Los doce apóstoles de Trump en Latinoamérica para opacar a China
Donald Trump posa sentado en una especie de trono mientras los mandatarios de 12 países de América Latina y el Caribe le rinden pleitesía. Mientras bombardean Irán, se rodea de sus acólitos de ultraderecha en el continente americano con la excusa de luchar contra el narcotráfico.

Donald Trump ha ampliado su influencia en América Latina, donde los Gobiernos de izquierda comienzan a ser minoría. Para demostrarlo, citó en su club privado de golf de Miami a doce líderes afines del continente para crear el Escudo de las Américas. Entre ellos, los presidentes de Argentina, Ecuador y El Salvador, Javier Milei, Daniel Noboa y Nayib Bukele, respectivamente, así como el mandatario electo de Chile, José Antonio Kast, que tomó ayer posesión.
Quienes no concuerdan con su ideología ultraliberal fueron marginados de la reunión, siendo los grandes ausentes la presidenta de México, Claudia Sheinbaum y sus homólogos de Colombia y Brasil, Gustavo Petro y Lula da Silva, respectivamente, quienes no fueron invitados a esta cita en la que también se buscaba poner freno a la migración irregular hacia EEUU e impulsar estrategias que pongan fin a la «injerencia extranjera» en América. La foto simbólica de Trump con todos sus fanáticos latinoamericanos detrás buscaba lanzar también un mensaje a su gran competidor económico, China, con quien la mayoría de países de este hemisferio mantiene relaciones diplomáticas y económicas.
Los lemas compartidos por todos fueron “libertad, seguridad y prosperidad”, convertido en el mantra de la ultraderecha y que le ha comportado un masivo apoyo ciudadano en las últimas elecciones celebradas en la región, entre ellas, Chile y Honduras. En un escenario en el que EEUU secuestró el 3 de enero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y ahoga económicamente a Cuba con un embargo petrolero, Trump se quiso rodear de quienes apoyan estas políticas represivas convirtiéndose en sus socios en Latinoamérica.
La excusa fue la creación de una Coalición Anticárteles de las Américas en la que participarán 13 países para, supuestamente, combatir el narcotráfico con «fuerza militar letal». Trump quiso escenificar que cuenta con la fidelidad de esas naciones para realizar operaciones militares dirigidas contra quienes dice que trafican con droga que acaba en las calles de EEUU. El encuentro se produjo pocos días después de la muerte en México del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, el Mencho, a manos de las fuerzas armadas mexicanas que contaron con el apoyo operativo de EEUU. Precisamente, Trump aprovechó la cumbre con sus aliados ideológicos para señalar a México como «el epicentro de la violencia de los cárteles». Sheinbaum ya ha pedido a la población mantener «la cabeza fría» y se ha negado a que el Ejército de EEUU incursione en México para luchar contra el narcotráfico, convirtiéndose así en uno de los principales contrapesos de Trump en la región.
La nueva doctrina Monroe
El secretario de Estado, Marco Rubio, dejó bien claro que quienes asistieron a la cumbre son «amigos» de EEUU, mientras que Trump arremetió contra la segunda lengua más hablada en su país al asegurar que no iba a aprender el «maldito» español, provocando las risas de sus convidados de piedra. Dejó claro así que no quiere aliados en el continente americano, sino súbditos, ya que, en caso contrario, se enfrentan a la amenaza militar, como sucedió en Venezuela, o al bloqueo, como en Cuba.
Los 12 líderes latinoamericanos y del Caribe que asistieron a la cumbre aceptan sin rechistar las condiciones impuestas por Trump para aumentar su influencia en la región, aunque eso pueda suponer perder la hegemonía del canal de Panamá en el caso de este país, cuyo presidente, Raúl Mulino, también estuvo en Miami. El presidente estadounidense bromeó con esta cuestión al saludar a Mulino al asegurar que «amaba» el canal de Panamá, después de que amenazara al inicio desu mandato con retomar el control de esta infraestructura al considerar que está controlada por China.
Uno de los objetivos implícitos de esta cumbre es opacar el poder que aún mantiene China en la región, donde países como Argentina, Brasil, Panamá y Chile, entre otros, mantienen buenas relaciones económicas con el gigante asiático. «EEUU y sus aliados deben mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas provenientes de fuera del hemisferio occidental», recalca la declaración firmada por Trump con 12 países. Toda una jugada maestra en su estrategia neoimperialista que ha denominado Doctrina Donroe y que sigue la estela de James Monroe hace dos siglos y su lema “América, para los americanos” o, lo que es lo mismo, Latinoamérica para EEUU.

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