Pérez, quien sigue desde Bilbo las labores de rescate, confía en la experiencia de ambos alpinistas y subraya el abanico de posibilidades ocurridas en torno al Racetracker (dispositivo de geolocalización) que portaba Zerain.
«En montaña pueden pasar muchas cosas», ha indicado, y ha considerado «muy complicada» la posibilidad de ser sorprendido por un alud cuando se está en una arista por que «estás en el filo, en lo más alto».
El dispositivo GPS de Zerain emitió sus últimas señales desde la arista Mazeno del Nanga Parbat. Lo hizo la primera vez a 6.270 metros, para una hora más tarde, hacerlo a 6.112 metros.
Desde esta posición, y durante unas horas, el localizador emitió señal sin moverse, hasta que se apagó, lo que «podría haber ocurrido si se hubiera caído el Racetracker, por ejemplo».
«Que el Racetracker haya descendido esa cantidad de metros no seria raro si estuviesen descendiendo», ha explicado. «Lo que es un poco más extraño es que no estén descendiendo hacia donde deberían, pues han bajado hacia una ladera en vez de seguir el recorrido de la arista».
«Alberto lleva escalando ocho miles desde principios de los años noventa y es una persona de reconocida prudencia, demostrada además en varias ocasiones», mientras que Galván, por su parte, «lleva una carrera meteórica y tiene muchísima experiencia».

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