
Mentir compulsivamente, complacer a los supremacistas, negar el cambio climático, prohibir la entrada de musulmanes al país por el hecho de serlo, patologizar a los inmigrantes… todo eso no le quita votos al partido de Trump. En esos terrenos, los republicanos andan airosos, el culto al presidente no se resquebraja, no se dispara la rebelión interna.
Pero la guerra comercial es otra cosa. Pone en riesgo la supervivencia electoral de muchos congresistas republicanos en estados clave, que van a decidir la reelección o no de Trump. Puede ser, y de hecho está siendo, el gatillo que dispara el descontento, puede convertirse en una guerra en la que todos, incluidos la base popular que votó a Trump, son víctimas.
Aunque ahora estén «indefinidamente suspendidas», la subida de aranceles a las importaciones de México golpearía duramente a los granjeros y pequeños negocios de Texas o a la industria del automóvil de Michigan, dependiente de la cadena de suministros desde México.
Al encarecer los productos de los granjeros que dependen de las importaciones y las exportaciones, la guerra comercial contra China le ha hecho perder capital político en el Medio Oeste, donde se juega la reelección en 2020.
Según las encuestas, en Michigan va 12 puntos por detrás, en Iowa ya ha bajado 21 puntos de aprobación, en Winconsin 19 y en Ohio 18.

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