Beñat ZALDUA

Catalunya: dos meses para clarificar el escenario

Los próximos dos meses serán claves para despejar o aumentar las dudas sobre el «procés’». ANC, CDC y CUP celebran respectivas asambleas y congresos, mientras el Govern presentará unos presupuestos de difícil aprobación. De fondo, la incógnita española.

Siempre ha ocurrido así a lo largo de estos largos años de proceso. O procesión, como ya le dice más de uno. Al espectacular ciclo de movilizaciones del otoño (con la Diada como epicentro) le sigue una depresión independentista que en primavera empieza a remontarse para llegar de nuevo con las pilas cargadas al final del verano. Sin embargo, los envenenados resultados del 27S (con mayoría independentista en escaños pero no en votos), la posterior tortuosa negociación entre Junts pel Sí y la CUP (derivada en tormentosa relación), y la aparente debilidad del independentismo civil hacen que el bajón de este año se perciba más peligroso que el de cursos anteriores. Los casi dos meses que van desde el fin de semana que viene, en el que la ANC celebra su asamblea general, hasta el primer fin de semana de junio, en el que culminará la llamada refundación de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), serán claves para ver si la situación es remontable o el proceso se estanca y se convierte definitivamente en procesismo.

El principal test de estrés de las relaciones entre JxSí y la CUP llegará en los próximos días o semanas, cuando el vicepresidente y responsable de las finanzas catalanas, Oriol Junqueras, presente su proyecto de presupuestos. Aunque falta conocer los detalles, nadie espera que el líder republicano sea capaz de obrar un milagro. El estado de las finanzas públicas catalanas es el que es (el BCE decidió esta semana comprar deuda de todas las CCAA del Estado menos de Catalunya, que considera bonos basura) y el margen de maniobra resulta escaso. Junqueras asegura que no habrá nuevos recortes, en contra de lo exigido por Montoro, pero difícilmente podrá confeccionar los presupuestos que la crisis económica requiere. Lo saben en las filas de la CUP, desde donde se insisten en que no darán apoyo a unas cuentas continuistas. La batalla está servida. Aunque Junqueras insiste en abrir la negociación a fuerzas como el PSC y Catalunya Sí que Es Pot (Podemos e ICV-EUiA), estas difícilmente darán aire a un ejecutivo independentista, de modo que la pelota queda entre JxSí y la CUP. Si una simple moción sobre la Declaración del 9N ya ha dado pie a la polémica entre ambos grupos independentistas, ¿qué no esperar del debate presupuestario?

Desde las filas de CDC y ERC se viene recordando que, según ellos, el acuerdo de investidura obliga a la CUP a aprobar los presupuestos, una afirmación que la Esquerra Independentista niega, recordando que el acuerdo para investir a Puigdemont no es un cheque en blanco. Primero quieren ver las cuentas. La prórroga presupuestaria, no descartada por nadie, puede acabar siendo la única vía de consenso, aunque no aprobar los presupuestos sería una derrota para Junqueras. Un traspiés que, probablemente, dolería menos en las filas de Convergència, en pleno proceso de rearme para disputar la hegemonía en el campo soberanista.

La asamblea de la CUP

Aunque no necesariamente, el debate presupuestario podría también reabrir el debate interno en el seno de la CUP, entre los partidarios de dar el apoyo a las cuentas en nombre del proceso independentista y quienes prefieren mantener a raya los postulados anticapitalistas de la formación. En cualquier caso, está por ver cómo quedan los equilibrios internos de la CUP tras la asamblea nacional del 22 de mayo, primera después de los tensos meses de negociación postelectoral, en los que resurgieron con fuerza las dos almas del espacio político de la izquierda independentista.

De momento, la formación dio a conocer esta semana el documento de trabajo que debatirán las asambleas interterritoriales y del cual saldrá la ponencia final que tendrá que aprobarse el 22 de mayo. El documento presenta la Declaración de desconexión del 9N como «un buen programa de mínimos» y dice que los presupuestos «son una realidad que habrá que ir estudiando». Propone también aplicar «microrupturas», «especialmente en aquellos ámbitos como pueden ser articular una movilización popular explícita que dé apoyo a los ejercicios de desobediencia», algo que ya han llevado a la práctica con la convocatoria de la manifestación del 7 de mayo (está por ver el posicionamiento del resto de actores soberanistas). «Todo lo que no sea desobedecer la ley española nos debilitará y reforzará al Estado», añade el documento, que sitúa el primer año de legislatura como punto de inflexión. Una fecha (el 10 de enero de 2017) en la que la CUP exige a JxSí haber dado algún «paso claro en el camino hacia la ruptura». Ello ha vuelto a generar incomodidad en JxSí, desde donde recuerdan que la maltrecha hoja de ruta habla de 18 meses. No de 12.

