
Mas ha arrancado su exposición remarcando que comparecía en calidad de president pero sin comprometer al resto de su Govern ni a ningún partido. Se ha mostrado «muy escéptico» ante la posibilidad de que un cambio de Gobierno en el Estado español –en referencia sobre todo a una posible irrupción de Podemos– vaya a favorecer las demandas catalanas, por lo que ha abogado por «completar el proceso político iniciado hace dos años».
En ese camino, y ante la imposibilidad de acordar una consulta sobre la independencia, ha defendido el uso del único instrumento «para hacer la consulta que no nos dejan», la convocatoria de elecciones.
La propuesta de Artur Mas pasa por «una pregunta o un programa claro» por la independencia y una lista unitaria de políticos y personalidades civiles, sin siglas de partidos. El president se ha mostrado dispuesto tanto a encabezarla como a ir el último de dicha lista.
Según sus cálculos, si se impusiera el «sí» se abriría una legislatura de 18 meses en la que se negociaría la desanexión y se construirían las estructuras necesarias para formar un estado, seguido de unas elecciones constituyentes y del referéndum definitivo, que se celebraría a lo loargo de 2016.

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