Koldo Landaluze
Especialista en cine y series de televisión

«Karen», la trastienda colonial de las memorias africanas de Isak Dinesen

María Pérez ha filmado ‘Karen’, un ejercicio que aporta una nueva visión de Karen Blixen –conocida más tarde como Isak Dinesen–. Christina Rosenvinge encarna a la protagonista en este filme centrado en la peculiar amistad que mantuvo la autora de ‘Memorias de África’ con su criado somalí Farah Aden.

En apenas una hora de duración, ‘Karen’ se recrea en los paisajes, en los rituales cotidianos y solitarios de Karen Blixen y en sus conversaciones con Farah, su único aliado ante la ruina que se le viene encima. La plantación de café nunca fue rentable pero cada vez se hace más insostenible.

La escritora, que no consiguió empezar a publicar hasta tres años después de regresar a Dinamarca con el seudónimo de Isak Dinesen, en 1934, dependía totalmente de la ayuda de su familia para tratar de mantener su negocio.

La sabana africana es recreada por María Pérez en su Extremadura natal. Hace años había rodado en esas mismas tierras, al borde de un pantano en una finca, un cortometraje que narraba el encuentro entre un explorador británico y una masai.

La directora recordó que el inicio de esta aventura fílmica nació en aquel instante «tenía la fantasía de rodar una historia de colonos en África en ese paisaje. Fue mi padre quien me dijo que tenía que leer ‘Memorias de África’, yo solo conocía la película de Pollack». En los libros sobre Blixen dio con esta idea de «adaptación libre y loca de ‘Memorias de África’. Me sentía identificada con ese periodo de su vida, cuando ella no sabe aún que va a ser una escritora, está arruinándose a punto de perderlo todo y no sabe lo que va a venir después».

Le interesaba, aseguró, deconstruir el mito porque «nuestra vida son desvaríos, decisiones malas y buenas, conversaciones intrascendentes y de todo eso alguien construye un mito». La elección de Christina Rosenvinge, de origen danés como Blixen, como protagonista la tuvo clara desde el principio, aunque en un primer momento solo le propuso hacer la música de la película –hay dos canciones originales compuestas por ella–.

En relación a ello, la cineasta extremeña reveló que «admiro su música desde niña, nos conocimos y le eché cara, después de un concierto me colé en una fiesta en su casa y le pedí que hiciera la música de la película, yo secretamente quería que fuese Karen y cuando me gané su confianza se lo planteé y aceptó».

Por su parte, la cantante consideró que, sin abordarla directamente, planea sobre el filme la cuestión del colonialismo y sus consecuencias.

«‘Memorias de África’ idealiza una situación opresiva, los blancos se apropiaron de las tierras y las explotaron y cuando dejaron esos países habían trastocado todas sus estructuras y dejaron arrasado, roto el equilibrio autóctono», apuntó Rosenvinge.

La cantautora y actriz profundizó en el pasado controvertido de la escritora por su actitud colonial en el continente africano y añadió «para mí, ella era más clasista que racista. Por poner un ejemplo, construyó escuelas para sus trabajadores y daba una enorme importancia a que tuvieran una forma de vida digna. Además, una vez que abandonó Africa, se ocupó de que tuvieran tierras donde vivir y se pusieran a sus nombres».

Memorias coloniales de África

«Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías».

De esta manera comienza una de las narraciones más conocidas de la escritora danesa Isak Dinesen, ‘Lejos de Africa’ o  ‘Memorias de Africa’.

Mientras sentimos la calidez de la sabana africana e intuimos la luz que perfila esos paisajes añorados de Kenia, asoma en sus páginas una letanía heredada de los cuentos tradicionales nórdicos, aquellos que se inician con el consabido ‘Érase una vez’ y culminan de la manera más imprevista.

Érase una vez en Rungsetlund, una fastuosa finca ubicada al norte de Copenhague. En ella nació, en el seno de una familia acomodada, una niña llamada Karen Christenze Dinesen que despertó a la vida una mañana de abril de 1885.

Su padre no portaba corona real, fue militar y político pero, al igual que los reyes, sentía una gran pasión por la caza –plasmada en varios libros– y por encontrar el placer sexual en camas ajenas o graneros solitarios. Fruto de esta última afición contrajo una sífilis que solucionó drásticamente quitándose la vida.

En 1903, Karen subvirtió las normas de los cuentos y se enfrentó a su familia cuando anunció su intención de estudiar arte en la Academia Real de Copenhague y publicó sus primeros cuentos.

Nueve años más tarde, nuestra protagonista se casó con su primo, el barón Bror Blixen-Finecke –hermano gemelo de aquel del que se enamoró durante su adolescencia–, y junto a él inició su primera y gran aventura, aquella que la marcaría definitivamente en cuanto se trasladó a Kenia con intención de instalar una plantación de café.

La boda se celebró en Mombasa, pero Karen no tardó en darse cuenta que el barón Blixen también pertenecía a esa clase de hombres que buscaba placer en camas o plantaciones ajenas.

Fruto de esta afición, Karen Blixen contrajo la misma enfermedad que padeció su padre y en 1921, decidió separarse de este barón rampante.

Antes de abandonar este capítulo, no podemos olvidar que la baronesa Blixen, quizás aburrida de las constante fugas de su marido o bien seducida por el exótico encanto africano –los atardeceres de Kenia siempre provocan todo tipo de calores–, mantuvo una relación con el aguerrido cazador y hacendado británico Denys Finch-Hatton.

El final de esta aventura sentimental fue determinado por un fatídico accidente de avioneta y el romance africano comenzó a debilitarse en cuanto un incendio y una serie de pésimas cosechas marcaron el declive definitivo de ‘Leona’ –así denominaban a la granja africana los nativos kikuyus– lo que provocó que la baronesa Karen Blixen se viera en la obligación de malvender su adorada finca y regresar a Europa.

De Karen a Isak

A comienzos de los años 30 topamos con ella en Dinamarca, en su hacienda familiar de Rungsetlund, donde invirtió dos años de su vida en la escritura de un libro –‘Siete cuentos góticos’–.

Las editoriales rechazaron este manuscrito y la baronesa, siguiendo la fórmula que adoptaron con anterioridad George Sand o George Eliot, adoptó un seudónimo masculino, Isak Dinesen, y logró que el libro, escrito en inglés, fuera publicado en Estados Unidos.

El éxito fue tan fulgurante como inesperado y el nombre real que ocultaba su seudónimo no fue revelado hasta que transcurrieron tres años, cuando publicó 'Lejos de África', el relato de sus experiencias keniatas.

A partir de entonces, nuestra protagonista se transformó en una especie de leyenda viviente, rodeada de un misterio que ella misma se encargó de cultivar de manera minuciosa.

Gracias a la completa biografía que sobre ella publicó Judith Thurman, se supo de los capítulos que hemos narrado en este cuento nórdico y la célebre película de Sydney Pollack, ‘Memorias de Africa’, propició el redescubrimiento de Dinesen, pero tal y como suele ocurrir en muchas ocasiones, la novela en la que se basó el filme, terminó por eclipsar el resto de su obra.

Por fortuna, la edición de ‘Cuentos reunidos’ permitió recuperar la parte más importante de su literatura y nos descubrió su enraizamiento en la tradición del romanticismo clásico.