Y de fondo, Madrid

Una de las paradojas de la legislatura que algunos bautizaron de «desconexión» es que se sigue mirando muy de cerca el panorama político español. No es ningún secreto decir que el impasse en Madrid condiciona los pasos del Govern. El protagonismo de la política estatal aumentará evidentemente en caso de nuevas elecciones al Congreso, una cita que volvería a pillar con el pie cambiado al independentismo, que ya vio cómo el 20 de diciembre la candidatura de En Comú Podem, ligada a Podemos y con Ada Colau como madrina, era capaz de imponerse. Eso sí, está por ver también como afectan las luchas intestinas de Podemos en Catalunya, donde tres candidaturas se disputan una dirección vacante desde hace meses.

En cualquier caso, los augurios no son buenos. La CUP no participará, mientras que una Convergència en pleno proceso de refundación volverá a activar sus resortes a favor de una candidatura unitaria (de hecho, ya lo han empezado a hacer), algo a lo que ERC se negó de plano en la última contienda. El contexto, más aún si Junqueras no consigue aprobar sus presupuestos, habrá cambiado, pero está por ver si eso llevará a los republicanos a un cambio de estrategia. La contradicción es evidente: pese a la amplia victoria del 27S, la suma de CDC y ERC no consiguió multiplicar los resultados del independentismo, pero al mismo tiempo solo una candidatura conjunta garantizaría la victoria del independentismo en unas nuevas elecciones. Y sobra decir que dos derrotas electorales consecutivas no serían el mejor mensaje de desconexión al mundo.

 

La asamblea de la ANC, en su momento más crítico

El fin de semana que viene la Assemblea Nacional Catalana celebra su asamblea general ordinaria, que este año viene marcada por la tensión en el seno de la entidad. Debilitada por el paso de varios de sus activos más preciados a Junts pel Sí y con el liderazgo de Jordi Sánchez cuestionado por sectores que denuncian su parcialidad a favor de Artur Mas (tanto en julio del año pasado, en las negociaciones para formar JxSí, como en las negociaciones post 27S entre JxSí y la CUP), está por ver si la principal entidad independentista del país consigue salir airosa y entera de la cita. Y más en un contexto en el que, en contra de lo previsto hace seis meses, todo indica que será necesaria una nueva demostración de fuerza el 11 de setiembre.B.Z.

 

CDC busca recuperar el espacio perdido, quizá con nuevas siglas

«La única fórmula con la que Catalunya puede aspirar a un reconocimiento pleno es un Estado propio, no nos moveremos de ahí». De esta forma, Francesc Sánchez, uno de los pilotos de la refundación de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), rechaza de forma tajante a GARA que el proceso congresual puesto en marcha por el partido nacionalista vaya a poner en duda el paso hacia la independencia emprendido por el partido en 2012. La incógnita se abrió sobre todo después de que el expresident Artur Mas, dedicado en cuerpo y alma a dicha refundación después de renunciar in extremis a la candidatura a president, señalase que «Convergència debe refundarse como partido soberanista más que como independentista». Sánchez explica que de esta manera CDC tratará de seguir «atrayendo» a aquellos sectores que todavía no han dado el paso hacia el independentismo y que son imprescindibles para aspirar a alcanzar más del 50% a favor del Estado propio.

Pero pese a las explicaciones, hay quien ha encendido ya las alarmas. De hecho, ver el espacio político que opta por tratar de ocupar es el elemento más interesante del proceso de refundación de Convergència que, en principio, culminará en el mes de junio, a no ser que las bases opten finalmente por fundar otro partido desde cero, caso en el cual el proceso se alargaría. Aunque se jugó con la idea, la primera ronda de tanteo con las bases mostró que la militancia se aferra todavía a las tradicionales siglas.

El objetivo es frenar la sangría de votos perdidos elección tras elección y recuperar una centralidad política que CDC trató de mantener virando hacia el independentismo, espacio en el que, sin embargo, ERC le sigue ganando terreno (aunque de forma menos evidente que hace unos meses). Un objetivo que requiere un lavado de cara a unas siglas desgastadas por la corrupción, a las que todavía quedan tragos amargos como el juicio del «caso Palau», en el que están acusados de financiación ilegal.B.Z.