
El documento adjunto, facilitado a NAIZ por Euskal Memoria, es dramático en su contenido e histórico en su trascendencia. Lo firmaban Iñaki Agirre, preso de ETA p-m., Xole Lois Fernández González, de los GRAPO, y Lois Alonso Riveiro, del PCE-r. Los tres convalecían en el Hospital Penitenciario de Carabanchel, a cuya celda número 23 fue llevado en estado lamentable Joxe Arregi. En la misiva cuentan que el vecino de Zizurkil ya se sentía morir: «Nik uste diat hiltzekotan nagoela». Desgraciadamente no se equivocaría; Arregi dejaría de respirar el 13 de febrero de 1981.
De la carta, cuyo original difunde NAIZ y que es perfectamente legible, ha quedado para la memoria colectiva vasca una frase, la que recogió ‘‘Egin’’ en su portada tras la muerte de Arregi: «Oso latza izan da». Pero son varios pasajes los que ilustran el drama del momento: su imparable deterioro físico, las marcas en todo el cuerpo, la sensación de sed, los ataques epilépticos que había padecido en manos policiales, la angustia del practicante que no encontraba dónde inyectarle el antibiótico...
La impunidad se impuso una vez más. Hasta 73 policías habían estado con Arregi, un joven robusto de 30 años, en los calabozos de la Dirección General de Seguridad de Madrid. Solo cinco fueron detenidos y apenas dos resultaron condenados, a penas de cuatro meses y después de una absolución inicial.

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