos con los seguros, nadie nos cubrió nada», recuerda el vicepresidente Carlos Goicoechea.

Como el ave fénix, superado ese imprevisto escollo, hoy día el lugar se ha quedado pequeño, aunque ahora mismo Irrintzi no dispone de músculo financiero para afrontar una nueva ampliación. Sí para costear los actos que se han realizado con el objetivo de festejar el 75º aniversario, distribuidos siguiendo el patrón de la escalera sanferminera.
Éxito rotundo
Y que han tenido un marcado carácter deportivo, como no podía ser de otra manera. El esquí, fútbol, montaña –área especialmente activa–, el grupo de kantuz y la historia de la peña en el tendido de sol han sido las temáticas de las diferentes conferencias que se han desarrollado entre febrero y junio, acompañadas de comidas, tardeo y música. Una exposición de fotografías antiguas instalada en el Palacio del Condestable, un reconocimiento a los peñistas más veteranos y la multitudinaria comida sanferminera del pasado día 9, con expedición egipcia incluida a la plaza de toros, han completado el nutrido programa.
«Ha sido un éxito rotundo, con la participación de socios y allegados de las más diversas edades, que ese era uno de los objetivos: que la celebración tuviese un carácter intergeneracional, que los más jóvenes conociesen la historia de las diferentes secciones de la peña y el ingente trabajo que se ha venido realizando durante todos estos años para mantenerla viva, con la idea de que se empapen de la esencia de Irrintzi», explica Marco.
Precisamente, una de las señas de identidad de esta peña es el trabajo en equipo, el auzolan, ya que «no contratamos a ninguna empresa para realizar los diferentes trabajos, es algo que queremos fomentar entre la gente joven que está entrando, los demás lo hemos vivido desde siempre y se nos ha inculcado, debe ser una filosofía que continúe en las siguientes generaciones», defiende Goicoechea.
Hay tradiciones que es necesario preservar, pero otras obligado aparcar. Irrintzi también ha dado ese paso ineludible. Marco se convirtió este año en la primera presidenta en la historia de una peña que fue la última en admitir mujeres como socias, algo que se aprobó en 1992. «Es curioso porque la mujer tenía un papel muy predominante: trabajaban en la confección de la pancarta, preparaban las meriendas y participaban en la organización de muchas secciones», argumenta.
Estropadak
Goicoechea defiende la condición de «refugio» de Nabarreria, donde la vorágine sanferminera se siente bastante menos que en otras zonas –Jarauta, por ejemplo–, además de generar una camaradería competitiva que se ha llevado incluso hasta el mar Cantábrico.
De la típica conversación de «sujétame el cubata» y «yo soy mejor que nadie» se acabó en un desafío de lo más pintoresco. Enfrente, los amigos y vecinos de El Bullicio. La prueba, una regata en Hondarribia en 2018, con patrones experimentados incluidos. La revancha, una vez superada la pandemia, en 2023. «Nos plan- teamos volver a hacerlo coincidiendo con nuestro aniversario, pero los problemas burocráticos eran demasiados», expone el vicepresidente.
Como colofón, un análisis de la evolución que se está produciendo en los sanfermines. «La gente prefiere ahora vermut y tardeo, tenemos que hacer tetris para comidas y cenas, antes había que echar al personal de la peña a palazos cuando amanecía», indican.

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