
Para algunas personas será una excelente noticia, para otras, quizá no tanto, pero todo apunta a que la franquicia ‘Scream’ iniciada en 1996 está lejos de agotarse. El icónico asesino enmascarado Ghostface vuelve a sembrar el terror y a ampliar su lista de víctimas, pero esta vez lo hace acompañado por el regreso de Sidney Prescott –interpretada nuevamente por Neve Campbell– y de la incombustible Gale Weathers, encarnada por Courteney Cox. Su presencia refuerza el vínculo directo con el legado original de ‘Scream’ y con el universo concebido por Wes Craven. Tras diversos contratiempos creativos, la séptima entrega logra finalmente tomar forma con una historia que conecta de manera explícita con los orígenes de la pesadilla.
La película recupera a los personajes que definieron el slasher de los noventa para subrayar que la violencia nunca desapareció del todo, sino que permanecía agazapada, esperando el momento oportuno para resurgir. La trama vuelve a situar en el centro a Sidney Prescott, quien, después de sobrevivir a múltiples traumas, ha conseguido construir una vida aparentemente tranquila en la localidad de Pine Grove. Sin embargo, esa estabilidad se resquebraja cuando su hija Tatum se convierte en el nuevo objetivo de Ghostface.
Forzada a enfrentarse una vez más a sus miedos más profundos, Sidney deberá confrontar los fantasmas de su pasado para proteger a su familia. Más que una nueva carrera por la supervivencia, el relato propone un enfrentamiento definitivo con el ciclo de horror que la ha marcado durante décadas, en un intento por cerrar –de una vez por todas– la herida abierta por una de las máscaras más icónicas y temidas del cine contemporáneo.

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