«Fermin Muguruza genera un sentimiento de comunidad brutal»
Ander Merino Etxebeste ya había realizado algún documental sobre músicos, pero ninguno de la magnitud de ‘Muguruza 40 FM Tour’. Durante más de un año lo filmó a lo largo y ancho del Estado y en América Latina. El filme se estrenará en Zinemaldia y desde este martes están ya disponibles las entradas.

Cuando queda menos de un mes para su estreno en Donostia, Ander Merino nos cuenta algunas de las claves del ambicioso documental ‘Muguruza 40 FM Tour’: cómo fue el proceso de creación, cuáles fueron los momentos más intensos de la gira (y también lo más difíciles) y, sobre todo, sus expectativas ante el hecho de estrenar en un lugar tan emblemático como el Velódromo de Anoeta.
¿Cómo fue el proceso de filmar esta gira? Me imagino que hubo una cantidad ingente de material grabado.
Fermin nos dio unas pautas, y a partir de ahí lo que hicimos en cada concierto fue hacer una preselección de planos para montar un vídeo al día siguiente. Fueron esos vídeos los que después usamos para montar el documental, haciendo una nueva selección de aquellos momentos que, en vivo, durante los concierto, notábamos que tenían más potencia. Ha sido un ir haciendo, no hemos partido de una idea preconcebida ni de un guion.
Según Fermin, la gira estuvo llena de momentos muy emotivos. ¿Cuál de todos los que aparecen en el documental refleja, de manera más exacta, esa conexión con el público?
Hay varios, pero yo sin duda me quedo con el concierto de Santiago de Chile. Nunca había visto esa presión de la gente. El momento en que se pusieron a corear ‘La familia Iskariote’, sobre todo eso de ‘¡Sabotaje!, ¡Rebelión!’, fue tan bestia que me recuerdo pensando ‘¿pero qué es esto?’. Ahí noté lo que consigue Fermin a través de sus canciones: genera un sentimiento de comunidad brutal. Luego hubo otros conciertos muy emotivos, sobre todo los de Euskal Herria, los de Miribilla, Anoeta o el de Iruñea, con el que concluimos la gira. Pero aquel momento que te digo de Chile lo recuerdo de una manera muy vívida.
En toda América Latina Fermin mantiene una cantidad de seguidores muy fiel y entregada, algo de lo que aquí, en el Estado, se habla poco.
No solo eso, también tiene allí gente que, de alguna manera, forma parte de su trayectoria. A mí me flipaba que a cada país que íbamos, cuando nos presentaba a alguien decía ‘mira, este es el que montó el primer concierto de Negu Gorriak aquí’ o ‘a este otro le conozco desde no sé cuando’. Eso te evidencia ese sentimiento de comunidad que te comentaba antes. Para Fermin, si estás en su equipo y en su lucha, eres uno de los suyos y él se encarga de mantener vivos esos vínculos.
También hubo momentos de tensión que me imagino que tienen su reflejo en la película.
Bueno, al final yo creo que esa tensión el que más la sufre es él. Sobre todo cuando se le censura o cuando, desde determinados sectores, se llama a boicotear sus conciertos. Yo me he dado cuenta de los efectos de todo eso desde fuera, cuando ves que en un período muy concreto de tiempo se reproduce la misma secuencia de acontecimientos una vez y otra vez y otra vez... Entonces ahí algo te chirría, pero es algo que casi forma parte de su vida y su vida, de hecho, consiste en rebelarse contra eso.
Otra cosa fue lo de México que, sinceramente, fue algo que no esperábamos. Yo a Fermin le vi irse hacia la parte de atrás del escenario y ahí me di cuenta de que pasaba algo raro, porque no es normal en él. Nos dijeron que había mogollón de militares fuera y yo pensé que no sería para tanto, pero cuando me fui para arriba y me asomé a la calle, flipé. Los militares subidos a coches, con metralletas... Aquello acojonaba. Por suerte, el público se mantuvo en su sitio y se comportó guay, porque lo que esa gente busca es que algo prenda para luego encima decir que el malo eres tú. Todo eso está en el documental.
¿Qué vínculos cree que existen entre el cine y la música para que últimamente haya tantos documentales centrado en la creación musical o en el directo de determinados artistas?
Hay muchos tipos de documentales sobre música o sobre músicos. El nuestro es un documental donde hay imágenes de muchos conciertos, pero también son muy importantes esos momentos de silencio, o cuando Fermin habla a cámara, o cuando dialoga con Oihana Barrena... No queríamos hacer ni un documental musical con estilo videoclipero, ni tampoco un documental de busto parlante. Hay un hilo narrativo que traza un poco la línea de lo que queríamos contar, pero lo que está claro es que la música ocupa un lugar fundamental. Tanto para Fermin como para mí, la música es algo que forma parte de nuestras vidas.
Pero ¿es posible que el cine llegue a captar esa magia que tiene el directo?
Es difícil, pero no imposible. Yo creo que nosotros lo hemos conseguido gracias a Fermin, que tiene mucha experiencia y sabe ubicar la cámara para lograr las mejores tomas. Él siempre me decía ‘grábame desde el pogo’ porque en el 93 grabaron desde ahí un concierto con Negu Gorriak y ves que son imágenes muy potentes que te permiten acercarte a lo que es vivir ese momento.

