
El paisaje físico y humano devastado de Siria vuelve a adquirir protagonismo tras el sobresaliente documental de Waad al-Kateab y Edward Watts, ‘Para Sama’. En esta oportunidad ha sido la realizadora Kaouther Ben Hania la que, a través de su cámara, nos descubre en 'El hombre que vendió su piel' un episodio que nace de una Siria desgarrada y en la que un joven está dispuesto a todo por llegar a Europa para reunirse con una mujer y lograr su ansiada libertad.
Se trata de la primera película tunecina de la historia en ser nominada a los Óscar y, en su declaración de intenciones, concreta su base en la búsqueda de la justicia y el equilibrio de poder.
Un aspecto que se traduce en la odisea del protagonista cuando en su camino se cruza un cínico artista que le propondrá un pacto con el diablo: tatuarse un visado Schengen en su cuerpo a cambio de convertirse en una obra vendida al mejor postor.
En relación a este punto de inflexión en el viaje de su protagonista, la cineasta señala que «vivimos un periodo terrible en el que la circulación de mercancías es más libre que la de los humanos. Es como si el artista, reafirmado en su rol de salvador y carcelero (interpretado por el belga Koen De Bouw), le dijera a su ‘obra’: ‘Te transformo en una mercancía, te ofrezco la oportunidad de materializarte en ser humano’».
Piel humana al mejor postor
Aunque resulte cuanto menos surrealista, la idea de la ‘obra humana’ que otorga sentido a la película se basa en un episodio real. En concreto, está inspirada en la obra ‘Hombre tatuado’, en el que el conceptual belga Wim Delvoye realizó un tatuaje a un joven suizo que fue vendido en 2008 por 150.000 euros a cambio de ser expuesto varias semanas al año en los museos más importantes del mundo, y de recuperar su piel tras su muerte.
Aunque la cineasta insistió en que su objetivo no es sensibilizar, «hay temas que me obsesionan. La justicia es la obsesión del ser humano porque vivimos en un mundo injusto. Siempre ha sido así y así lo será. Además del equilibrio de poderes, está la relación entre dominadores y dominados».
Al igual que en sus tres largometrajes anteriores, su protagonista, encarnado por el actor sirio Yahya Mahayni –premio a la mejor interpretación masculina en la pasada Bienal de Venecia– lleva al espectador al límite y tira abajo ese espejismo del ‘sueño europeo’ hasta colocarle en una encrucijada.
Después de ser preseleccionada en 2019 con su cinta ‘La bella y la manada’, que relata un caso real de una joven violada por varios policías y su lucha por obtener justicia, la directora ha dado un paso más con esta nominación que, según dice, «espero que me ayude a seguir haciendo películas de manera más fácil».
‘El hombre que vendió su piel’ se revela como una fábula moderna teñida de humor negro y sarcasmo y que, en palabras de Kaouther Ben Hania, «me he alejado todo lo posible del discurso victimista, en el que el héroe se rebela contra el sistema del que soñaba formar parte para declararle la guerra. En realidad, él siempre fue libre».
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