
En un momento determinado de este excelente documental, una de sus protagonsitas –Dirty Martini– revela que el burlesque es como el punk, parece fácil tocarlo pero en realidad no lo es y lo expuesto por Iban Del Campo así lo atestigua. A lo dicho por Dirty Martini habría que añadir que, para ser una excelente artista del burlesque y de la música punk, habría que sumarle talento y pasión por lo que se hace, como en cualquier disciplina creativa.
En este acercamiento a la trastienda del burlesque neoyorquino topamos con dos guías de excepción, la ya citada Dirty Martini y Tigger!, dos veteranos de la escena urderground que reivindican en cada una de sus actuaciones un modelo insurgente de creación enraizado en la propia naturaleza de algo que nació para burlarse de los esterotipos y de la falsa moral.
La cámara, a través de un montaje dinámico, nos acerca a la rutina cotidiana de sus protagonistas y se cuela en la tramoya de un espacio artístico siempre relacionado con el lúmpen pero que, gracias a ‘Glittering Misfits’, somos testigos de una opción artística cargada de matices que van más allá de la superficialidad del vodevil entendido como mero escaparate de chistes de calibre grueso y strippers y en el que se revela el respeto que estos artistas sienten hacia una profesión a través de la cual revelan su rabia y creatividad mediante perfomances y maquillaje llamativo y que sirve de acogida a aspirantes a bailarinas, actores y actrices porque, tal y como dice Dirty Martini, «todo el mundo llega al burlesque después de una frustración».

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