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Histórico concierto de Kris Davis Trío en Gasteiz

Explosión de jazz actual en el Palacio de Congresos Europa a cargo de la pianista canadiense Kris Davis y su trío, mientras que la saxofonista catalana Irene Reig se consolida como band leader en Mendizorrotza. La jornada se completó con la performativa gira sideral de la Sun Ra Arkestra.

Concierto de Irene Reig en Jazzaldia.
Concierto de Irene Reig en Jazzaldia. (Raul BOGAJO | FOKU)

Sigue el jazz ocupando la actualidad de Gasteiz. No hay manera de no encontrarse con un cartel del festival en la panadería, en el bar o en la tienda de ropa. No hay manera de darse un paseo y no cruzarse con la Broken Brothers Brass Band, con algún concierto en la calle o con algún grupo local improvisando en garitos de la ciudad, dando color al calor. Sí hay manera, en cambio, de asistir a una charla en Hibridalab o a una masterclass impartida por músicos que luego presentarán sus credenciales en los principales escenarios de la ciudad.

Esto de las clases maestras parece menor a priori, pero es una posibilidad de contacto directo y de escuchar cómo quienes están en la pomada se plantean el estudio, la composición y sus prioridades a la hora de abordar la música. En cualquier ciudad con jóvenes que quisieran ampliar su mirada musical, estas serían un tesoro valioso, porque estimula a quienes aspiran a tocar y les acerca la experiencia real. Acceder de primera mano a la información de los músicos admirados desde las butacas es, sin duda, una oportunidad que no debería desaprovecharse.

Kris Davis Trío eleva el listón hacia lo imposible

A las 17.30 de este jueves, con un calor que aprieta pero no alcanza el de otros años por estas fechas, los aficionados al jazz tenían una cita en el auditorio Europa con una artista cuyo nombre quizá no mueva grandes audiencias, pero sí dignifica cualquier programación. No es que no haya sido reconocida con galardones importantes –como un Grammy a la pianista del año en 2023– ni que no atesore una trayectoria discográfica extensa, con alrededor de 25 discos, bien en solitario, bien compartiendo nombre con otros músicos. Sus composiciones, su manera de tocar y la calidad de quienes la acompañan convierten sus conciertos en una experiencia formal poco común y, por tanto, inaccesible para la mayoría en estos tiempos de consumo instantáneo.

Lo que los asistentes al recital del trío en esta edición número 49 del Jazzaldia presenciaron fue algo más que una colección de temas encadenados. Fue una experiencia artística de principio a fin. Uno de esos conciertos cuyo final llega sin que uno se dé cuenta, porque la música te agarra y no te suelta hasta la última nota. Si el jazz era una actividad social y popular en su origen, ahora es, en casos como el que nos ocupa, una obra de arte que sucede en el momento y enmarcada en un lapso de tiempo determinado. La música es forma viva.

Así, el prodigioso baterista Jonathan Blake y el no menos asombroso Robert Hurst no fueron unos meros acompañantes, sino el engranaje perfecto para que todos los espacios que dejaban las composiciones y el piano de Kris Davis fueran convertidos rápidamente en pasajes emocionantes. Así que tanto las composiciones como la manera de tocar de la pianista se basaban en el conocimiento de lo que sus dos acompañantes pueden sostener y crear entre motivo y motivo de la canadiense. 

La reunión se justificaba en el último trabajo discográfico del trío, ‘Lost in Geneva’, del que dieron cuenta de un buen número de temas. Excepto ‘The Bluesy Bird in Bob’s Backyard’, composición de Hurst y Clues, del baterista Blake, ambas incluidas en el track list del álbum, el resto de temas llevaron la rúbrica de la canadiense afincada, cómo no, en la ciudad de New York, la cocina del jazz a la que apunta la brújula musical. A ‘Lost in Geneva, The Subtext, Congestion Pricing’ se le sumaron temas del disco Run the Gauntlet, publicado en 2024, como ‘Little Footsteps’ y ‘Heavy Footed’, y el tema que da nombre al citado trabajo discográfico. 

Con un estilo muy peculiar de componer y estructurar los temas, el piano dibujaba diferentes escenarios sonoros sobre los que la base rítmica, bajo y batería, exploraban posibilidades improbables de retorcer lo que en muchos casos era un compás de lo más habitual, hasta hacerlo prácticamente irreconocible. Solo tres músicos de esta categoría podrían llevar a cabo una aventura musical semejante con éxito. Y como la música es un lenguaje sin objeto físico y sin palabras, estas no sirven para describir ni con exactitud ni nada más lejos lo que allí ocurrió. No hay metáforas, imágenes que expliquen lo escuchado, pero la única aproximación razonable es que busquen el disco o algún concierto del trío y se expongan a vivirlo. Nunca será lo mismo, pero será lo más cercano. Y con el ánimo alterado por la energía experimentada, al público le quedaban dos conciertos más para terminar el día, pero eso sería un poco más tarde y en otro escenario. 