Antes ha comentado acerca de la participación de Oihana Barrena en la película. ¿Por qué la eligió como hilo narrativo?
Se dio de manera un poco natural. Oihana participó en el vídeo promocional del concierto de Anoeta mientras sonaba ‘Aizkora bat behar dut’ y, como ese vídeo fue uno de los primeros materiales que utilizamos, de ahí surgió la idea. Luego, durante la gira, en varios conciertos, participó cortando troncos sobre el escenario, con lo cual era alguien que estaba muy a favor de obra. Como ni a Fermin ni a mí nos gusta el busto parlante que habla y explica cosas a la cámara, pensamos que un diálogo y un encuentro entre ellos podía ser ese hilo narrativo que andábamos buscando.
Además, Oihana como persona representa muy bien todos esos valores de diversidad y multiculturalidad que Fermín siempre ha defendido, es mujer y es aizkolari, que es una disciplina que siempre ha estado dominada por hombres; es vasca pero tiene raíces caboverdianas... Es decir, representa esa reivindicación de las propias raíces pero también del mestizaje, de esa unión de distintas culturas que convergen en la misma lucha por la que siempre ha abogado Fermin.
¿Qué supone para ustedes estrenar este trabajo en un lugar como Anoeta en el contexto del Zinemaldia?
Una pasada... Es verdad que Fermin es reincidente porque él ya estrenó allí ‘Black is Beltza’, pero Anoeta tiene para él tanta carga simbólica que casi te diría que es el más ilusionado de todos con que este documental que hemos hecho tenga su primer pase allí (risas).
Y luego pues también es un poco como cerrar el círculo, ¿no? Porque Anoeta acogió también uno de los primeros conciertos de la gira, es como volver al lugar donde empezó todo. A mí, además, me hace especial ilusión mostrarlo ante 2.000 personas porque es como hacer comunidad, ¿no? Lo que sí puedo decirte es que Fermin tenía claro que el estreno tenía que ser ahí y a él cuando se le mete algo en la cabeza o ve muy clara una cosa... Muchas veces no sabes cómo pero al final termina por conseguirla (risas). A mí una de las cosas que más me ha flipado de esta experiencia con él es poder vivir de cerca su modelo de trabajo, cómo se implica, cómo gestiona las cosas...
Además, el hecho de presentarlo en Zinemaldia le da al documental una entidad cinematográfica, ¿no? Saca su trabajo de ese nicho de ‘película para fans del artista’ al que este tipo de trabajo parecen muchas veces condenados.
Totalmente. Es que uno de nuestros objetivos fue justamente ese, que este fuera un documental que el espectador pueda disfrutar aunque no te interese la figura de Fermin, aunque no te guste su música... Él siempre nos decía ‘El documental va sobre la gira ¿eh? No va sobre mi’ y eso fue un poco lo que orientó nuestra labor, aunque claro, luego es muy difícil que el foco no gire en torno a él, porque en esta gira estaba conmemorando sus 40 años de trayectoria. Pero sí que queríamos hacer un trabajo que fuera entretenido para cualquier tipo de audiencia.

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