
La madrugada de este domingo, en el polígono tecnológico en que se ubica GARA en Donostia se han producido robos. ¿Casualidad? Quizás. Pero también puede ser que el mensaje reiterado de la Ertzaintza de que toda su plantilla disponible estaba este fin de semana al servicio de un G7 en Biarritz haya supuesto un efecto llamada para este tipo de delitos.
La consejera de Seguridad de Lakua, Estefanía Beltrán de Heredia, ha destacado esta mañana la «normalidad» con que está transcurriendo la cumbre en Gipuzkoa. Es una manera curiosa de definirlas cosas, con 4.000 agentes desplegados, controles arbitrarios, expulsiones alegales en la frontera y tremendas restricciones al tráfico. Claro que Beltrán de Heredia siempre podrá alegar que a ErNE 4.000 le parecían pocos; ahí está el nivel.
Hablando de tráfico, también aquí el Gobierno de Lakua se ha pasado muy, muy de largo. La federación estatal de transportistas le hizo ver el viernes que el cierre interrrumpido para camiones durante toda la cumbre era un despropósito porque superaba incluso el horario de bloqueo establecido en Lapurdi. Y tanta razón tenían que la Dirección de Tráfico autonómica ha acabado abriendo esta noche una «ventana» que en realidad es mucho más, porque se ha estirado de las 22.00 hasta las 11.00.
Queda saber lo más importante, quizás nos lo cuenten ahora que se acaba la cumbre y se restablece, ahora sí, «la normalidad» ciudadana y no la policial: ¿Por qué todo esto? ¿Para qué? Y sobre todo ya llegados a este punto, ¿cuánto nos va a costar?

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