
«Las encuestadoras deberían sondearse entre ellas para ver qué no ha funcionado», ironizaba el alcalde conservador de Londres, Boris Johnson. Y, de hecho, así lo harán. El fracaso en las elecciones no lo han monopolizado los partidos. Veinticuatro horas antes, la mayoría de las encuestas británicas aseguraban una carrera reñida hasta el último minuto entre conservadores y laboristas. Esas expectativas quedaron machacadas por los resultados oficiales y han llevado a las empresas encuestadoras a evaluar sus métodos tras semejante desviación.
Las primeras respuestas son variadas: desde el voto oculto hasta errores de base en el sistema de sondeos. En cualquier caso, quedan pocas dudas de que se trata de uno de los golpes más duros que han recibido estas empresas en los últimos 20 años.
La víspera de la votación, todavía YouGov, ICM y Survation pronosticaban el empate; otras tres, INS, Opinium y Comres daban a los conservadores un punto de ventaja, mientras Panelbase llegaba a darles dos. Todos los diarios llevaban a sus titulares la votación más imprecisa en cuatro décadas. Cuando comenzaron a llegar los primeros sondeos a pie de urna, el golpe fue brutal. Nadie quería creerlo, ni los vencidos, que se agarraban a los datos de la víspera, ni los vencedores, que apelaban a la prudencia.
«Me como el sombrero»
«Si esas estimaciones son exactas, estoy dispuesto a comerme mi sombrero en público», decía el exlíder liberal Paddy Ashdown, completamente atónito. «Estoy perplejo», reconocía el presidente de YouGov, Peter Kellner, al confirmarse los resultados.
«Los encuestadores siempre murmuran con horror el año 1992, y ahora pueden añadir 2015», señaló el experto en ciencias políticas Rob Ford, recordando el desastre cuando apuntaban una victoria laborista hasta que los conservadores ganaron, superando en 9 puntos las estimaciones.
Las encuestadoras anunciaron el comienzo de una investigación conjunta para determinar qué ha podido fallar. «El Consejo de Encuestas Británico, en colaboración con la Sociedad de Estudios de Mercado, iniciará una investigación independiente para buscar las posibles causas de esta aparente distorsión y emitir recomendaciones de cara a futuros comicios», señalaron.
No todas piensan igual pero defienden su trabajo en aspectos puntuales. Algunas señalan que acertaron al pronosticar el crecimiento del SNP y el colapso liberaldemócrata, y apuntan a que la fragmentación del espacio político les ha causado «más de un dolor de cabeza».
Esgrimen también la aparición de «los tories tímidos», una masa de votantes conservadores que se habían declarado indecisos hasta el momento de depositar su voto. Y aun así no parece razón suficiente dado que muchas encuestadoras habían tenido en cuenta este factor. Más errores: un posible fracaso a la hora de captar una muestra de votantes representativa, lo que sería indicio del anquilosamiento de los métodos.
No parece que exista un factor que justifique por sí solo la desviación. Y lo más sorprendente: todas las encuestadoras han alcanzado la misma conclusión a partir de procedimientos diferentes.

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