Irene Reig Quartet en Mendizorrotza

La joven saxofonista catalana acudía puntual a su cita con el público gasteiztarra para presentar su disco publicado en 2025, ‘Ànima’. Acompañada por el contrabajista Pau Sala, el pianista Xabi Torres y el baterista Andreu Pitarch, todos ellos sospechosos habituales de la escena musical barcelonesa, ofrecieron un concierto con composiciones que se caracterizaron por sus elaboradas melodías, que sonaron particularmente cálidas en los saxos alto y soprano que utilizó la jazzwoman en esta ocasión.

Con un gran control del sonido y una gran capacidad para desarrollar melodías e improvisar, comenzaron por tocar los cuatro primeros temas de forma continuada, sin interrupciones, sin presentación, ya que todos ellos no son sino partes de una suite pensada como una evolución vital de aprendizaje. Así, sonaron ‘Feliçitat Continguda’, ‘Atzucac’, ‘Centauras’ y ‘Realise’, un viaje musical que abocaría en la presentación del resto de temas que componen el disco, tocados en el mismo orden en el que aparecen. Así sonaron uno tras otro ‘Mai Vaig Pensar en Tu’, ‘La Bassa’, un tema este más calmado y reflexivo, y ‘Dins un Sommi’.    

La artista catalana ofreció un concierto que, en forma distinta a lo vivido unas horas antes, iba enlazando paisajes melódicos interpretados con el sonido dulce de los saxos de Irene. La energía contrastante de Pitarch, la solidez y austeridad generosa de Pau Sala y el piano versátil de Torres completaron el paisaje sonoro de una noche que comenzaba con un sonido más mediterráneo y amigable que lo escuchado horas antes en el Europa. Un concierto interesante, en definitiva, que además sirvió para bajar un poco las pulsaciones y como oasis tímbrico para lo que se avecinaba, el último concierto de la jornada. 

Sun Ra Arkestra 

La fama precede a lo que un día fue el proyecto del malogrado Herman Sonny Blount, más conocido en el ámbito del jazz como Sun Ra. Desde días atrás se comentaba en los círculos que rodean al festival a qué nos enfrentaríamos. Entre los que habían visto alguna actuación del grupo en directo circulaban leyendas varias: que si es una locura, que si es una genialidad, que si son terraplanistas, siderales, si habría que ponerse un embudo en la cabeza envuelto en papel albal, que a ver quién aguantaría si la mano venía complicada, cuánto público abandonaría el polideportivo antes del final… Y sí, ahí aparecieron los miembros de la orquesta de leyenda, a punto de convertirse en mito, con atuendos que simulan figuras egipcias de adoración al sol, o una especie de pato en el gorro de uno de ellos, una diadema solar en la cabeza de la cantante, y así podría seguir enumerando elementos del vestuario hasta mañana. 

Abrieron con un tema atonal, disonante, sobre una secuencia de cuatro notas, a la que se iban añadiendo melodías y contramelodías desviadas, recordando a música contemporánea o free jazz. Arrancó el concierto que aparentaba ser más inaccesible para todos que lo que luego sucedió realmente en ese escenario. Una big band de composición un tanto atípica formada por un grupo de octogenarios, vestidos con trajes extraños abarrotados de brillantes lentejuelas, con esa idea sobre los viajes siderales galácticos y místicos como leitmotiv, y la leyenda del fundador, Sun Ra, rodeada de misterio, hacían presagiar lo peor, a saber, que el público fuera abandonando el polideportivo, unos despavoridos, otros disimulando, como cualquiera que haya acudido a los suficientes festivales de jazz ha observado alguna vez con anterioridad. 

Pero a partir de ese primer tema, todo transcurrió en un desorden controlado principalmente por el tipo de temas sobre los que la Arkestra desarrolló su concepto. Composiciones de ritmo latino, calypso, soul y algún momento de swing, todo con un filtro muy de Nueva Orleans, y manteniendo de vez en cuando algún arreglo disonante, sujetaron al público, haciéndolo mover con ese ambiente más reconocible y popular de fondo. No será un concierto que pase a la historia, pero siempre será una experiencia asistir a esta reliquia viva desde los años 50 del siglo pasado. Así que la cósmica orquesta de Sun Ra fue más terrenal; lo fue menos que otras veces. No obstante, todos los estudiantes de música conocen el nombre de Sun Ra, ya que su tema 'A call for a Demonds' es el primero que aparece, por orden alfabético en el Real Book de las jam sessions desde los años de la polca. 

Resumiendo, una noche interesante, en la que la imprecisión de Sun Ra en esos arreglos a veces caóticos, a veces retorcidos, se mira con amabilidad después de haber asistido en el primer concierto del día al que será probablemente el techo artístico de esta edición del Jazzaldia y del que los aficionados hablarán de él años después. 

Este viernes se presenta en Mendizorrotza Rubén Blades, sin duda el artista más popular de esta edición, después de que el dúo formado por la cantante Magalí Sare y el contrabajista Manel Fortiá nos ofrezcan un concierto fresco, inspirado e interesante. Aunque el concierto, que promete ser interesante, volverá a ser alojado en el Europa y correrá a cargo del joven trompetista Riley Mulhekar y su sonido entre antiguo y moderno, muy de New Orleans y Delta, pero ciento y pico de años después de que se empezara a vislumbrar ese hermoso animal que todos conocemos hoy como jazz.