
No hace falta entrar en las falsedades que incluye la «versión oficial». Incluso dando por buenas todas ellas, en un estado democrático es inadmisible una actuación armada como la de este lunes. Hubiera bastado con citar a los acusados a declarar a la Audiencia Nacional. La actuación policial contra las asociaciones que velan por los derechos humanos es una característica de los estados totalitarios. Acusarles de terrorismo, también.
Si ayer, en lugar de haber dieciocho personas encerradas contra su voluntad en distintos locales por agentes armados, hubiera habido una secuestrada por ETA, se habrían alterado todas las agendas institucionales y políticas. No se trata de una equiparación, solo de una constatación.
Como supongo que tampoco el PNV pretende equiparar un comunicado de ETA en el Gudari Eguna, con la conculcación directa de las libertades y derechos de los «activistas de Herrira» que se está produciendo en estos momentos. Por hiriente que para algunos pueda resultar el lenguaje de ETA, parece preferible a las largas horas en manos de la Guardia Civil. Y no se trata de poner en duda el suelo democrático sobre el que se asientan sus cuarteles, pero sí de recordar lo que les pasó, por ejemplo, a los detenidos de ‘Egunkaria’.
Detener o citar, implicarse o mirar a otro lado, denunciar las cosas abiertamente o buscar siempre un contrapeso... son cuestiones de medida, quizá detalles de apreciación, que retratan a sus protagonistas.

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