
El Mossad y la inteligencia israelí se han erigido en las últimas horas como protagonistas indiscutibles de la guerra en Irán. La muerte de Ali Larijani, persona de confianza del difunto Ali Jamenei y de su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, en un atentado perpetrado el lunes por la noche, supuso la eliminación de la figura de mayor rango del liderazgo de Teherán desde que empezara la guerra y el líder supremo cayera. Hoy, y aunque solo confirmado por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, una nueva muerte parece mermar la cúpula del liderazgo iraní: el ministro de Inteligencia de Irán, Esmail Khatib, parece haber sido abatido en un ataque israelí perpetrado durante la noche del martes.
Por si fuera poco, medios de comunicación estatales iraníes también confirmaron el martes que el general de brigada Gholamreza Soleimani, jefe de las fuerzas Basij de Irán —un grupo paramilitar perteneciente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)—, también había fallecido en un ataque del «enemigo sionista‑estadounidense».
Los tres episodios, unidos al desmembramiento que Israel condujo sobre la cúpula de Hezbollah en septiembre de 2024, no hacen más que evidenciar el nivel de infiltración y la superioridad en inteligencia que servicios como la CIA o el Mossad detentan. Reflejo de ello es el anuncio iraní de la ejecución de un hombre acusado de espiar para el Mossad. Aun así, la guerra trasciende a los líderes y agencias de inteligencia que la conducen. Ha sido el propio ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, el que ha declarado en una entrevista con Al Jazeera, emitida después de que Teherán confirmara el asesinato de Larijani, que «EEUU e Israel aún no se han dado cuenta de que el Gobierno de Irán no depende de una sola persona».
Tratando de mostrar una imagen de unidad y solidez, Araghchi no ha dudado en lamentar la muerte de su compatriota, pero ha subrayado que «la presencia o ausencia de una sola persona no afecta a esta estructura». Aunque con una clara intencionalidad de mostrar la fortaleza del régimen, no deja de ser verídica la capacidad del régimen para no solo continuar con la guerra, sino incluso dar la impresión de que la puede hasta controlar para su beneficio en ciertos momentos.
Derivados regionales
Más allá de declaraciones formales, el régimen de los ayatolás no dudó en responder con fuerza por la muerte de Larijani, jurando una vez más venganza contra los países atacantes. Irán lanzó nuevos ataques contra el centro de Israel después de una andanada anterior que causó dos muertos y graves daños en un edificio residencial en Ramat Gan, cerca de Tel Aviv. En el Golfo también ha intensificado el lanzamiento de misiles y drones, con ataques reportados en Arabia Saudita, Kuwait y Jordania.
En el frente libanés los ataques no cesan por parte de Israel. Al menos diez personas murieron y otras 27 resultaron heridas este miércoles en dos bombardeos israelíes contra edificios en Beirut. Con ello, Israel ya ha lanzado un total de siete ataques dentro de los límites de Beirut desde el inicio de la intensa ofensiva aérea contra el Líbano que comenzó el pasado 2 de marzo, elevando así el número de muertos a 912, entre ellos 111 niños, y a 2.221 los heridos en todo el país, donde más de un millón de personas han tenido que abandonar sus hogares.
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue parcialmente cerrado. Solo barcos iraníes u de otras nacionalidades —china o india, por ejemplo— tienen permitido el paso. En un intento de debilitar la capacidad iraní para controlar el tránsito, EEUU realizó este martes un ataque contra varias instalaciones de misiles iraníes ubicadas de forma estratégica cerca del estrecho. Tras el rechazo unánime de los «aliados» de EEUU a su propuesta de enviar buques al estrecho con el fin de abrir el paso y acompañar a las naves petroleras, Donald Trump afirmó que su país no necesitaba ayuda para la tarea. Por ahora, el estrecho sigue cerrado y el mercado energético global no deja de recordárselo al resto del mundo.
¿Hay un plan?
Las recientes muertes de tres de los máximos líderes iraníes ponen sobre la mesa una intención clara por parte de EEUU e Israel: el régimen se debilita desde arriba. La agresión comenzó con la muerte del líder supremo iraní Ali Jamenei, y parece que ahora Israel ha decidido proseguir el camino que dio comienzo a todo. Aun así, y aunque estos 19 días de guerra hayan sembrado más dudas que certidumbres, si algo han dejado claro es que Israel y EEUU iniciaron el conflicto desde premisas un tanto diferentes que poco a poco se dejan ver. Mientras que Trump declara la inminencia del final del conflicto, Benjamin Netanyahu no duda en anunciar que «la guerra durará lo que sea necesario».
Tel Aviv ansía el Gran Israel, pero Washington mira de reojo al Pacífico, deseando que sus desmanes en Oriente Próximo debiliten al gigante asiático. Trump ha anunciado y pospuesto en cuestión de horas una reunión con Xi Jinping por los pormenores en Irán. Lo que ya muchos, incluso miembros de la máquina de guerra estadounidense, consideran un potencial Vietnam tiene esta vez un compañero de viaje del que es difícil desmarcarse, sobre todo si se quiere tener financiación para las siguientes elecciones. Benjamin dirige y Trump improvisa.

Mende erdi berantago, Peiok eta Pantxoak ikurrinaren haizea zabaldu dute Santutxura

Investigan un posible suministro de drogas a 10 menores en un viaje de estudios de una ikastola

«Tras 50 años, en Montejurra sigue vigente la impunidad»

Líder del PRI pide a EEUU declarar «terrorista» a Morena evocando la ilegalización de Batasuna




